Una guerra que ya se desarrolla en las sombras
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Además, en la zona de exclusión aérea del norte de Irak, sobre la cual Bagdad no tiene control alguno, EE.UU. ha comenzado a colaborar más estrechamente con los kurdos iraquíes, que a su vez empiezan a aclarar sus propias posturas y a coordinarse mejor.
En las últimas semanas la CIA ha abierto dos estaciones en el Kurdistán iraquí: una en Salahaddin y otra en Suleimaniyah. Según estas mismas fuentes, no se tiene planeado utilizar a los kurdos como se utilizó a la Alianza del Norte en Afganistán, es decir, como fuerza delegada. Aunque los kurdos «libres» aseguran contar con 100.000 combatientes listos para ayudar a los estadounidenses y a sus aliados.
Fuentes estadounidenses e israelíes revelaron a «TIME» que hay fuerzas especiales israelíes operando en el interior del desierto occidental de Irak en misiones de reconocimiento y entrenamiento, inspeccionando un territorio de 30.000 millas cuadradas en busca de cualquier escondrijo donde Irak pueda haber ocultado los misiles y lanzamisiles que guardó después de la Guerra del Golfo.
Washington está haciendo todo lo posible para asustar y disuadir al enemigo. En Irak se están lanzando miles de panfletos advirtiendo, sin excesiva sutileza, lo que les ocurrirá a los soldados iraquíes que no se rindan.
Además, hay programadas también otras operaciones psicológicas más ambiciosas. La fuerza aérea piensa sobrevolar Irak con sus aviones EC-130 transmitiendo señales de televisión y radio. Los grupos iraquíes de oposición están facilitando a sus enlaces militares estadounidenses los números de teléfono de soldados iraquíes en actividad; cuando empiece la ofensiva, los que estén en Irak recibirán llamadas telefónicas sugiriéndoles que permanezcan al margen.
Las diversas facciones opositoras en el exilio, sin embargo, permanecen enfrentadas entre sí; kurdos, chiítas, sunnitas, ex oficiales, monárquicos, y el CNI con sede en Londres (favorito de los partidarios de la línea dura en Washington) siguen pugnando unos con otros.
• Intermediarios
Para intensificar su influencia entre las fuerzas opositoras al sur de Irak, la Administración intenta recabar la colaboración de Irán a través de una serie de intermediarios.
Mientras tantea sus posibilidades con Irán, EE.UU. salvaguarda más abiertamente sus relaciones con otras naciones implicadas en el futuro de Irak. Con motivo de la cumbre de la OTAN celebrada en Praga la semana pasada, Bush se reunió con el presidente de Turquía, Ahmet Necdet Sezer, para corroborarle que EE.UU. no desea que se modifiquen las fronteras iraquíes. Al gobierno turco le preocupa que, tras la derrota de Saddam, la euforia de los kurdos iraquíes se propague a los kurdos de Turquía y vuelva a prenderse la mecha de sus reivindicaciones autonómicas.
Todo esto se ha convertido en un cerco sistemático e implacable cuyo fin es convencer a Saddam y a sus partidarios dentro de Irak de que están quedándose acorralados. Pero lo cierto es que el líder iraquí todavía no se ha derrumbado del todo. De hecho, ciertos observadores dignos de crédito opinan que, hasta el momento, las presiones han hecho que Saddam se esfuerce más por contener el malestar social. «Sabe que la gente está intentando establecer contactos con el exterior», cuenta un ex funcionario del gobierno norteamericano. «El régimen de Saddam está muy pendiente de todo esto». Un alto cargo británico añade que el sistema de seguridad de Saddam sigue siendo impresionante. «Realmente no sabemos lo sólida que es la oposición (interna), porque si lo supiéramos nosotros, también Saddam lo sabría, y no tardaría en aplastarla». El mes pasado, Saddam ordenó el regreso a Irak de las familias de sus diplomáticos en el extranjero, medida que hace pensar que tal vez trate de retenerlas como rehenes.


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