Liliana Rizzo, de las bambalinas de calle Corrientes al norte de Misiones

Municipios

Docente municipal, actriz y directora de teatro, dejó la escena porteña para acompañar a su esposo, el actor Marcelo Calier, en un proyecto para Eldorado.

Hace poco más de un cuarto de siglo y en todo su esplendor, la directora de teatro Liliana Rizzo abandonó su vida actoral en Buenos Aires para instalarse en Eldorado, al norte de Misiones. “Hacia 1998 debía decidir: la familia o las carteleras y bambalinas de la querida ciudad de Buenos Aires y resolví dejar todo y acompañar a mi marido y actor Marcelo Calier en su proyecto en Misiones”, cuenta a Municipios.

A 24 años de esa decisión, Rizzo no se arrepiente, más allá de las dificultades que tuvo que sortear, como ser la falta de trabajo y la mentira de gobernantes de aquellos años que la llevaron a siquiera no tener para comer. Hoy, gracias al tesón, el trabajo y la constancia, disfruta del merecido reconocimiento.

Desde los 14 años sabía que quería estar arriba de los escenarios. Un día llegó a la escuela Santa Rosa del barrio de Caballito, donde estudiaba, una profesora que vino a poner en escena una obra teatral con la que buscaban juntar fondos. “A mí me dieron el papel de una muñeca, pero como me fascinaba la actuación me aprendí todos los papeles de mis compañeras”, recuerda. Después juega el destino: para la segunda función, la protagonista principal se enfermó y como Liliana conocía todos los diálogos, le propusieron el papel de su compañera enferma. “Por supuesto que le contesté que sí. Al día siguiente debuté y así nació mi vocación actoral. Desde que me subí al escenario de la Escuela sabía que no me bajaría más”, subraya.

Esa decisión implicó también enfrentar a su padre que deseaba que siga una carrera universitaria o se reciba de docente. “En cierta forma cumplí con mi padre porque soy docente”, aclara.

Liliana Rizzo se formó, entre otros, con el director Agustín (Andrés Oscar) Alezzo. “La prueba fue un monólogo de no más de una carilla que podía ser de un autor o escrita por nosotros; se me ocurrió contar la experiencia que tuve en la Escuela y logré ingresar entre 200 postulantes”, dice.

Como toda profesión, los comienzos fueron difíciles. Primero la televisión y luego el teatro. En 1975 ingresó a trabajar en Canal 11 para actuar en el programa “La casa, el teatro y usted”. Hasta mediados de la década del 80 hizo apariciones en televisión y después se volcó de lleno al teatro y comenzó a escribir. Se especializó en teatro para niños, con comedias musicales, cuando la convocaron para hacer la vida de Violeta Parra con la dirección de Santiago Doria.

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A Eldorado, sin regreso

Un día, por decisión propia, se apagaron las luces de la gran ciudad y se encendieron las de Eldorado, en el norte de Misiones. “Yo estaba casada con el actor Marcelo Calier (fallecido), que en 1996 comienza con los encuentros de Teatro del Mercosur. Entonces llego como invitada a dictar talleres de teatro a través de la Secretaría de Cultura de la Nación y en 1998 me mudo definitivamente a Eldorado. Por la familia dejé Buenos Aires y vine a Eldorado, me pareció que era muy egoísta de mi parte no acompañar a mi marido, a quien le hacían un contrato laboral importante. Además, mi hija que había estado en esta ciudad se había quedado enamorada”.

Consecuencias

Liliana sabía que dejar Buenos Aires significaba matar a la actriz. Aun así, priorizó la familia. “El panorama laboral que me plantearon en su momento hacía que yo deje Buenos Aires, aunque después, las cosas tuvieron un revés que no esperaba y que hasta nos hizo pasar hambre. No obstante, nunca se me pasó por la cabeza regresar a Buenos Aires. Ser creyente permitió que salgamos adelante. Me encontré en el camino con gente maravillosa”, recuerda.

“Con Marcelo y mi hija Nadia la peleamos, tuvimos que remarla desde abajo y hasta enfrentarnos con el poder político de entonces. En 1999 nació la Escuela de Arte Dramático de Eldorado que continúa en la actualidad. Trabajé mucho con chicos y adolescentes y desde hace cuatro años lo hago con adultos”, recalca.

“En el interín de su funcionamiento se acercó la gente del Instituto Nacional del Teatro que había venido a Eldorado a ver un teatro privado y, a instancias mías, visitaron el Teatro Municipal del Pueblo. Lo recorrieron y uno de los representantes me dijo que arme una asociación civil. Lo hice y comenzó a funcionar la Escuela Municipal Misionera de Arte Dramático Eldorado, la primera que nació en Misiones y la única que trabaja en el teatro en la educación con un sistema de enseñanza para niños, que trabajó con docentes para potenciarlos después en lo que es el teatro en el aula”, cierra.

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