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12 de mayo 2008 - 00:00

Tregua sólo fue un breve deseo

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Beirut (EFE, DPA, AFP, El Mundo) - La frágil tregua que parecía funcionar ayer a la mañana en Beirut y otras ciudades del Líbano, tras la actuación del Ejército, se rompió en las montañas de Aley, de mayoría drusa, pero con varias villas chiitas, al estallar fuertes combates entre ambas facciones.

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Los combatientes del Partido Socialista Progresista (PSP) de Walid Jumblatt y los partidarios de Hizbollah, incluidos los fieles del líder druso Talal Arsalan, asociado con el Partido de Dios, se trabaron en combates en los que se emplearon morteros, como se puede apreciar en la vecina Beirut. Por el momento, se registraron cinco muertes. El Consejo de Ministros se reunió de urgencia para estudiar este nuevo rebrote de violencia, el peor desde el fin de la guerra civil libanesa (1975-1990).

Las columnas de humo eran visibles en las montañas de Chweifat, Kayfoun y Suk al Gharb, en la región de Al Jabal, durante los primeros combates con artillería pesada a los que se asistió desde el inicio del conflicto, hace seis días. El líder del PSP instó a sus seguidores a preservar la paz cívica y reclamó a su rival Arsalan que entregue su reducto al Ejército.

  • Enfrentamientos

  • Estos hechos, que pusieron rápidamente en cuestión la frágil tregua, se sumaron a otros como los registrados en Trípoli (Norte), donde por la noche se vivieron enfrentamientos violentos entre sunitas y chiitas que costaron la vida a una mujer. Mientras, el sector cristiano de la población siguió manteniéndose al margen de los choques.

    Más allá de estas violaciones a la tregua, el final formal de los combates, que hasta ayer habían provocado 44 muertos y 150 heridos, fue propiciado por la decisión del Ejército de revocar unos decretosgubernamentales contra Hizbollah -que habían sido tomados por esa agrupación prosiria y proiraní como una «declaración de guerra»- a cambio de la retirada de hombres armados de las calles.

    Hizbollah aceptó retirar a sus hombres, al igual que sus facciones afines, pero advirtió que no cesará su movimiento de «desobediencia civil» hasta que se confirme la revocación oficial de las medidas por parte del Ejecutivo, consistentes en el desmantelamiento de una red de comunicaciones paralela a la del Estado en el aeropuerto de Beirut y la remoción del titular de esa terminal.

  • Bloqueo

    Su protesta parece traducirse ahora en el bloqueo de algunas rutas como la que conduce al aeropuerto internacional, que sigue cerrado. Según medios locales, las barricadas que cortan el acceso a esa estación fueron reforzadas durante la noche con camiones cargados de desechos. La carretera que conduce a la frontera con Siria también permanece cerrada, aunque los responsables del corte son partidarios de la mayoría en el gobierno, que responden así a la incomunicación aérea del país forzada por los chiitas.

    Pese a la retirada de los milicianos de Hizbollah de las calles de Beirut, el conflicto persiste. Recién el sábado, tras cuatro días de enfrentamientos, apareció en televisión el primer ministro sunita y prooccidental Fuad Siniora para dirigirse a la nación, en un discurso en el que denunció a Hizbollah por «declarar y lanzar una guerra con el objetivo de cambiar el balance de poder doméstico, regional e internacional». Además, dejó claro que ese grupo «no nos aterrorizará con sus armas», en una declaración que podría exacerbar el principio de guerra civil que padece el país.
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