Tikrit (ANSA, EFE, ASN) - Con la entrada de los marines de la división Trípoli en la ciudad de Tikrit, ayer por la mañana, finalizaron los grandes combates en Irak, según lo anunció el propio Comando Central (Centcom).
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A partir del ingreso de los estadounidenses, la ciudad adonde nació Saddam Hussein se transformó rápidamente en un lugar desolado, con una población que parece haber desaparecido y pocos emigrantes, llegados de muy lejos, que no pudieron huir debido a la guerra. Se trata de gente pobre, el estrato más bajo de un centro que reunía a muchos intelectuales y miembros de la alta burguesía iraquí.
«Esta es una guerra misteriosa -dice el sargento Gurny Lavely-; estábamos seguros de tener que entablar un combate muy duro, y en cambio los soldados iraquíes parecen haberse diluido». Los soldados de EE.UU. hallaron uniformes abandonados, signo de que los militares de Saddam eligieron vestirse nuevamente de civil, para mimetizarse después de la rendición. La ciudad se encuentra rodeada: los marines bloquean todos los accesos e impiden la entrada o salida de cualquier iraquí. La intención del ejército de Estados Unidos es encontrar a los «fedayines de Saddam», los milicianos fieles al derrocado presidente iraquí y a los altos exponentes del régimen que, según numerosos testigos, se refugiaron dentro de la ciudad. Un hombre dice haber visto el domingo, escoltado por al menos 100 guardias, a Alí Hassan Al Majid, el célebre «Alí el Químico», que en 1988 ordenó la masacre con gas de 5.000 muertos.
Según el mismo testigo, «Alí el Químico» durante la noche habría logrado llegar al pueblo de Aluja, a 16 kilómetros de Tikrit, el mismo donde nació su primo Saddam Hussein. Los marines ya rodearon la zona. Los focos de resistencia en la zona sur de la ciudad siguen ocupando a los soldados norteamericanos: ya entrada la mañana, los helicópteros Cobra que durante todo el día sobrevolaron la región habitada lanzaron un nuevo ataque masivo.
Por su parte, los guerrilleros turcos avanzaron hasta las puertas de la ciudad y custodian su acceso. A 800 metros de distancia se instaló un puesto de bloqueo de civiles iraquíes, también armados, nerviosos ante la presencia de peshmerga (combatientes turcos). El palacio presidencial de Saddam fue ocupado por los marines, que lo están transformando en su cuartel general. El interior refleja una atmósfera digna de «Las mil y una noches», con las paredes totalmente cubiertas de mármoles, lámparas de cristal, bañeras que parecen piscinas y grifería color oro.
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