Zimbabue, envuelta en la confusión tras el golpe militar que desplazó al dictador Mugabe
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Mugabe estuvo 37 años en el poder
Terminó por obtener de él, la semana pasada, que destituyera al vicepresidente, Emmerson Mnangagwa, de 75 años, un militante histórico del combate por la independencia, cercano a los militares y presentado hasta ahora como su delfín.
Esta destitución incitó a las Fuerzas Armadas a actuar. El lunes, el jefe de Estado Mayor, el general Constantino Chiwenga, había claramente advertido que sus tropas podrían "intervenir" si la "purga" no cesaba en el partido del presidente.
Señal de que el ejército apunta a los partidarios de Grace Mugabe son las disculpas públicas de unos de sus respaldos.
"Pido sinceramente al general Chiwenga que acepte mis disculpas", declaró el jefe de la Liga Juvenil de Zanu-PF, Kdzai Chipanga, en un mensaje leído en la televisión el miércoles por la noche. "Aún somos jóvenes, aprendemos de nuestros errores".
Los militares se impusieron sin oposición. Sólo hubo alguno disparos la noche del martes cerca de la residencia presidencial.
Mugabe, privado de su libertad, declaró que estaba bien en una conversación con su homólogo sudafricano Jacob Zuma. No comentó la situación ni dio cuenta de sus intenciones. Al día siguiente de la intervención militar los habitantes en Harare seguían una vida normal.
La Unión Africana denunció "lo que parece un golpe de Estado". También exigió "que se restablezca inmediatamente el orden constitucional".
Zuma, fiel apoyo de Mugabe, dijo estar "muy preocupado" por la situación y envió, en nombre de la Comunidad de Desarrollo de África Austral (SADC), organización regional que preside, a Harare a dos de sus ministros para reunirse con Mugabe y con los militares.
El bloque regional organiza además una reunión de emergencia el jueves en Botswana.
El Reino Unido, la ONU o la Unión Europea pidieron cautela a las partes y que se resuelva la situación a través del diálogo.
Derek Matyszak, analista del Instituto de Estudios de Seguridad (ISS) de Pretoria, vaticina negociaciones para una partida de Mugabe y de su esposa.
"Pienso que Mugabe puede quedarse en el país", dijo explicando que "la dificultad, y siempre lo fue para la familia Mugabe, es garantizar la seguridad de Grace a cambio de la partida de Robert".
El ministro de Relaciones Exteriores británico, Boris Johnson, dijo el miércoles que Zimbabue está ante un cambio decisivo. "Es un momento de esperanza", dijo, pero "nadie quiere una transición en la que un tirano es reemplazado por otro".


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