23 de abril 2003 - 00:00

"Terrorismo termina si se pone fin al conflicto árabe-israelí"

Economista y cientista político y uno de los expertos más calificados de nuestro país en relaciones internacionales, Felipe de la Balze se formó en las universidades de Princeton, Sorbonne y en la London School of Economics. Es el principal asesor de Ricardo López Murphy en la agenda externa y seguramente sería su canciller si el candidato de Recrear alcanza la Presidencia de la República. De la Balze mantuvo una larga conversación con Ambito Financiero sobre la posguerra de Irak, los cambios que ella introduce en Europa y en los organismos internacionales, y el papel que le corresponde a la Argentina en el nuevo juego que se abre. A continuación, el lector encontrará los pasajes principales del diálogo con este académico y, ahora, político.

Periodista:
¿Quién debería regular, a su juicio, el proceso de transición en Irak?

Felipe de la Balze:A mi juicio, debe quedar en manos de las Naciones Unidas.


P.:
Sin embargo, en los Estados Unidos, aun dentro del gobierno, todavía hay una corriente que propone llevar adelante la reconstrucción y la normalización del área sin las Naciones Unidas. ¿Qué significa esto?

F. de la B.: Mire, desde la Guerra de Troya hasta ahora hay un juego que se repite invariablemente. Los halcones predominan en las guerras y las palomas en las posguerras. Así fue en 80% de los casos. Las palomas se impondrán también en esta posguerra porque los Estados Unidos no van a Irak con espíritu de venganza, en una guerra a muerte.Aquí va a pasar lo que sucedió en Kosovo. Los americanos van a decir a los europeos «señores, nosotros pusimos la fuerza militar, ustedes lavan los platos». Esta es la hipótesis más razonable, con un número importante de miembros de las Naciones Unidas y el Consejo de Seguridad aprobando una acción humanitaria y algunas de las potencias europeas más importantes participando financieramente en la reconstrucción. Esta es la vía a un nuevo consenso que consiste en la transacción entre poder militar y aporte financiero a la reconstrucción.


P.:
¿Qué efectos tiene el final de la guerra sobre la situación de Medio Oriente?

F. de la B.: Toda guerra es espantosa, pero ésta ofrece la posibilidad de generar una gran iniciativa de negociación en Medio Oriente, con un potencial muy grande para resolver el conflicto árabe-israelí. El problema de fondo es el terrorismo y ese problema no lo produce un líder déspota en Irak. A lo sumo, ese líder podría darles armas a los terroristas. Pero para desmontar el terrorismo hay que liquidar el conflicto árabe-israelí, que dura 50 años y es el que le da legitimidad a todo el resto. Es el momento propicio para una transacción al cabo de la cual los israelíes consigan reconocimiento legal para su estado y los palestinos obtengan algunas tierras de las que reclaman. ¿Piden 15 cosas? Tal vez ahora consigan 13.


P.:
¿Por qué es tan optimista con un conflicto tan antiguo y violento?

F. de la B.: Precisamente porque la crueldad, sobre todo la de los últimos 12 meses, de ambos bandos, lleva al agotamiento. Además, estamos ante la emergencia de un nuevo liderazgo palestino, de cuño más institucional, que el mismo Arafat admitió al acceder al establecimiento de un primer ministro. Además en Israel hay un duro, Sharon, que ofrece la mejor posibilidad de un acuerdo duradero, precisamente porque es un duro.


P.:
¿No cree que los Estados Unidos avanzarán sobre Siria?

F. de la B.: Para Siria se abre una estupenda oportunidad, como potencia regional, para involucrarse en este proceso de negociación. Siria podrá mantener su independencia y su identidad siempre que comprenda, y creo que es fácil comprenderlo, que debe favorecer un acuerdo en toda la región. Además, vamos a tener una situación muy novedosa en Irak: la experiencia de una transición democrática. Hace mucho tiempo que no hay regímenes democráticos en países árabes. Lo fue el del Líbano, pero hace demasiado tiempo. No es cierto que haya una incompatibilidad entre Islam y democracia. Indonesia, Malasia, Turquía, son países musulmanes y democráticos. Pero no son países árabes, en los que hay poca experiencia democrática. Si la experiencia iraquí resulta exitosa, va a ejercer una influencia muy positiva en el resto de los países árabes. Pero, claro, no podemos estar seguros de ese éxito porque hay pocos antecedentes y porque va a necesitar mucha ayuda y mucha plata. Es cierto que Irak puede producir por día entre 5,5 y 6 millones de barriles. Pero hoy produce 2 millones por día y para pasar a 6 millones requeriría de inversiones por u$s 30.000 millones, lo que supone el valor de un año completo de producción. Si ese salto se produce, ahí sí estamos ante otro cambio importante en la región. Porque Arabia Saudi-ta seguiría siendo importante, pero habría un vecino que la privaría de amenazar casi con exclusividad con abrir o cerrar el grifo del petróleo.


P.:
¿Qué sucederá, a su juicio, con las Naciones Unidas a partir de esta crisis?

F. de la B.: Debe haber una reforma, sin duda. Las Naciones Unidas fueron concebidas para el mundo de la posguerra, donde Francia e Inglaterra, por ejemplo, eran titulares de imperios coloniales. Donde Rusia controlaba la mitad de Europa. El mundo de 2003 no tiene nada que ver con ese mundo, pero Francia sigue teniendo poder de veto pero no lo tienen Alemania ni Japón. El problema de la actual organización es que las normas no reflejan la situación real de poder y eso genera disfunciones. La reorganización del Consejo de Seguridad nos va a tener como protagonistas porque Brasil va a pretender la silla regional y nosotros diremos que esa silla debe ser ocupada de modo rotativo. A un país como el nuestro le conviene que haya normas y las Naciones Unidas tienen normas que le han quitado últimamente una gran ejecutividad. Pero no creo que eso esté amenazado por los Estados Unidos, que quieren que se les reconozca una primacía pero no son un imperio, en el sentido de emplear fuerzas de ocupación y reclamar de los demás la obediencia permanente a su voluntad. La globalización requiere de consenso. Yo puedo obligar a Saddam a que destruya sus armas biológicas o químicas. Pero no puedo obligar a Singapur a que coopere conmigo en materia sanitaria.


P.:
¿Cómo queda Europa después de la crisis?

F. de la B.: En Europa se abrió una brecha conocida por todos entre España y Gran Bretaña como aliados de los Estados Unidos e Italia en la misma oposición, aunque con menor capacidad de maniobra por la oposición interna y el peso que tiene la voz del Papa. Los países de la ex Unión Soviética confiaron en que Estados Unidos haría un buen trabajo en Irak y hay una Europa central crítica, en la que aparecen Francia, Alemania, Bélgica. Creo que todos tratarán de recuperar las instituciones clásicas, como las Naciones Unidas o la OTAN, registrando los datos del nuevo escenario.


P.:
¿A qué debe aspirar un país como la Argentina en este contexto?

F. de la B.: A que haya reglas. Nosotros no podemos imponer nuestro criterio al respecto porque tampoco tenemos demasiadas responsabilidades en el sistema internacional. Pero nos conviene que se recupere la institucionalidad.


P.:
¿Cómo actuó el gobierno según su criterio?

F. de la B.: El gobierno actuó mirando los sondeos de opinión. Por más que la diplomacia profesional tuvo un comportamiento muy correcto. El voto del embajador ante la ONU es ejemplar. Dice: nosotros estamos con Estados Unidos, pero no podemos contribuir a una iniciativa bélica sin que se apruebe en las Naciones Unidas. Es muy difícil, sin embargo, hacer política exterior con un gobierno muy débil, sin respaldo electoral. En tal caso conviene no innovar. Pero Duhalde busca innovar. El dijo que nosotros en ningún caso apoyaríamos una iniciativa bélica. Error, está equivocado. Si la aprobaran las Naciones Unidas, deberíamos apoyar una iniciativa de esa especie. Si hay un campo en el que no puede actuarse con arreglo a encuestas es el de la política exterior. Un presidente con respaldo debe identificar el interés del país, para lo cual se respaldará en la burocracia técnica. Una vez definido, su función es llevar a la opinión pública hacia la posición más beneficiosa para el país, a través de explicaciones convincentes y claras.


P.:
El gobierno de Bush ha definido un «eje del mal y un eje del bien» y Latinoamérica parece estar ingresando de a poco en el primer eje, ¿no?

F. de la B.: Habría que distinguir. Hay casos como el de Cuba, donde no hay peligro terrorista ni financia terrorismo. No es simpático a los Estados Unidos pero no es un caso como el de Colombia, por ejemplo, donde sí hay un problema por la existencia de grupos terroristas armados. Usted me puede decir que Cuba, Venezuela, Brasil, han comenzado a configurar un ala crítica a la política exterior de los Estados Unidos. Pero lo hacen por razones diversas. Es cierto que la figura de Bush ha generado una corriente adversa durante la guerra en un sector de la población, pero la política exterior de los Estados Unidos se explica menos por Bush que por su burocracia. Hay siete niveles de funcionarios a través de los cuales pasan las decisiones. Mire el caso de Cuba: es un país donde no hay terrorismo y donde existe un acuerdo de cooperación con Estados Unidos en materia de narcotráfico. El encargado de la base de Guantánamo almuerza una vez por semana con su contraparte cubano. Fíjese que a los tipos que salen en balsas desde la isla, desde las patrullas norteamericanas los devuelven, lo que me parece espantoso.


P.:
¿Cómo explica la posición argentina sobre Cuba en la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas?

F. de la B.: Habrán querido llevar ese 3% o 4% de votos de izquierda, antinorteamericana, a Kirchner. Es grave que hayamos votado distinto de lo que votamos con Menem, con De la Rúa y con el propio Duhalde, quien copatrocinó la condena el año pasado.


P.:
¿El caso de Chávez se aproxima también al de Castro?

F. de la B.: Chávez no me gusta, pero no lo veo como una amenaza. Puede ser por momentos descontrolado, pero con una oposición incompetente. Pero hay que recordar que Venezuela es el principal inversor latinoamericano en los Estados Unidos. Así que Chávez no quiere ALCA porque ya tiene ALCA. Chávez ya vive el sueño de Chile o México. El problema, insisto, es Colombia porque, además, por el tráfico de drogas afecta uno de los problemas principales de la agenda interna de los Estados Unidos y eso lo pone en una escala internacional. Lo de Brasil tampoco es asimilable, porque ellos tienen como prioridad no rozarse con los Estados Unidos y por eso se preocupan por Colombia y Venezuela. El gobierno de Lula, específicamente, está haciendo una experiencia que me recuerda a Frondizi, de izquierda en lo cultural y en la política exterior y muy ortodoxo y modernizante en lo interno. Y los Estados Unidos lo van a tolerar perfectamente porque allí el principal temor es que Brasil no estalle por los aires por la deuda. A esto ayuda que de aquí a un año en Washington la prioridad seguirá siendo el terrorismo. La fricción puede comenzar cuando llegue el momento de discutir el ALCA.


P.:
¿Qué pronóstico tiene para eso?

F. de la B.: El ALCA se va a retrasar, entre otras cosas, porque en 2004 habrá elecciones en los Estados Unidos. No va a ser en 2005. Tal vez sea en 2006, cuando también termina en Europa el acuerdo agrícola. Además, para los Estados Unidos la región seguirá sin formar parte de la agenda más urgente. Después de Irak pondrán los ojos en Corea del Norte, que produce 2 o 3 bombas atómicas por mes y tienen un misil que puede llegar a California. Yo lo escuché a Clinton hace un mes y medio en los Estados Unidos, en una reunión de la que participábamos no más de 30 personas, decir que el problema de Corea es más grave para los Estados Unidos que el de Irak. Claro que para resolverlo intentarán un consenso con Japón, China y Corea del Sur. Esta victoria sobre Irak le da un poder de negociación extraordinario en esta otra región, tan delicada. Frente al problema de Corea, aún Colombia sigue siendo una cuestión para el Comando Sur, no una cuestión central en la agenda de Washington.

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