En el Siglo XVIII las reglas eran distintas a las de ahora. Por ejemplo, los libros eran un objeto que sólo estaba disponible para las clases altas, un elemento que denotaba poder y riqueza. Al mismo tiempo que esto sucedía, James Lackington aprendía el refinado arte del zapatero de la mano de su padre.
Quién es James Lackington, el hombre que se hizo millonario gracias a su pasión por los libros
Iniciado en la zapatería, es el creador de la librería moderna. Cómo fue su vida y cuál es su legado.
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El hombre que fue zapatero y luego millonario gracias a su librería.
A la vez, este niño ya había demostrado su alma de empresario, ya que vendía comida en las calles de Wellington con diez años. Si bien ejerció la profesión heredada, decidió dar un importante giro y fue a ganarse la vida a Londres con veinticinco.
Lector autodidacta, Lackington tenía una visión que difería del pensamiento común de la época. Con el escaso dinero que tenía, pudo abrir una librería/zapatería con la que comenzó a llamar la atención. Y es que no discriminaba a sus compradores y vendía a quien estuviera interesado en alguno de sus libros, o como él los llamaba, una herramienta para la felicidad.
Los cambios que Lackington introdujo a su librería
La fama de "El Templo de las Musas" no sólo llegó por la filosofía de Lackington, sino por las revolucionarias modificaciones que trajo al modelo de librería para modernizarla por completo. Por un lado, los libros eran tratados como joyas en aquel entonces, y nadie podía ni siquiera tocarlos. El librero cambió este paradigma, y permitió a sus clientes ojear la cantidad de páginas necesarias para confirmar la compra que iban a hacer. Incluso preparó salas de lectura para ese fin.
La disposición de los libros fue otro invento de Lackington, quien en su librería de cuatro pisos situó los más baratos en lo más alto, con el objetivo de que los clientes recorriesen todo el local en busca de buenos precios. Asimismo, dejó los best-sellers en la entrada para que estén más a mano.
Por otra parte, Lackington también economizó los libros, medida que enfureció a sus competidores. Y no solo bajó los precios, sino que desterró otra costumbre de quemar libros remanentes. En cambio, los salvó y puso a la venta por precios ridículos. Además, eliminó la venta de libros con plazos e intereses, lo que le aportó dinero líquido para poder seguir comprando nuevos libros.
Su idea de una librería para todos se hizo realidad. Otros locales debieron adaptarse a sus reglas y logró que los libros salgan del hermético círculo de los ricos. Hasta incluso se animó a lanzar una tirada de una obra desconocida para el momento: era Frankestein de Mary Shelly.
"El Templo de las Musas" se convirtió en un sitio histórico, y pasó a manos de un familiar de Lackinton, cuando él estaba atravesando sus últimos años de vida. Finalmente, la librería se prendió fuego y nunca fue restaurada. Pero hoy en día, si nos acercamos a una librería, podremos acariciar esas páginas nuevas sin tapujos sabiendo que el trabajo de Lackinton valió la pena.
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