El negocio global de las series en formato vertical, diseñadas para ser consumidas en celulares, suma nuevos protagonistas y comienza a consolidar un ecosistema propio en la Argentina, con startups locales, productoras tradicionales reconvertidas y plataformas internacionales que buscan capturar una audiencia en expansión.
Series verticales: el formato para ver en celulares se expande en Argentina con la llegada de nuevos jugadores
Shorta, la startup fundada por el director de cine Armando Bo, se sumó a un mercado que atrae a los inversores. Recientemente levantó u$s6 millones en una ronda de capital.
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Las series verticales dejaron de ser una curiosidad en el país para convertirse en un negocio escalable.
La reciente irrupción de Shorta, la startup fundada por el director y guionista Armando Bo, junto con el emprendedor tecnológico Ariel Arrieta y el creador de Cuevana Tomás Escobar, marca un nuevo capítulo en una tendencia que tuvo origen en China y que empieza a ganar escala en América Latina.
En Asia, este formato de microseries verticales ya constituye una industria multimillonaria y se posiciona como uno de los segmentos de mayor crecimiento dentro del entretenimiento digital.
Según datos del sector, en China el mercado superó en 2025 los u$s14.000 millones y continúa expandiéndose hacia Occidente, impulsado por cambios en los hábitos de consumo, la masificación del smartphone y la demanda de contenidos breves y serializados.
En ese contexto, la Argentina comienza a emerger como un nuevo hub regional de producción, con propuestas que combinan narrativa audiovisual tradicional con lógica de plataformas digitales.
De curiosidad a negocio con escala
La llegada de nuevos jugadores y capitales confirma que el formato dejó de ser una curiosidad para convertirse en un negocio con escala.
La aparición de Shorta es, en ese sentido, uno de los movimientos más relevantes del último año. La compañía se posiciona como una plataforma de series cortas premium diseñadas exclusivamente para dispositivos móviles, con episodios de entre uno y tres minutos y temporadas que pueden alcanzar entre 40 y 90 capítulos.
La participación de Armando Bo, ganador del Oscar como co-guionista de la película “Birdman” (2014), aporta al proyecto un respaldo creativo clave a este formato. El director reconoció en varias ocasiones que inicialmente la propuesta le resultó disruptiva, pero luego encontró en el formato una respuesta a la crisis de producción de ficción local.
El modelo de negocio de Shorta combina una versión gratuita con publicidad y una suscripción paga sin anuncios, además de integrar product placement (la inserción estratégica de productos o marcas reales) y acuerdos comerciales con marcas.
La compañía ya cuenta con decenas de producciones en desarrollo y apunta a estrenar contenidos de manera continua, con una lógica cercana a la de las plataformas digitales pero adaptada al consumo mobile-first.
El crecimiento del proyecto se apoya también en el respaldo de inversores. La startup levantó u$s6 millones en su primera ronda de inversión, un dato que refleja el interés del capital por este nuevo segmento del entretenimiento digital y que la posiciona como uno de los emprendimientos más ambiciosos del sector en la región.
Otros jugadores relevantes en Argentina
Pero Shorta no es un caso aislado. El camino ya había comenzado a trazarse en la Argentina con iniciativas como The Eleven Hub, fundada por la emprendedora Loli Miraglia, que se especializa en microdramas verticales y contenidos ultracortos pensados para audiencias globales.
Esta productora, surgida como unidad de negocios de SDO Entertainment, fue una de las primeras en apostar por el formato en el país, con proyectos como “Bon Vivant”, una microserie de 20 episodios de entre uno y tres minutos, distribuida en plataformas como YouTube, TikTok y redes sociales.
“Hay una industria audiovisual paralela al mainstream que genera mucho dinero, donde se trabaja codo a codo con actores que no son conocidos en la pantalla televisiva y cinematográfica, pero sí lo son en las redes sociales y tienen un número de seguidores interesante. Entonces se empieza a dar como una colaboración y una cooperación”, explicó Miraglia a Ámbito en ocasión del lanzamiento de de Bon Vivant.
El enfoque de The Eleven Hub combina desarrollo de propiedad intelectual, producción para terceros y comercialización internacional de contenidos, con un modelo de negocio que incluye publicidad, branded content y licencias.
La compañía logró validar rápidamente el formato en términos de audiencia. Sus producciones acumularon millones de visualizaciones en redes sociales y plataformas digitales, lo que confirma la capacidad de este tipo de contenidos para generar engagement en audiencias jóvenes y mobile-first.
Además, la estrategia de expansión internacional se apoya en alianzas con productoras de otros mercados, como la mexicana IN-TO Films, que ya trabaja con plataformas globales especializadas en microdramas verticales.
“El contenido vertical no sólo redefine la forma de narrar, sino que se consolida como un modelo de negocio con alcance global”, sostuvo Loli Miraglia, al explicar la visión detrás del proyecto.
La presencia de jugadores internacionales también contribuye a acelerar el desarrollo del segmento en la región. Plataformas como ReelShort Latam, vinculadas a capitales asiáticos, ya operan en el mercado con contenidos adaptados para audiencias locales y modelos de producción escalables.
A comienzos de este año ReelShort estrenó la micro serie “Cómo deshacerse de una estrella de fútbol”, de la productora argentina Frame, que superó los 65 millones de vistas en sólo tres semanas.
Estas plataformas replican el modelo chino, basado en historias altamente adictivas, estructuras narrativas cortas y un fuerte uso de algoritmos para maximizar el consumo.
Una nueva lógica para el negocio audiovisual
Desde el punto de vista estrictamente económico, uno de los atractivos de este segmento es su eficiencia productiva. A diferencia de las series tradicionales, las microseries verticales pueden desarrollarse en plazos más cortos y con presupuestos significativamente menores, sin resignar calidad narrativa.
Esto permite producir mayor volumen de contenido y testear rápidamente la respuesta de la audiencia.
En el caso de Shorta, por ejemplo, una serie puede escribirse, filmarse y estrenarse en menos de cuatro meses, lo que habilita una dinámica de producción continua y adaptable a las tendencias del mercado.
Al mismo tiempo, se da una democratización tecnológica que juega un rol clave, ya que la posibilidad de filmar con dispositivos accesibles y distribuir directamente en plataformas digitales reduce las barreras de entrada y abre oportunidades para nuevos talentos.
Este aspecto es particularmente relevante en el contexto argentino, donde la producción audiovisual tradicional enfrenta restricciones presupuestarias y una caída en los niveles de actividad.
El formato vertical aparece así como una alternativa eficiente para reactivar la industria y generar nuevas fuentes de trabajo.
El desarrollo del sector también está vinculado a cambios en los hábitos de consumo, tal como sucede también en otras industrias. Las audiencias, especialmente las más jóvenes, privilegian contenidos breves, consumidos en movilidad y adaptados a la lógica de las redes sociales.
En ese escenario, las microseries verticales combinan elementos del lenguaje audiovisual tradicional con la inmediatez del contenido digital.
En ese sentido, uno de los principales activos de las productoras argentinas como imán de inversiones es su capacidad para generar historias con identidad local pero con potencial de exportación.
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