9 de enero 2026 - 12:30

Perdió millones en criptomonedas cuando el dueño de su alquiler tiró todas sus pertenencias

Un papel, una mudanza y un error de seguridad: el caso que expone por qué una fortuna de millones en criptomonedas puede depender de un simple descuido.

Un estuche de pesca y una limpieza apurada: el rastro más improbable detrás de una fortuna digital que quedó fuera de alcance.

Un estuche de pesca y una limpieza apurada: el rastro más improbable detrás de una fortuna digital que quedó fuera de alcance.

Imagen: Freepik

Las historias de claves perdidas son el lado B de las criptomonedas: sin una copia, la billetera se vuelve una caja fuerte sin llave. Eso le pasó a un irlandés que creyó haber hecho una jugada millonaria: terminó perdiendo millones en bitcoin por un descuido doméstico.

Detrás del golpe hay una cadena de decisiones, miedos y mala suerte. Y también una pregunta incómoda: ¿cuánto vale, de verdad, una fortuna digital si el acceso depende de un papel que puede desaparecer con una mudanza?

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Una hoja con claves privadas, guardada como si fuera un papel cualquiera: así se puede evaporar una fortuna de millones en criptomonedas.

Una hoja con claves privadas, guardada como si fuera un papel cualquiera: así se puede evaporar una fortuna de millones en criptomonedas.

La historia de Clifton Collins y las criptomonedas

El protagonista fue Clifton Collins, un hombre de Irlanda que, entre 2011 y 2012, compró bitcoins con dinero que obtuvo del cultivo y venta de cannabis. En ese momento, la moneda digital costaba apenas unos dólares y la apuesta parecía menor; con los años, el número se volvió gigante.

Cuando el valor de sus activos creció, Collins se preocupó por la seguridad. Temía que un hacker entrara a su cuenta principal, así que tomó una decisión que muchos usuarios de criptos repiten: repartió el capital para reducir riesgos. Armó 12 monederos en línea y movió 500 bitcoins a cada uno, como si fueran 12 cajas fuertes distintas.

El problema no fue la estrategia, sino el método para guardar el acceso. Para no depender de archivos digitales, imprimió en una hoja A4 los códigos de esas cuentas: sus claves privadas. Después escondió ese papel dentro de una tapa de aluminio, en el maletín donde guardaba su caña de pescar.

Esa caja quedó en su casa alquilada en Farnaught, cerca de Cornamona, en el condado de Galway, en la costa oeste irlandesa. Incluso en los detalles de su vida cotidiana aparecía el contraste: con parte de su dinero se compró un autogiro biplaza y pagó clases para aprender a pilotarlo, mientras el “tesoro” real descansaba en un escondite tan precario como silencioso.

Problemas con la Ley y millones perdidos

El giro decisivo llegó en 2017: la policía lo detuvo tras encontrar cannabis en su auto y la Justicia lo condenó a cinco años de cárcel. A partir de ahí, la historia cambió de manos. El dueño del alquiler ordenó limpiar la vivienda y varias pertenencias terminaron en un vertedero del condado.

Según reconstruyó la Garda (policía de Irlanda), en ese descarte también se fue el estuche de pesca con el papel impreso. Trabajadores del basural declararon que recordaban haber visto elementos de pesca entre los objetos tirados, pero los residuos se enviaban a Alemania y China para incineración.

En paralelo, la Oficina de Bienes Delictivos (CAB) incautó las 12 cuentas que guardaban los 6.000 bitcoins: el botín quedaba registrado, pero inaccesible. En una estimación, el monto rondaba los 53,6 millones de euros; en otra, superaba los 58 millones de dólares. Collins lo resumió como un castigo por su propia estupidez: sin códigos, no hubo vuelta atrás.

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