4 de mayo 2007 - 00:00

Una "Zapatera" sin plan claro

Una Zapatera sin plan claro
París - La llaman «Zapatera». Y a ella evidentemente le gusta la comparación. Como él, se convirtió en candidata socialista de un modo inesperado, batiendo a los favoritos. Como él, aunque lleva años en política, es una cara nueva. Como él, hace del diálogo su leitmotiv político. Como él, tiene olfato.

Ségolène Royal ha sabido seducir -a los medios en primer lugar- a la militancia del Partido Socialista Francés y a una notable porción del electorado. La clave por despejar es si, además, ha sabido ganarse su confianza, y si su instinto y su ambición, cualidades que posee en grado superlativo, se convertirán en adhesión a un proyecto mucho menos definido que su figura.

Entre esos dos polos se mueve una vida compuesta de una infancia heroica y una madurez de currículum vitae político. Esa infancia está marcada por la figura del padre, Jacques Royal, coronel, hijo, a su vez, de general. El coronel Royal era un militar estricto, católico, chapado a la antigua.

Gobernaba a sus ocho hijos -cinco chicos, tres chicas-. Y destacaba por eso en los severos años 50 y 60.

Su padre no le permitirá estudiar el bachiller de Ciencias y la pondrá pupila en un colegio religioso de Epinal. Allí pasará el mayo del 68, cuyas consecuencias inmediatas fueron la conversión del centro en mixto y la supresión de la misa. Ciencias Políticas en Nancy. Y de allí a la Ecole National d'Administration (ENA), la fábrica de ministros y dirigentes de la elite francesa. En esa época, se produjo el dramático divorcio de sus padres que estropeó para siempre la relación de Ségolène con su padre. Ségolène se quita el Marie de su nombre y se afilia al Partido Socialista. Quizá sea coincidencia, pero no saca el carnet de militante hasta que su padre deja de ser adjunto al alcalde del pueblo, tras 18 años en el Consejo Municipal. La lista era independiente, pero el coronel (retirado) estaba muy a la derecha.

  • Familia

    En la ENA su promoción escoge Voltaire por nombre. A ella pertenece François Hollande, primer secretario del PS y pareja de hecho de la candidata. Hollande y Royal tuvieroncuatro hijos que sólo recibieron el bautismo a petición propia.

    A la salida de la ENA, ambos se ponen al servicio de François Mitterrand, que acaba de llegar al Elíseo. El, como director de Gabinete del portavoz; ella, como consejera del presidente. En esa incubadora aprenderá el oficio.

  • Diputada

    Al dar comienzo el segundo mandato de la Esfinge, en 1988, como marcaba el canon formativo del presidente para sus polluelos, Royal se convierte en diputada por la AP circunscripción de Deux-Sèvres. Desde entonces, ha sido reelegida sin interrupción. Poco después asciende a ministra en el Gabinete de Pierre Bérégovoy.

    Su segunda experiencia ministerial tuvo lugar con Lionel Jospin como primer ministro (1997-2002).

  • Virtudes y defectos

    Ensayó su hoy célebre democracia participativa abriendo las reuniones del consejo al público. Pero también demostró que sus llamadas al diálogo son más un recurso que un acto sincero. Jean-François Fountaine, diputado socialista de esa misma región, lo dice más suavemente: «No tiene una gran cultura del trabajo colectivo». Virtudes y defectos que han salido a la luz desde que la alumbran los focos de la política nacional. Se hizo con la nominación socialista fascinando por su aire de modernidad a lo Tony Blair, por su estilo, por su soltura en los debates con la militancia... Se hizo a la izquierda con símbolos asociados a la derecha ( bandera nacional, La Marsellesa), alardeando de patriotismo. También llamó su atención su propuesta de mayor disciplina en la escuela. Como si la sombra alargada de un coronel la persiguiera.
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