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1 de octubre 2026 - 12:30

El regreso del CD: por qué el formato físico vuelve a crecer en EE.UU. y Latinoamérica

Los discos compactos volvieron a registrar un fuerte crecimiento en Estados Unidos y también muestran señales de recuperación en mercados latinoamericanos.

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El fenómeno alcanza a jóvenes coleccionistas y fanáticos del K-pop, mientras las disquerías de Argentina, Chile y México registran mayor demanda.

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El CD parecía destinado a quedar como una memoria de los 90 y los primeros años de los 2000. El streaming cambió por completo la forma de escuchar música y el vinilo se convirtió en el formato físico elegido por quienes buscaban recuperar la experiencia de comprar un disco. Pero en 2026 apareció un dato que sorprende: las ventas de CDs están creciendo otra vez.

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En Estados Unidos, aumentaron 16% durante el primer semestre de 2026, hasta alcanzar 16,3 millones de unidades. Pero el fenómeno no se limita al mercado estadounidense. Disquerías de Argentina, Chile y México están viendo una mayor demanda, especialmente entre consumidores jóvenes. El precio, las ediciones especiales y el K-pop aparecen entre las razones que ayudan a explicar este regreso.

El aumento en las ventas físicas de música

El crecimiento de los CDs se desarrolla dentro de una recuperación más grande de los formatos físicos. Según la Federación Internacional de la Industria Fonográfica (IFPI), los ingresos mundiales de música grabada en formatos físicos crecieron 8% durante 2025, impulsados principalmente por la demanda de productos tangibles y por el crecimiento del vinilo.

El caso estadounidense es particularmente llamativo porque el compacto está creciendo a un ritmo mayor que otros formatos físicos. Durante los primeros seis meses de 2026 se vendieron 16,3 millones de CDs en el país, mientras que las ventas de vinilos llegaron a 21,8 millones de unidades. El vinilo todavía vendió más copias, pero el ritmo de crecimiento del CD fue mucho más grande.

Si bien el fenómeno esta sumamente ligado al K-pop, industria que todavía se apoya en los formatos físicos, no depende exclusivamente del género. Si se excluyen las ventas relacionadas con este sector, las ventas de CDs en Estados Unidos igualmente aumentaron 6,7% interanual durante el primer semestre, con una particularidad: alrededor de la mitad de los integrantes de la Generación Z y los millennials que compran CDs ni siquiera tienen un reproductor para escucharlos.

Ese dato cambia la lectura del fenómeno. El CD ya no se compra solamente para reproducir música. Para una parte de los consumidores funciona como un objeto físico relacionado con un artista, una época o una colección.

La situación también muestra que la vuelta del compacto no significa que el streaming esté perdiendo su lugar. El informe de IFPI señala que las plataformas de streaming pago generaron el 52,4% de los ingresos mundiales de música grabada durante 2025.

En América Latina, la participación del streaming fue todavía mayor: representó el 88,1% de los ingresos musicales de la región. Por eso, el CD ocupa un espacio diferente. La mayoría de los usuarios puede escuchar una canción en Spotify, YouTube o Apple Music y, al mismo tiempo, comprar el álbum físico de un artista que le interesa.

EE.UU. y América Latina: ¿quiénes lideran el consumo de CDs en la región?

Estados Unidos nos presenta el dato más conciso sobre el crecimiento de los compactos. Ahí, el aumento del 16% durante el primer semestre de 2026 llevó las ventas a 16,3 millones de unidades. Por su lado, el mercado latinoamericano sigue teniendo una dependencia muy fuerte del streaming.

La IFPI informó que la región creció 17,1% en ingresos de música grabada durante 2025 y que Brasil y México se consolidaron como dos de sus principales mercados: Brasil creció 14,1% y México 13,3%.

Pero las señales que llegan desde las disquerías son importantes. En Argentina, Chile y México, comerciantes del sector están recibiendo nuevamente más consultas y ventas de CDs, incluso entre adolescentes y jóvenes. En Buenos Aires, Luis Correa, dueño de la disquería Kili, aseguró que durante el último tiempo registró un repunte importante de las ventas del formato y que volvió a ampliar su stock.

Según su experiencia, entre los compradores jóvenes hay un interés fuerte por el rock nacional. Pero, si nos alejamos un poco, la situación cambia: el género con mayor demanda entre jóvenes y adolescentes en formato físico es el K-pop.

Los factores clave detrás del resurgimiento: ediciones especiales y merchandising

Una de las claves está en la forma en la que actualmente se comercializan algunos álbumes. El CD ya no es más solamente un soporte para escuchar canciones y pasó a formar parte de la experiencia de los fans. El ejemplo más claro aparece en el K-pop.

Los artistas y empresas suelen lanzar distintas versiones del mismo álbum, con diseños diferentes, photocards, libros de fotos y otros elementos exclusivos. Para un fan, comprar varias ediciones no significa tener varias veces el mismo producto: cada versión puede tener un contenido o coleccionable diferente.

El precio también juega a favor del compacto. En comparación con un vinilo, un CD suele ser más accesible. Por el precio de un vinilo se pueden comprar varios CDs, una diferencia que puede ser fundamental para alguien que recién empieza una colección. También aparece un componente de nostalgia, aunque no alcanza para explicar por sí solo el fenómeno.

Y ahí aparece una cuestión generacional. Cerca de la mitad de los compradores de CDs pertenecientes a la Generación Z y los millennials no tiene un reproductor para escucharlos. El objeto, entonces, tiene un valor propio, una mística díficil de encontrar en lo digital. Tener la caja, el arte de tapa, el librito y una edición particular permite construir una colección que no existe en el celular.

El formato vuelve, pero en otro contexto: el streaming sigue siendo la principal forma de escuchar música y el compacto funciona como una pieza de colección, merchandising y vínculo directo entre el artista y sus seguidores. El CD, lejos de desaparecer, parece encontrar un nuevo lugar. Puede ser un objeto que el público compra precisamente porque la música dejó de necesitar un objeto físico para existir.

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