Los eventos en Georgia confirman lo que sostengo desde hace algunos años: Rusia se está perfilando como una nueva potencia mundial predominante (y prepotente). Gracias a su extensa disponibilidad de todo tipo de materias primas -se coloca entre los mayores productores mundiales de gas natural, petróleo, platino y otros metales, uranio, pero también de trigo-, combinada con un Ejército que ha recobrado su antiguo lustre gracias al dinero que fluye abundantemente hacia las cajas del gobierno por la venta de esas materias primas, Rusia se está volviendo un problema para todos los países del continente euro-asiático.
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Las operaciones militares en curso en realidad apagan un deseo de mucho tiempo y Rusia sólo necesitaba (¿necesitaba?) un pretexto para proceder contra un gobierno poco amistoso hacia ella. Es difícil saber cómo seguirá la situación, sin embargo Georgia representa de cualquier manera un mensaje muy fuerte para Europa, que ya en el pasado ha tenido grandes problemas cuando Rusia «por accidente» interrumpió el abastecimiento de gas natural (35% del consumo europeo viene directamente de allí a través de gasoductos).
¿Qué pasaría si mañana decidiera invadir Polonia, Eslovaquia u otros países de la ex cortina de hierro, hoy alineados con la OTAN? Nadie tendría la mínima chance de contrastar a la fuerza bélica y menos de levantar medidas económicas o de otro tipo en contra de Rusia.
En las últimas semanas se conoció que el Kremlin está constituyendo una megaempresa controlada por el gobierno central, encargada de manejar todo el flujo de los granos producidos en el país. Una forma más -sutil- de asegurarse que en futuro las ventas de trigo y su precio dependerán de cómo se estén portando los compradores. Al mismo tiempo, corrieron rumores de que está intentando comprar toda la producción energética de Libia, una encerrona para Europa, que no tendría más vendedores alternativos que inestables países de Medio Oriente.
Europa, golpeada por una crisis económica muy fuerte, es víctima de su debilidad institucional y militar. El euro como moneda de diversificación del dólar ha perdido atractivo en muchos sentidos en las últimas semanas. ¿Quién puede aprovecharlo? No soy un gran amigo del dólar americano; el franco suizo seguramente representa una buena alternativa a los dos, y el oro, visto como moneda. Hace un año, cuando comenzó la crisis de las hipotecas subprime, mencioné como chiste que Rusia se había vuelto en un «safe heaven», un paraíso seguro para las inversiones. Posiblemente tengamos que considerar más seriamente inversiones en rublos que el gobierno está transformando en una moneda libre para inversionistas internacionales.
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