Un fallo rehabilitó en Rusia a familia del zar

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Moscú - La rehabilitación del último zar, Nicolás II, y de su familia, fusilada por los bolcheviques en 1918, cerró ayer una página negra de la historia de Rusia y permite a este país, heredero de la URSS, congraciarse con su tumultuoso pasado.

«Este es el punto final. Estamos satisfechos con la decisión. La Corte reconoció que el emperador no era ningún bandido sanguinario. Se ha restablecido el buen nombre de Nicolás II», señaló Guerman Lukianov, abogado de la Casa Imperial rusa.

El Presidium de la Corte Suprema de Rusia dictaminó ayer que el zar, su esposa Alejandra y sus cinco hijos -las princesas Olga, Tatiana, María y Anastasia y el heredero de la corona, el zarevich Alexei-fueron víctimas de la represión política bolchevique.

Desde la caída de la URSS, la máxima representante de la Casa Imperial rusa, la gran duquesa María Romanova, nacida en Madrid en 1953 y residente desde entonces en España, había pedido insistentemente la rehabilitación de la familia del zar. En su opinión, Nicolás II y su familia fueron víctimas de un «crimen político», ya que los bolcheviques consideraban al zar «enemigo de clase». En cambio, la Justicia rusa se negaba, hasta ayer, a rehabilitar a la familia real al considerar que no había base legal para reconocerlos como víctimas de una campaña de represión política bolchevique.

La decisión tomada ayer por el Corte Suprema parece, a todas luces, política, ya que la rehabilitación permitirá al actual Estado ruso evitar su parte de responsabilidad por el asesinato de la familia real.

La Justicia mantuvo desde un principio que no podía tramitar el caso, aduciendo que la legislación rusa sobre rehabilitación, promulgada en 1991, sólo contempla los procesos políticos ocurridos durante el poder soviético, una vez instaurado.

Nicolás II fue detenido antes de la Revolución de Octubre de 1917; en concreto durante el gobierno provisional dirigido por Alexander Kerenski, que surge de la llamada Revolución de Febrero de ese mismo año, que acabó con el sistema monárquico y proclamó la República.

El zar y su familia fueron arrestados cuando aún no había sido instaurado de forma oficial y efectiva el poder soviético y en plena guerra civil entre rojos (bolcheviques) y blancos ( zaristas), con lo que la URSS no puede ser considerada responsable ya que oficialmente no existía.

La Fiscalía rusa sostuvo durante los últimos años que el zar no fue asesinado por violar la ley soviética, sino «como jefe del Estado ruso, cargo que ejerció durante 23 años» (1895-1918).

Los descendientes del zar nunca perdieron la esperanza y apelaron una y otra vez el fallo de la Fiscalía, que insistía en calificar el fusilamiento como «homicidio premeditado».

María Romanova, que llegó a amenazar con acudir al Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo para hacer realidad sus anhelos de «justicia histórica» negó ayer que pretenda la restitución de las propiedades del zar. «Yo siempre busqué la condena del crimen cometido por el estado totalitario para que el terror nunca se repitiera en Rusia. Yo, al igual que mi padre y abuelo, estoy en contra de la restitución», señaló ayer a «Interfax».

Por otra parte, el abogado de la duquesa señalóque la rehabilitación del último zar «es un pequeño paso para el regreso de la Casa de los Romanov a Rusia», aunque para ello el Kremlin debe reconocer a la Casa Imperial como una « institución histórica».

En cuanto a las sospechas de que los Romanov pretendan recuperar el trono, la gran duquesa insiste en que sólo el pueblo ruso en referendo puede decidir la reinstauración de la monarquía en Rusia.

La Iglesia Ortodoxa Rusa (IOR), adalid de la rehabilitación de Nicolás II, al que canonizaron en 2000 como «mártir del comunismo», también se congratuló por la decisión de la Justicia.

Pese al tiempo transcurrido y el hecho de que tanto el régimen bolchevique, que ordenó su fusilamiento, como la Unión Soviética ya han desaparecido, las rencillas causadas por su muerte aún no se han restañado.

Según los historiadores, Nicolás II, su esposa y sus cinco hijos, entre ellos el príncipe heredero, Alexei, fueron vilmente ejecutados en la madrugada del 16 al 17 de julio de 1918 en un sótano de la casa Ipatiev, en la localidad de Yekaterinburgo (Urales) y sus cuerpos escondidos en un bosque.

El fundador de la URSS, Vladimir Ilich Ulianov (Lenin) había intentado acabar con el zar en 1903 para vengar la muerte de su hermano, Alexandr Ulianov, ahorcado después de atentar en 1887 contra Alejandro III, padre de Nicolás II.

Los restos del zar, su esposa y tres de sus hijos fueron hallados en 1979, y tras ser identificados, y enterrados en la fortaleza de San Pedro y San Pablo en San Petersburgo en 1998.

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