Tras 14 días sin alimento murió la joven Schiavo
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Los padres de la mujer, ayer, tras recibir la noticia de su muerte (izquierda). Los manifestantes pro vida que seguían frente a la clínica expresaron toda su frustración (centro). Terri Schiavo, antes de su ataque cardíaco (derecha).
Michael Schiavo, ex marido de Terri, se encontraba junto a su esposa cuando se produjo la muerte, pero no permitió que sus suegros y antagonistas en el conflicto judicial que protagonizaron acompañasen a la moribunda en los últimos momentos.
Bush expresó ayer sus condolencias por la muerte de Schiavo y dijo que «miles de estadounidenses están tristes».
Por boca del abogado David Gibbs, los padres de Terri se manifestaron consternados por la inevitable muerte por inanición de su hija.
El gobernador de Florida, Jeb Bush, dijo, por su parte, que las oraciones de los que defendieron la causa de la vida de Terri Schiavo «no serán en vano».
A las puertas del centro médico para enfermos terminales Woodside se produjo todo tipo de escenas de dolor. «Hemos presenciado un asesinato», dijo una mujer mientras otros manifestantes arrojaban al suelo con rabia algunos de los carteles que han portado durante las dos semanas de agonía de Terri.
Desde el Vaticano también se produjeron reacciones al señalar el prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, cardenal José Saraiva Martins, que «la vida es sagrada y debe ser respetada hasta el final».
Durante un acto público en Roma, el purpurado portugués dijo que no se pueden consentir medidas que «apresuren el final de una vida, porque es la cosa más valiosa que tenemos. Esto es lo que puedo decir a la luz del buen sentido y de la religión cristiana».
Terri nunca supo que en el fin de su vida se había convertido en motivo de polémica en el mundo entero.
Fueron dos semanas en las que los estadounidenses fueron bombardeados con dos imágenes contradictorias: la joven y alegre mujer bronceada con una sonrisa brillante fulminada por un paro cardíaco a los 26 años, que la postró durante los últimos años de su vida en un estado vegetativo que la transformó en una paciente terminal.
Nacida en 1963, Terri (sobrenombre de Theresa Marie) vistió durante toda su escuela los kilts del uniforme de su colegio católico, donde lo único que pudo haberla diferenciado de sus compañeras fue la obesidad. Adoraba los animales, le hubiese gustado recibirse de veterinaria si hubiese obtenido mejores calificaciones en el colegio.
Cuando terminó sus años de liceo, Terri pesaba 90 kilos. Pero el verano siguiente se impuso un drástico régimen que la hizo perder 22 kilos y, presumiblemente, la debilitó agravando el cuadro que terminaría dejándola en estado vegetativo.
Una vez que adelgazó, Terri inició sus estudios en la universidad local de Pennsylvania, donde conoció a Michael y finalmente contraen matrimonio por la Iglesia dos años más tarde, en 1984.
En 1986, cuando Terri y Michael van instalarse en Florida, detrás lo hacen los Schindler. Ella porta lentes de contacto, se tiñe el pelo de rubio y mantiene rigurosamente su bronceado.
En 1988, la abuela de Michael, gravemente enferma, es hospitalizada. Su agonía dura dos días. Luego del entierro, Terri declara: «Si alguna vez me llega, no me dejen así, desconéctenme», según recuerda su cuñado, Scott Schiavo, algo que es puesto en duda por los Schindler.




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