22 de octubre 2004 - 00:00

Verdades y mentiras

Quien alguna vez decida postularse para algún cargo electivo sabe que cualquier mancha en su pasado --por más pequeña que sea será magnificada hasta niveles inimaginables. Si encima ese cargo es el de presidente de la única superpotencia del mundo, entonces se estará ante un conglomerado de acusaciones con fundamentos, e infinitas más sin ningún sustento. George W. Bush y John Kerry son quienes hoy deben soportar dichos y contradichos, aunque conviene apuntar que ellos mismos aportan sus leños para avivar el fuego que quiere quemarlos.

De Bush ya se ha dicho mucho, desde que fue detenido por conducir ebrio (algo que ocurrió efectivamente en 1976) hasta que fue dado de baja prematuramente del ejército, en tiempos de guerra en Vietnam, gracias a los contactos políticos de su familia (sobre esto existen dos constancias: una presentada por el documentalista Michael Moore, que da la razón a estas versiones; la otra -presentada por la Casa Blanca-desmiente todo y demuestra el buen desempeño del actual presidente).

• Transformación

De Kerry se han comenzado a oír sorprendentes versiones -jamás confirmadasque dan cuenta de su supuesta extrema violencia en contra de civiles durante la guerra de Vietnam y de la curiosa forma en la que se transformó en un pacifista. Según insisten sus detractores del grupo Veteranos de Vietnam Contra Kerry, sólo lo hizo para presionar y así obtener medallas militares y para acercarse a estrellas del espectáculo que hacían campaña pacifista como Jane Fonda, con quien -dicenhabría mantenido un affaire.

Para los republicanos, Kerry es una especie de De la Rúa previo al gobierno de la Alianza:
un político del cual no se puede decir mucho porque, según dicen, en sus casi veinte años como congresista sólo ha propuesto seis leyes, entre las que figuran una de protección de los delfines, otra que fija el nombre de un edificio público y una tercera que establece un homenaje a una personalidad.

• Recriminaciones

En cambio, para los demócratas las críticas hacia Bush se centran en su actuación en Irak. Empiezan recriminándole que no construyó una coalición internacional importante para invadir ese país. También le achacan no haber encontrado armas de destrucción masiva. Los partidarios de Bush contestan que sí, que se ha formado una coalición -claro que la misma está compuesta por países como Macedonia, Micronesia o Kazajstán entre tres docenas de países de relativa importancia internacional-. Al mismo tiempo le piden a
Kerry que se ponga de acuerdo consigo mismo ya que -afirmanvotó a favor de las resoluciones del Congreso que determinaban la invasión de Irak y ahora, en campaña, se muestra en contra.

Sin embargo, del lado de Kerry admiten que él votó a favor de la guerra, pero dicen que Bush había prometido otras condiciones económicas y de seguridad para los soldados profesionales y para las familias de los caídos y que nunca las cumplió.

La pelea sigue con cualquier tópico que se quiera tocar.
El que dice no al aborto es retrógrado y el que dice sí es antifamilia. El que quiere restringir la libertad de portar armas está en contra de la seguridad de los norteamericanos y el que está a favor de portarlas libremente es un violento que fomenta los asesinatos de víctimas inocentes. Relajar las leyes de inmigración es abrir las puertas del país a terroristas, y endurecerlas es no permitir el acceso de todos los ciudadanos del mundo al sueño americano.

Son los últimos días de una feroz campaña y el cargo que está en juego es el de presidente del país más importante de la Tierra.

Entonces nadie dice lo que es, sino lo que quiere que sea. Nada es absoluto y todo es discutible, al menos hasta el 2 de noviembre. Después todo será historia.

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