Johannesburgo (ANSA, DPA) - La Cumbre de la Tierra evidenció ayer las profundas diferencias entre Gran Bretaña y Estados Unidos, dos países que mantienen una férrea alianza en la mayoría de los asuntos internacionales.
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«Es verdad que el gobierno norteamericano no está haciendo lo que todos quisiéramos que hiciera, pero eso no significa que en Estados Unidos no haya mucha gente que toma estos temas con la seriedad que merecen», afirmó con sutileza Margaret Beckett, la ministra de Ambiente que encabeza la delegación de Londres en la Cumbre.
Según el diario británico «The Times», la tensión entre Londres y Washington aumentó después de que el domingo «EE.UU. se manifestó contrario a fijar otros objetivos y a contribuir con financiación para reducir la pobreza y proteger el ambiente».
En otro orden, Estados Unidos y la Unión Europea (UE) están llevando adelante negociaciones paralelas para sellar un compromiso en el Plan de Acción sobre ayudas públicas para el desarrollo y subvenciones agrícolas que debe ser evaluado en la conclusión de la Cumbre, situación que también recibió duras críticas. «Estas tratativas entre bambalinas, sin transparencia alguna, son absolutamente inaceptables», dijo Antonio Hill, representante de Oxfam, una ONG británica.
En tanto, el presidente sudafricano, Thabo Mbeki, dio la bienvenida formal a los 5.730 delegados de las ONG. El 2 de setiembre, dos días antes del cierre de la Cumbre, 104 jefes de Estado llegarán a la Johannesburgo para suscribir la declaración acordada que, se supone, lograrán consensuar los 189 representantes de países que deliberan desde el viernes. En el marco del encuentro, militantes de Greenpeace intentaron escalar la central nuclear de Koeberg, cercana a Ciudad del Cabo. El hecho derivó en 12 detenidos, entre ellos, el bonaerense Leonardo Silva y el correntino Waldemar Wichmann, que serían deportados.
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