Washington (EFE, LF) - El presidente de EE.UU, George W. Bush, se encontró ayer con la resistencia de los sectores más conservadores de su partido a aceptar a su candidata para la Corte Suprema, Harriet Miers, a la que ven demasiado «moderada».
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Los conservadores miran con desconfianza a una mujer que pasó la mayor parte de su vida alejada de la política y de la que no sólo no les consta que tenga ideas conservadoras sino que donó dinero a la causa demócrata durante el mandato de Ronald Reagan. Una verdadera herejía.
Miers acudió ayer al Capitolio por tercera jornada consecutiva para reunirse con los senadores que deberán decidir si confirman su nombramiento.
El senador John Cornyn, del Comité Judicial del Senado, se expresó a su favor y declaró que «no necesito reservarme mi opinión porque sé que es la persona adecuada para el cargo». Pero también reconoció que puede ser difícil de aceptar entre los sectores republicanos que esperaban el nombramiento de un juez de carrera con un sólido historial conservador, equiparable a los de los jueces de la Corte Clarence Thomas o Antonin Scalia.
Senadores como Sam Brownback, también miembro republicano del Comité Judicial, expresó sus reticencias hacia Miers y su temor de que la candidata resulte ser «del tipo Souter», en alusión a David Souter, un juez nombrado por George Bush padre y que resultó ser liberal en sus decisiones. El portavoz de la Casa Blanca, Scott McClellan, salió ayer a defender el nombramiento de Miers y recordó que se produjo hace sólo dos días. Según McClellan, la candidatura irá ganando apoyos a medida que los senadores examinen «su historial de logros». Sin embargo, se mostró contrario a hacer públicos documentos confidenciales que puedan revelar más sobre las opiniones de Miers. Una revuelta de senadores conservadores en torno al nombramiento de Miers sería un desastre para Bush, acostumbrado a contar con el pleno respaldo de todas las facciones republicanas frente a la minoría demócrata cuando se trata de nombramientos judiciales.
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