22 de agosto 2026 - 00:00

Claudio Flores, de la USAL: "Las habilidades blandas tienen hoy un valor estratégico enorme"

El decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad del Salvador planteó que la educación debe combinar herramientas tecnológicas con pensamiento crítico, creatividad y habilidades humanas para formar a los profesionales del futuro.

Claudio Flores, decano de la USAL, analiza cómo la inteligencia artificial está transformando la educación, el mercado laboral y las habilidades que demandan las empresas.

Claudio Flores, decano de la USAL, analiza cómo la inteligencia artificial está transformando la educación, el mercado laboral y las habilidades que demandan las empresas.

USAL

La inteligencia artificial (IA), los cambios en el mercado laboral y la necesidad de transformar la educación universitaria atraviesan la entrevista con Claudio Flores, decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad del Salvador (USAL). El especialista analizó qué nuevas habilidades demandan las empresas, cómo cambió el vínculo de los jóvenes con el trabajo y por qué las universidades deben avanzar hacia propuestas más flexibles, programas cortos y de microcredenciales.

En diálogo con Ámbito, Flores reflexionó sobre el impacto de la IA y sostuvo que el desafío de la educación será combinar tecnología con pensamiento crítico, creatividad y formación humana.

Flores: “Hay que romper paradigmas muy profundos”

Periodista: ¿Por qué hoy es importante que un profesional de un área que no necesariamente está vinculada con la economía o los negocios tenga formación en estas disciplinas?

Claudio Flores: Creo que hoy es más importante que nunca porque son competencias genéricas y transversales sobre las cuales determinados profesionales no están profundamente formados. La formación de posgrado viene a complementar la formación de base en la técnica y en las competencias propias de cada profesión, y a completarla con habilidades generales. Por ejemplo, hoy no se puede concebir ningún tipo de profesión sin un manejo profesional de los datos. El big data, que antes era un campo muy cerrado para las áreas de informática y ciencias, hoy es una herramienta necesaria para prácticamente cualquier profesión. En las ciencias de la salud se necesita trabajar cada vez con mayor cantidad de datos. Lo mismo ocurre en los servicios, la logística o la psicología.

Al mismo tiempo, las ciencias blandas son cada vez más requeridas porque lo que falta, o lo que necesitamos para completar esa formación, son habilidades blandas de discernimiento, razonamiento, creatividad y pensamiento lateral y flexible, que son estratégicas. Hoy escuchamos más que nunca que compañías dedicadas al manejo de datos están contratando filósofos para trabajar en sus herramientas y diseñarlas. ¿Por qué? Porque una cosa es conocer la técnica y otra muy distinta es tener la capacidad de razonarla y saber qué hacer con ella. Por eso creo que la formación complementaria es necesaria, como lo fue siempre, pero lo será a una velocidad cada vez mayor porque los cambios son cada vez más rápidos.

P.: ¿Por qué sigue siendo necesaria una formación universitaria?

C.F.: La universidad aporta un marco teórico-conceptual que permite interpretar una situación más allá de una práctica o una ejecución concreta. Los programas que antes eran de mediano o largo plazo empiezan a resentirse no solo por una cuestión de gustos o intereses de quienes acceden, sino también por la desactualización que sufren con el paso del tiempo. Por eso se necesitan programas cortos y de aplicación inmediata. Por ejemplo, en una materia que se llama Compensaciones y Beneficios, mis alumnos me decían: “¿Por qué tengo que leer tanto, estudiar tanto y profundizar tanto para elaborar una política de compensación?”. Yo les decía que, si querían, podía recomendarles 20 lugares donde hacer un curso de una semana y aprender a escribir una política.

Ahora bien, todo lo que uno necesita preguntarse para aplicar esa política y todo el diagnóstico necesario para implementarla no se obtiene en un curso. No hay dos compañías u organizaciones exactamente iguales, por lo que no puedo aplicar exactamente lo mismo en todas. El profesional está formado para poder hacer ese diagnóstico y adaptar el conocimiento a cada situación.

Programas cortos, microcredenciales, inteligencia artificial y habilidades blandas: las claves que, según Claudio Flores, marcarán el futuro de la formación profesional.

Programas cortos, microcredenciales, inteligencia artificial y habilidades blandas: las claves que, según Claudio Flores, marcarán el futuro de la formación profesional.

El impacto de la IA

P.: ¿Cómo impactó la inteligencia artificial en la educación y en la formación profesional?

C.F.: La ciencia de datos hoy puede resolver justamente el procesamiento de información, pero hay que alimentarla de alguna manera y, sobre todo, hay que saber interpretar sus resultados. La humanidad atravesó un primer gran cambio con la Revolución Industrial, cuando las máquinas reemplazaron, al menos en gran parte, la fuerza del hombre. Luego llegó la computación, que reemplazó el procesamiento de datos, las planillas y muchas otras tareas. Hoy la inteligencia artificial no busca solamente reemplazar procesos, sino generar información a partir de información de base. En cierto modo, intenta avanzar sobre actividades que asociamos con el pensamiento, aunque todavía no puede reemplazarlo.

La gran diferencia con los cambios tecnológicos anteriores son los tiempos. Desde la Revolución Industrial hasta la computación pasaron décadas. Después llegó Internet, que fue otro gran hito. Pero la inteligencia artificial no irrumpió como una tecnología que uno aprende a utilizar y listo. Se desarrolla todos los días. Todo cambia permanentemente. Cuando creíamos que podíamos trabajar con una sola herramienta, aparecieron los multiagentes, que nos obligan a trabajar con varias herramientas al mismo tiempo. En el medio también se desarrolló la computación cuántica, que puede revolucionar la forma de procesar información. Entonces, ¿cómo se educa y cómo se forma en este contexto? Hay que romper paradigmas muy profundos.

P.: La pandemia aceleró la transformación de la educación. ¿Qué cambió realmente en las formas de enseñar?

C.F.: La pandemia nos dio un ejemplo muy reciente en materia educativa. Nos paralizó a todos y tuvimos que empezar a dar clases de una manera que no se venía utilizando. ¿Cuál fue nuestra reacción instintiva? Intentar trasladar el aula física al aula virtual. Pero el escenario era completamente distinto. Por eso, el tema no es solamente un cambio de tecnología: es un cambio de paradigma y un cambio cultural. Y por eso es tan difícil.

Lo que estamos cambiando son las pedagogías, las formas de enseñar. Tenemos que entender que hoy una máquina puede realizar buena parte del procesamiento de datos y de información. Nosotros tenemos que dedicar el tiempo restante a pensar, razonar y crear. Eso es más difícil. Hacer una cuenta, una vez que uno aprende el mecanismo, es sencillo. El verdadero desafío es saber cómo aplicar ese conocimiento a situaciones prácticas para generar un resultado. Por eso, desde nuestra universidad brindamos formación en esas herramientas, pero al mismo tiempo redoblamos la formación en cuestiones vinculadas con lo emocional, lo humano y la interacción entre las personas, que siguen siendo claves para la economía y para hacer negocios.

P.: ¿Qué buscan actualmente las empresas en los profesionales?

C.F.: Nosotros nos reunimos, como casi todas las casas de estudio, con empresarios y colegas de distintas ramas de las ciencias económicas y empresariales. Y hay una diferencia importante según el perfil profesional. Si hablamos de quienes van a tener sus primeras experiencias laborales, es una cosa. Pero si hablamos de posgrados y formación ejecutiva, el gran desafío es cómo liderar equipos heterogéneos y multidisciplinarios. Y vuelvo a insistir: también habrá que liderar equipos en los que convivan personas con agentes tecnológicos.

Tenemos programas bastante disruptivos para las propuestas tradicionales. Uno de ellos es la Maestría en Coaching y Cambio Organizacional, que trabaja sobre liderazgo exponencial, liderazgo emocional y competencias transversales como la escucha activa. Los modelos de conversación son los que marcan la diferencia. ¿Qué quieren las empresas? Profesionales que dominen su área de especialización, pero que también sepan articular escenarios complejos y difíciles. Volvemos nuevamente a lo mismo: necesitamos formar en discernimiento, capacidad de pensamiento y creatividad.

Claudio Flores analiza el futuro de la educación superior, la demanda de nuevos perfiles profesionales y el impacto de la IA en las empresas y en las aulas.

Claudio Flores analiza el futuro de la educación superior, la demanda de nuevos perfiles profesionales y el impacto de la IA en las empresas y en las aulas.

P.: ¿Cuál es la explicación de ese proceso de readaptación de las casas de estudio al nuevo escenario?

C.F.: Estamos interpelados por muchas cuestiones y un verdadero líder tiene que saber trabajar con todas esas habilidades y personalidades. Las empresas nos dicen: “Queremos formar gente en ciberseguridad”, “queremos un posgrado en recursos humanos”. Perfecto. Pero después aparece una segunda demanda: “Queremos que lo apliquen”. No quieren solamente que aprendan una técnica. Quieren saber cómo van a utilizarla.

Por eso implementamos desde el año pasado programas de formación corta, algunos desarrollados en colaboración con universidades extranjeras. Tenemos, por ejemplo, programas vinculados con "power skills" y otros relacionados con conducción y liderazgo emocional. Eso es lo que nos piden. Las carreras de base ya forman a los profesionales en su técnica. Los cursos y las microcredenciales también pueden aportar conocimientos específicos. Pero falta esa otra parte. Por eso, sobre todo en las funciones ejecutivas, lejos de desaparecer, el valor humano va a ser cada vez más importante.

P.: ¿Qué observan hoy en las aulas? ¿Qué inquietudes tienen los alumnos y hacia dónde orientan sus expectativas?

C.F.: Creo que los más jóvenes manifiestan, fundamentalmente, que quieren una mejor calidad de vida. Cuando uno desmenuza qué significa para ellos calidad de vida laboral y social, aparece la posibilidad de sentirse desarrollados en lo que les gusta, encontrar aquello que los apasiona y disponer de sus propios tiempos. También hay un nivel de compromiso de mediano y largo plazo mucho menor que el que existía antes. Ya no es tan habitual encontrar personas que permanezcan 20, 30 o 40 años en una compañía. Los índices de rotación son cada vez mayores.

¿Qué piden los jóvenes? En primer lugar, dominio de la técnica, porque es lo que les va a permitir ingresar al mercado laboral. Si se van a dedicar a comercialización, quieren conocer las tecnologías que se utilizan en marketing. Lo mismo ocurre en recursos humanos, economía, actuaría y otras disciplinas. En los profesionales que ya están avanzados en su desarrollo y carrera ocurre algo similar a lo que venimos hablando: quienes vienen de las habilidades blandas comienzan a querer formarse en habilidades duras, y quienes vienen de las duras buscan incorporar habilidades blandas.

Desafíos y oportunidades

P.: ¿Qué desafíos y oportunidades ve hoy para los negocios y para la formación de los futuros líderes, teniendo en cuenta la coyuntura argentina y los cambios globales?

C.F.: Creo que el escenario es desafiante, pero nosotros vemos el panorama de manera positiva. Donde hoy aparentemente aparecen dificultades, también hay muchas oportunidades en materia de formación. El norte que veo es avanzar hacia programas cortos, flexibles y con un fuerte contenido tecnológico, pero con un complemento muy importante de humanidad. No en un sentido romántico, sino en el sentido de desarrollar un enfoque que permita el discernimiento y el pensamiento. No se trata solamente de entrenar en técnicas específicas. Hoy tenemos que pensar mucho más ampliamente.

Actualmente existen cerca de 100 inteligencias artificiales diferentes para distintas aplicaciones. La pregunta es cómo vamos a combinarlas. El desafío es flexibilizar nuestros programas dentro de lo que permite la legislación educativa argentina, avanzar hacia programas cortos, como las microcredenciales, y desarrollar un sistema de créditos que permita la movilidad del conocimiento y que esos créditos puedan ser acumulables para obtener títulos de un nivel superior, tanto en Argentina como en el exterior. La internacionalización siempre fue importante en la formación, pero cada vez podemos cerrarnos menos.

P.: ¿Cómo se diferencia una propuesta educativa en un mercado cada vez más competitivo?

C.F:: El desafío es generar programas disruptivos, porque muchas propuestas existentes se transformaron en commodities. Hay que encontrar nichos de necesidad y formar profesionalmente a las personas en esas necesidades. Hoy los centros de educación tienen que moverse hacia los aspirantes, con propuestas más flexibles y adaptadas a una demanda que cambió. Las certificaciones y los programas cortos van a generar una demanda que obliga a las universidades a ser más creativas. Cada institución tiene que conocer su mercado, su cultura y su público, y formar personas capaces de adaptarse a sectores con necesidades específicas.

En ese marco, trabajamos mucho con asociaciones de empresas pymes y nos acercamos a distintas organizaciones empresariales. A partir de ese vínculo desarrollamos una diplomatura que funciona, de alguna manera, como una especie de “micro-MBA” para empresas pymes. ¿Qué incluye? Finanzas, costos, marketing, tecnología y recursos humanos. Son herramientas muy concretas que una pyme necesita. Cómo hacer un plan de marketing, qué tener en cuenta, cómo elaborar una matriz de costos, cómo planificar las finanzas, incluso cuando la empresa tiene un contador, es importante que sus responsables sepan interpretar y manejar esa información.

P.: ¿Cómo debería ser entonces la educación en la era de la inteligencia artificial?

C.F.: Recuerdo a un profesor que tuve hace muchos años, que dictaba Filosofía Antropológica. Él hablaba de un término que me quedó grabado: la antropotecnología. La idea era pensar la tecnología al servicio de la humanidad. Nos contaba el ejemplo de una comunidad indígena de una localidad del interior de México, en la que el cacique le pidió al gobernador herramientas para trabajar el campo. El gobernador, sabiendo que era una comunidad seria y próspera, envió tractores, cosechadoras y otras máquinas. Pero el cacique respondió: “No, yo necesito pico, pala, bueyes, carros y ruedas”. ¿Por qué? Porque si le daban tractores y cosechadoras, ¿qué iba a hacer su gente?

Es una pregunta muy simple, pero hoy nos obliga a pensar qué va a hacer la gente con la tecnología: va a crear, desarrollar, humanizar, entender e interpretar. Ese es el desafío. La tecnología nos simplificó muchas cosas, pero nos complicó otras porque transmitir ese conocimiento es mucho más complejo que desarrollar una tecnología. Los educadores y formadores tienen que asimilar ese conocimiento para poder transmitirlo. Nuestra educación se basó durante muchos años en una formación unidireccional. Después fue cambiando y ahora estamos frente a un nuevo cambio de paradigma.

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