Con más de 20 años de experiencia, Branson es una las naves insignias en el mercado del real estate. La firma, que pertenece a la familia Koifman, inauguró a fines del año pasado Lex Tower, uno de sus proyectos más ambiciosos. Se trata de una imponente torre vidriada de oficinas, con tecnología de última generación, ubicada en avenida Corrientes y Paraná.
Hugo Koifman, de Branson: "Las oficinas son un producto que va a ser demandado"
El CEO de la desarrolladora analizó la actualidad del mercado de real estate y los cambios que introdujo la pandemia. Además, destacó la puesta en funcionamiento de su torre de oficinas Lex Tower.
-
Por la fuerte suba del gasoil, el transporte de cargas alerta que peligra toda la cadena de abastecimiento nacional
-
De 400 millones a la ruina: la leyenda de la TV que perdió toda su fortuna tras ser acusado de delitos irreproducibles
Hugo Koifman.
Lex Tower cuenta, además, con 31 pisos, dos locales comerciales en su base, gimnasio, sala de reuniones y un skybar con una vista privilegiada de la ciudad. "Nos sentimos con mucho orgullo de haberlo realizado y hoy en día está dando frutos económicos también", destaca el CEO de Branson, Hugo Koifman, en diálogo con Ámbito.
Periodista: ¿En qué momento se encuentra Branson?
Hugo Koifman: La pandemia me hizo reflexionar y cambiar un montón de cosas acerca de cómo quiero hacer los negocios. Argentina, como todos sabemos, es un país bastante difícil y estresante, por lo que la idea es hacer negocios sanos, con gente sana, con mucho foco en el cliente, en los empleados y en los colaboradores. Divertirme en el proyecto, pasarla bien, hacer proyectos que me gusten, tratando de tener un track record que me permita por muchos años seguir haciendo cosas y que la gente siga confiando en mí y en la empresa.
P.: Hacés mucha referencia al vínculo con el cliente, ¿creés que es un diferencial de la empresa?
H.K.: Todo el mundo intenta tener una relación de mucha presencia con el cliente, porque la compra de un inmueble, sobre todo de departamentos, es una compra muy emocional: es donde uno va a vivir, donde uno planifica su vida con su familia. Pospandemia me di cuenta de la importancia de poner más foco en esto, de mejorar los procesos y el relacionamiento con los clientes. La clave es acompañar al cliente en todo el proceso, entendiendo que es una compra que implica muchas emociones, muchos miedos, muchas dudas, incertidumbre.
P.: ¿Cómo se trabaja con esas emociones?
H.K.: Es difícil. Lo primero es informar, ser claro con lo que uno vende: qué es lo que uno ofrece, cómo lo va a entregar, cómo lo va a terminar. Después, la comunicación. La comunicación mensual o muy seguida hace que el cliente vea el proceso de la obra y vaya bajando las expectativas y las emociones. Más allá de recibir consultas, es importante informar; llamar a la persona, saber de su familia, ver cómo está, qué cuenta. Es dar un pasito más. Estamos lejos de ser perfectos en eso, pero estamos tratando de llegar a ese mejor relacionamiento.
P.: ¿Cambiaron los clientes después de la pandemia?
H.K.: Yo creo que todos cambiamos. En lo que respecta a las oficinas, lo que existe ahora es el trabajo híbrido. No existe el trabajo presencial o el home office: está este intermedio, donde las empresas entienden que hay gente que se siente cómoda de una manera y gente que se siente cómoda de la otra. También se entiende que, dependiendo la empresa, la eficiencia se da con más presencia en la oficina o con menos. Estamos todos tratando de encontrar ese equilibrio. El equilibrio implica una flexibilidad, pero más que nada generar el entorno para que la persona quiera ir a la oficina, quiera relacionarse con sus pares y quiera generar un ambiente de mejor continua.
P.: Eso en el plano laboral, ¿qué cambió en el plano residencial?
H.K.: Hubo muchos cambios. Hay dos variantes. Una es la variante argentina, donde cada vez se hace más complicado para una persona acceder a un inmueble, por lo cual se tiende a hacer inmuebles más chicos, para que el valor sea más accesible para una población mayor. Lo que debemos hacer es generar los mecanismos para que todo el mundo pueda acceder a la compra de la vivienda. Después, está el mundo nómade, que es un montón de gente joven más que nada que se dio cuenta que puede vivir en cualquier lado, en cualquier ciudad. Está muy de moda la gente viviendo en los countrys, pero también está de moda la gente yendo al sur o a la costa. Los proyectos están mutando para recibir a ese público, que es un público que tal vez va a comprar o, en muchos casos, va a alquilar, entonces se genera una posible inversión para un inversor y una solución para el usuario, que puede vivir tres meses en Pinamar, cuatro en Bariloche o en donde sea.
P.: A partir de la pandemia, el hogar pasó a ser un espacio multifuncional. ¿Qué desafío les plantea esto a los desarrolladores?
H.K.: La pandemia hizo que la gente quiera disfrutar un poco más. Empezó a darle otro valor a la vida. Parte de ese disfrute es estar cómodo donde uno está, tener servicios. Los servicios no solamente son una pileta o un gimnasio. Nosotros acá, en Lex Tower, tenemos servicio de conserjería, de paquetes, todo lo que hace que la experiencia del usuario sea lo más cómoda posible. Traducir una expensa en un gasto no es lo más acertado. Nosotros tratamos que la expensa sea vista una inversión y que tenga un rédito ese dinero que se invierte mensualmente por un servicio que uno recibe en su lugar de trabajo o en su vivienda.
P.: ¿Cómo surgió la posibilidad de construir Lex Tower?
H.K.: Fue una historia bastante particular. Nosotros no estábamos enfocados en la compra de un inmueble para oficinas en esta ubicación. Cuando aparece la oportunidad, analizamos la ubicación y el mercado de oficinas. Vimos que había una necesidad fantástica de tener un producto de categoría y de volumen como este en esta zona. Ahí, en 2011, nos embarcamos. Como estaban construidos los subsuelos, nosotros construimos de planta baja para arriba y refaccionamos la parte de abajo. En el proceso, estaba la opción de hacer un hotel; la mitad hotel, la mitad oficinas. Nos definimos por hacer un edificio de oficinas, con mucho foco en la imagen. Por eso el gran hall de entrada y los grandes locales en planta baja. Se optó por oficinas que sean flexibles, que le permitan a una gran empresa mudarse, o a un individuo que tenga una pyme o una empresa más pequeña que quiera tener los servicios de Lex Tower. Hoy, afortunadamente, el valor del alquiler en la Argentina está dentro de todo subvencionado, porque se alquila en dólares al tipo de cambio oficial. Para una persona o una empresa mudarse a Lex Tower se hace posible. Es una gran oportunidad que tal vez dentro de tres o cuatro años, cuando tengamos un tipo de cambio más competitivo, se vuelva un poquito más caro.
P.: Hoy, con Lex Tower en pleno funcionamiento, ¿qué balance hacen?
H.K.: Estamos muy contentos. Nosotros mudamos nuestras oficinas a la torre. La sentimos como una especie de hijo, más allá de los dos que ya tengo. Somos una empresa familiar. Tanto mi padre como yo caminamos los pasillos, miramos los detalles, el mantenimiento, el día a día. Tenemos una relación con los clientes. La verdad, me gusta. Parte de esta ecuación pospandemia es hacer cosas que me divierten, que me gustan y que me dan placer. Lo sentimos como algo muy propio, más allá de que uno va a vender, alquilar o desprenderse, porque es un activo al fin y al cabo. Nos sentimos con mucho orgullo de haberlo realizado y hoy en día está dando frutos económicos también.
P.: ¿Por qué se inclinaron por hacer oficinas?
H.K.: A pesar de alguna gente opine diferente, para mí las oficinas, previo a la pandemia y pospandemia, son un producto necesario, que va a ser demandado. Simplemente están pasando por una crisis existencial. En las ciudades del mundo, los buenos edificios van a subsistir y, aparte de subsistir, se van a ver fortalecidos. Este tipo de edificios van a generar una fidelización muy importante. Sí el mercado se ve afectado actualmente, pero este edificio, por la categoría, por la vista, por la certificación líder y la calidad de ascensores, va a permitir que los usuarios que quieran tener una oficina con estas cualidades elijan a Lex. Edificios como Lex en la ciudad hay poquitos.
P.: Una oferta que arrastre a la demanda.
H.K.: Creo que sí. Uno ve en ciudades de EEUU y Europa que las oficinas andan muy bien. Son algunos edificios, en algunas partes; el resto sí la está pasando mal. Los que queden y tengan un diferencial son los que van a subsistir y van a tener buenos resultados. Estamos viendo para hacer otros edificios de oficinas. Otras empresas y colegas nuestros también están viendo para hacer oficinas. Con el plan de la Ciudad, el microcentro se está convirtiendo a residencial. Eso va a sacar un montón de oficinas viejas del mapa. Lo que va a tender a pasar es que va a haber menos metros, pero metros nuevos. El que quiera una oficina de categoría va a caer en este tipo de edificios.
P.: ¿Les interesa explotar la zona del centro o se vuelcan por lugares más periféricos?
H.K.: A mí la zona me gusta, veo que tiene mucho potencial. Tiene mucho potencial residencial también. El problema que tiene Buenos Aires es que la mayoría de los edificios están hechos en propiedad horizontal. En otras ciudades, uno ve que hay un desarrollador que compra un edificio existente y lo refacciona, o lo demuele y hace uno nuevo. Acá es difícil hacer eso porque hay muchos propietarios y hay poquito terreno a la venta. Yo creo que tanto la zona de Tribunales (macrocentro) y la zona del microcentro, en un lapso de cinco años, se van a ver muy beneficiadas y le van a dar la posibilidad a mucha gente que hoy no puede acceder a un departamento. Incidencias de tierra más bajas, como tiene el microcentro, van a permitir que gente joven, que no tiene la posibilidad, pueda acceder a una propiedad.
P.: ¿Cuál es el gran desafío de Branson para lo que resta del 2023?
H.K.: El gran desafío es poder generar el ritmo de ventas continuas que permitan la posibilidad de tener proyecto tras proyecto. Este año estamos terminando el edificio de Mine del Pino en Virrey del Pino y O'Higgins. El foco es terminarlo antes de fin de año, entregarlo y que la gente se pueda mudar y hacer uso de esa propiedad. Estamos con nuevos proyectos que queremos comenzar en este segundo semestre. Uno es Mine Migueletes, en Migueletes y Olazábal. Tenemos para arrancar el próximo mes. Otro, también residencial, es en Luis María Campos y Ortega y Gasset, con locales. Ese proyecto tiene algo muy interesante, que son los departamentos flexibles. Son departamentos que tienen dos entradas. Una para entrar al departamento, y otra para entrar un estudio independiente, que tiene un hall chico. Ese tipo de unidades le va a venir bien por ejemplo a doctores, psicólogos. Mucha gente que trabaja en su casa, pero que necesita una independencia de su familia. Estos departamentos con estudio independiente creo que van a tener muy buen resultado.
P.: ¿Qué visión tenés del futuro próximo?
H.K.: En general, soy optimista. Más allá de todos los bolonquis que hay, en la Ciudad y en Argentina hay muchas posibilidades. Más allá de las situaciones coyunturales, políticas y económicas, la gente sigue invirtiendo en el país. Los compradores siguen comprando metros. El metro cuadrado es muy emocional, muy personal. En EEUU está muy desarrollada la industria de las acciones, de los bonos. Acá, poca gente invierte en acciones o bonos, porque no es un tema cultural. La gente no está acostumbrada y sí está acostumbrada al metro cuadrado. Muchos padres prefieren dejarles a los hijos propiedades o un departamento en vez de plata. Esa cuestión cultural de Argentina creo que hace que el mercado siga creciendo y en movimiento.
P.: Este es un año electoral. ¿Qué agenda te gustaría que se desarrollara en los años próximos?
H.K.: La cuestión política es muy delicada. Sin entrar en eso, lo fundamental para nuestro rubro es la financiación. Y no tanto para el constructor sino para el comprador. Si se logra disponer de dinero, sea vía banco, vía Gobierno o estabilidad macro, que sería lo ideal, hay una gran posibilidad haciendo las cosas bien. Hay una gran demanda de gente que quiere comprar una vivienda. Hoy alquilar es un problemón por la legislación que hay. Para entrar a alquilar un departamento te piden muchos depósitos, garantías. Es mucho dinero que tal vez la gente no tiene para gastarlo, pero sí podría pagarlo en la cuota de un préstamo hipotecario. Si fondos públicos o públicos y privados van orientados a la financiación de inmuebles, creo que el mercado mejoraría un montón y la coyuntura habitacional mejoraría un montón.
Después, obviamente, el tipo de cambio, la inflación. Los argentinos somos medio locos o sobrevivientes. Tenemos listas de precios que cambian todas las semanas; todos los días por tipo de cambio. Uno ya se acostumbra. No es solo el empresario: todos tenemos esa capacidad de adaptación que, si se ordenan un poquito los planetas, no te digo la panacea, solo un poquito de orden. Ya con eso la Argentina andaría muy bien. Hay mucha gente que cree que la Argentina va a andar bien. Hay mucha gente que cree que el mercado financiero es la antesala a un crecimiento económico y los últimos meses fueron muy buenos para las acciones y los bonos -sobre todo para las acciones-. Crucemos los dedos y, gane el que gane, esperemos que nos dejen a nosotros trabajar en paz y estar tranquilos, que es lo que la gente quiere.
- Temas
- Oficinas
- real estate
- Inmuebles






Dejá tu comentario