3 de octubre 2009 - 22:40

Tragedia en Sumatra: según la ONU, hay entre 3.000 y 4.000 personas bajo los escombros

Hasta 4.000 personas seguían el sábado sepultadas bajo los escombros en la isla indonesia de Sumatra, donde los equipos de rescate desbordados por la tragedia del seísmo del pasado 30 de septiembre aceleran las faenas para encontrar el máximo número de supervivientes.

Ni siquiera con la ayuda de los especialistas de media docena de países que se sumaron a los centenares de funcionarios y voluntarios indonesios, decían los expertos, se puede hacer frente a la ardua tarea, cuando ya el balance oficial de fallecidos supera el millar.

El coordinador de Naciones Unidas para las ayudas humanitarias en Indonesia, El Mostafa Benlanlih, declaró a la prensa que entre 3.000 y 4.000 personas continúan atrapadas o enterradas entre las ruinas de Padang, la tercera ciudad más grande de la provincia de Sumatra Occidental.

Al menos 20.000 edificios se han hundido o se encuentran dañados en Padang y sus alrededores a causa del seísmo.

El jefe del centro de crisis del Ministerio de Sanidad, Rustam Pakaya, indicó en conferencia de prensa que las aldeas vecinas de Pulau Aiya, Lubuk Lawe y Jumena ha desaparecido con casi todos sus habitantes, unos 640 en conjunto, a causa de los enormes corrimientos de tierra originados por el seísmo.

Rustam Pakaya explicó que cuando se produjo el terremoto, los cerca de 400 habitantes de la aldea de Palau Aiya festejaban una boda en una de las casas del pueblo.

"Incluso el minarete de la mezquita, de más de veinte metros de altura ha desaparecido, todo el pueblo está a unos treinta metros de profundidad", apuntó el funcionario.

El 70 por ciento de las viviendas particulares de Padang -casas que se derrumbaron por completo o han perdido el tejado o la fachada- permanecen totalmente desatendidas, a pesar de que bajo sus escombros hay cadáveres.

"Los equipos de emergencia que han venido son insuficientes", aseguró Amora Lubis, antiguo miembro del Parlamento local y ahora empleado de la organización musulmana indonesia Muhammadiyah, junto a los restos de una escuela de formación profesional de la ciudad de Padang.

"Aquí aún no ha venido nadie. El segundo piso se hundió sobre el primero: el de los talleres y no sabemos cuántas personas había dentro", relató Mohamed Jamil, profesor del centro, que se niega a pisar las ruinas por si pudiera haber gente sepultada.  

Este colegio, donde estudiaban decenas de adolescentes de entre 12 y 15 años, es tan sólo uno de los más de 1.200 edificios que derribó el seísmo de 7,6 grados de magnitud en la escala abierta de Richter y que aún no ha recibido asistencia de los equipos de emergencia y evaluación de daños tres días después.

Esta geografía del horror ignorado se extiende por toda Padang, una ciudad de 900.000 habitantes, y afecta a hospitales, edificios públicos, centros comerciales, universidades, colegios y academias de idiomas.

Ante la imposibilidad de recibir ayuda, la gente ha empezado a organizarse por su cuenta y los vecinos colaboran en las tareas de desescombro de edificios y calles, y comparten techo y alimentos si es preciso, ante la avalancha de desplazados sin hogar.

Padang y sus alrededores siguen sin fluido eléctrico y las comunicaciones telefónicas son difíciles, los hospitales están saturados y los precios de los bienes básicos que empiezan a escasear, como el agua potable y la gasolina, se están disparando.

Indonesia se asienta sobre el "Anillo de Fuego del Pacífico', una zona de gran actividad sísmica y volcánica que sufre unos 7.000 terremotos al año, la mayoría moderados.

El 26 de diciembre de 2004, un seísmo de 9,1 grados de magnitud sacudió el norte de Sumatra y provocó un tsunami (ola gigante) que sembró la destrucción en una docena de naciones bañadas por el Océano Indico y dejó más de 226.000 muertos.

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