Todo EE.UU. despide hoy a Ronald Reagan
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La ex primera ministra de Gran Bretaña, Margaret Thatcher, ayer visitó la capilla ardiente y hoy participa de los funerales de Estado de quien fuera su aliado, Ronald Reagan.
La ceremonia cumplirá un deseo del admirado presidente republicano, quien dejó escrita su voluntad de tener un funeral de Estado en el que los estadounidenses pudiesen darle su último adiós, y que su entierro se realizase durante el crepúsculo en California.
Sobre los últimos minutos de Reagan, Patti Davis, su hija, contó ayer: «En el último momento, cuando su respiración nos decía que era el fin, abrió los ojos y miró directamente a mi madre». «El más grande regalo que me podían haber dado: mi madre logró decirle, entre lágrimas, un 'te amo', entre la belleza de ese sublime último momento», indicó.
Congresistas, turistas, estudiantes, oficinistas, empleados públicos y representantes de diversas minorías pasaron en estos días en silencio frente al ataúd de Reagan, recordado en el corazón de los estadounidenses por haber derrotado al «imperio del mal».
Reagan planificó hace más de 20 años los detalles de sus propias exequias, poco después de llegar al poder en 1981, no por un sentido de morbosidad sino por ser fiel a una tradición iniciada tras el asesinato del presidente John F. Kennedy, en 1963. Nancy Reagan actualizó el testamento del ex mandatario y participó de todos los detalles de las ceremonias que se llevan a cabo desde el sábado.
En 1865, Abraham Lincoln fue el primer presidente de EE.UU. en ser trasladado a la Rotonda del Capitolio. Todos los presidentes de EE.UU. del siglo XX, menos Franklin Roosevelt, Harry Truman y Richard Nixon, fueron velados en el Capitolio, explicó el capitán Peter Kerr, del Distrito Militar de Washington, a cargo de los servicios fúnebres de Reagan. La responsabilidad del homenaje está en manos del ejército, que dispuso para ello un manual de 120 páginas que detalla con precisión militar la organización de las ceremonias. Además, las fuerzas de seguridad desplegarán 10.000 hombres en la capital estadounidense ante la eventualidad de atentados terroristas.



