Bancos centrales liquidan oro
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El "efecto embudo": por qué más deuda multilateral complica la baja del riesgo país
Martín Redrado
Algunos se atreven a afirmar que el último motivo de la suba de este metal se debía a las decisiones adoptadas por los grandes Bancos Centrales. Existen razones evidentes para que suba: buena parte del déficit comercial y presupuestario de EE.UU. escapó al severo control. La deuda acumulada en dólares estadounidenses se convirtió en muy elevada para que sea honrada a sus vencimientos. Como el emisor no caerá en default, intentará renovarla y poner poco freno a la inflación para que el reembolso sea menos doloroso. Ben Bernanke fue claro cuando dijo que la Fed prefiere hacer funcionar la «máquina de billetes electrónicos» y, para prevenir los schocks deflacionistas, hacer llover dólares «por helicóptero» sobre la gente.
Según banqueros de viejas cepas y fieles a su credo, esto es debido además a las acciones en baja y al repliegue de las tasas de interés en Estados Unidos y, de ahora en adelante, también en Inglaterra. Estas circunstancias avalan al oro durante un tiempo relativamente largo.
Otros amantes de las antiguas virtudes del metal precioso opinan además que «los inversores están cada vez más inquietos por el enorme déficit del mercado del oro». Para los que no creen en las estadísticas oficiales del World Gold Council, la producción minera representa aproximadamente apenas la mitad de la demanda mundial, que declina. Fuera de la oferta proveniente del reciclaje, son los bancos centrales los que completan el «faltante» vendiendo su metal en el mercado o prestándolo.
Cuando lo prestan, conducen a la acumulación de una colosal posición «corta» sobre el mercado de los derivados del oro: los bancos centrales occidentales prestan principalmente su oro a los bancos comerciales, que lo venden en el mercado. En contrapartida, los bancos centrales reciben una remuneración por el préstamo («gold lease rate»). Durante ese tiempo, los bancos comerciales invierten el producido de la venta del metal-en otras colocaciones más remuneradoras como las obligaciones, por ejemplo. No es nada difícil encontrar una mejor colocación que la del préstamo de oro, 0,18% por año. Habría que preguntarse si existe una colocación más desesperante.
Cuando vende, ¿vende lingotes, o vende acreencias en oro?
Hace mucho tiempo que los bancos centrales «prestan» su metal. Cuando ellos venden, los bancos comerciales lo hacen a cotizaciones bien inferiores a las de hoy. En consecuencia, es inconcebible cubrir esta posición corta a los precios actuales. El mercado parece pensar que a un cierto nivel, los bancos centrales no podrán cubrir más el déficit de la oferta de este metal, porque ellos no tendrían más oro, o dejarán de tener ganas de vender uno de sus activos más sólidos.
La Argentina, a través de su instituto de emisión, dirigido por Martín Redrado, es compradora de oro, al igual que los bancos centrales de Rusia, China, Bielorrusia y Kazajstán. Otros, como el Banco Central de Alemania, son reticentes a venderlo: su presidente se negó a hacerlo en dos oportunidades.
Según las estadísticas oficiales del World Gold Council, jamás los bancos centrales vendieron tanto oro como en 2005: 663 toneladas contra una producción minera de menos de 2.500 toneladas según la Barrick-Placer Dome y Newmont. Falta conocer la realidad de los stocks registrados por los bancos centrales. ¿Cómo determinar una cotización para el metal precioso en ausencia de ese dato? Otra razón principal de la suba de las cotizaciones del oro en los últimos tiempos -excluidos los temores que inspiran la inflación y la debilidad del dólar-es el déficit de la oferta y las posiciones «cortas» sobre los derivados del oro.
Los fondos de inversiones se posicionan cada vez más en el metal y en otras materias primas.
Sus reservas de oro son bajas. Es sorprendente que lo sean tanto en valores absolutos como relativos, porque el oro podría reducir el peligro de encontrarlos cortos en tesorería, viéndose obligados entonces a vender petróleo contra activos en dólares cuyo valor decrece rápidamente. Podría entenderse como un consejo juicioso que incrementen sus reservas en el metal amarillo, pues hasta ahora esos países han demostrado una confianza inquebrantable en el dólar, comprando desde Londres bonos del Tesoro norteamericano.




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