21 de diciembre 2006 - 00:00

Soldados ahora poco calificados

Fort Benning - Han tenido que volver a bajar el listón:aceptaron a un joven que ni siquiera tiene el bachillerato, algo impensable, dicen, hace unos años. Y es que el ejército funciona como una empresa, con las leyes del mercado, por oferta y demanda. Y ahora, las acciones están devaluadas.

Porque el aumento del número de soldados que muere en Irak ha complicado la labor de reclutamiento en Fort Benning, Atlanta. «Desde que la gente está en contra de la guerra, el reclutamiento se ha convertido en una tarea muy difícil, muy dura», admite el comandante general Michael Lenington.

El teniente coronel Ernest Coleman asegura que, con todo, «las encuestas dicen que los americanos están en contra de la guerra, pero nunca en contra de un soldado estadounidense».

  • Bachilleres

  • «Intentamos mantener el estándar de soldados que como mínimo tengan el bachillerato, pero a veces es difícil», reconoce Coleman, quien señala que llegaron a aceptar un candidato desprovisto del mencionado título de estudio.

    Son ya numerosos los generales retirados que han puesto en entredicho la gestión del conflicto. En Fort Benning también admiten los errores. «Se podía haber hecho de otra forma», asevera Lenington. «Teníamos que haber implicado al ejército iraquí desde el primer momento», añade este comandante general, un hombre canoso que se encuentra en plena promoción profesional y sabe de lo que habla. Ha estado en Irak dos veces y asegura que su trabajo le apasiona. Para muestra cuenta que su hijo es también militar, algo de lo que afirma sentirse «muy orgulloso». Además, el joven Lenington pasó las pruebas de « ranger», una de las especialidades de Fort Benning.

    Los «rangers» son un cuerpo de élite para el que los elegidos deben entrenarse intensamente. «Tenemos la formación más dura del ejército», indica el comandante general. «Son 58 días en los que se reta tanto el físico como la mente», agrega.

  • Bajo la lluvia

    Es martes y llueve a mares en Atlanta, lo que no impedirá que el entrenamiento siga su curso. Trepar interminables cuerdas, correr dos millas en 14 minutos, arrastrarse por el barro, llenarse el estómago con algo parecido a comida y hacerlo todo al ritmo de esas repetitivas canciones que pueblan las películas militares de Hollywood.

    En la cafetería, donde la humedad se mezcla de forma ponzoñosa con el humo de los fogones, los soldados aspirantes a «ranger» aguardan en estricta cola que les llenen sus bandejas de plástico del menú que toca hoy: bife de cerdo y puré de papas, lo que los chicos engullen con ceremoniosa disciplina. Pero, como Lenington apunta, no todos son jóvenes en esta suerte de prisión voluntaria cuyas instalaciones hacen cuatro veces las del Pentágono.

    Hay adultos que se alistan con sus hijos, extranjeros que solicitan formar parte del cuerpo, gente que decide abandonar sus empleos para servir a su país.

    Es así como lo hizo el joven Stein, quien con 27 años es ya oficial. Estudiaba Leyes en su Atlanta natal cuando dos aviones se estrellaron contra las Torres Gemelas del World Trade Center de Nueva York aquel fatídico 11 de setiembre de 2001. «En ese preciso momento supe que lo más imperante es mi país, así que decidí abandonar la carrera de abogacía y me aliste en el ejército», comenta.

  • Meta

    Su cara pecosa se torna severa cuando se le pregunta por la guerra de Irak. Y es que considera que «es la meta de cualquier buen soldado». Por eso se apuntó a los «rangers», para convertirse en el mejor, aunque su rodilla cedió y no aguantó la presión de 48 semanas de entrenamiento.

    Claro que Stein lo volverá a intentar, porque, como señala el teniente Coleman con cierto orgullo, «nuestra prioridad número uno es apoyar la guerra global contra el terror».
  • Dejá tu comentario

    Te puede interesar