Cadena de rehenes
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¿No parece esta descripción una suerte de fotografía metafórica de lo que estamos pasando los argentinos en estos días, donde nuestra libertad está absolutamente limitada por la acción de terceros en conflictos que nos resultan, muchas veces, ajenos? ¿Quién en la Argentina de hoy no es, en cierto modo, un «rehén» o no forma parte de una suerte de «cadena de rehenes»?
Los niños enfermos y sus médicos son rehenes de sus enfermeros que le exigen al gobierno un aumento salarial superior al que el gobierno les puede dar; los comerciantes y empresarios son rehenes de sindicalistas que se disputan entre ellos la exclusividad en la afiliación de sus empleados y paralizan sus actividades; los transeúntes son rehenes de los piqueteros y no pueden transitar ni llegar a sus trabajos; los piqueteros son rehenes del sistema de «planes sociales» y el « clientelismo político»; los pasajeros de tren y de subte son rehenes de los maquinistas, señaleros, boleteros y empleados de las empresas concesionarias; los agricultores y ganaderos son rehenes de la necesidad de recaudar y equilibrar el déficit fiscal; la Justicia es rehén del Consejo de la Magistratura; el Consejo de la Magistratura es rehén de las luchas e intereses políticos; el ministro de Justicia y Seguridad de la provincia de Buenos Aires es rehén de los jueces y fiscales penales; los jueces y fiscales penales son rehenes de la reforma judicial que implementó hace años ese mismo ministro hoy tomado de rehén por su propio sistema.
Los vecinos son rehenes de los delincuentes y secuestradores; los delincuentes y secuestradores son rehenes de un sistema carcelario superpoblado que genera más odio y delincuencia; el sistema carcelario es rehén del presupuesto; el presupuesto es rehén de la corrupción; la corrupción es rehén de la ambición y la codicia; la ambición y la codicia son rehenes del poder político; el poder político es rehén del clientelismo; el clientelismo es rehén de sus dirigentes.
El Presidente es rehén de haber asumido con 22% de los votos en una elección ganada «por default»; los ciudadanos son rehenes de la interna partidaria; la economía y el desarrollo son rehenes del discurso político; el discurso político es rehén del pasado; el pasado es rehén de quienes sólo piensan en el presente; el presente es rehén de quienes no pueden diseñar un futuro; la inflación es rehén de los precios y de los salarios; los precios y los salarios son rehenes del crecimiento; el crecimiento es rehén de la sustentabilidad.
El gobierno es rehén de los conflictos sociales; los conflictos son rehenes de la próxima elección; la próxima elección es rehén del «plebiscito»; el plebiscito es rehén de la gobernabilidad; la gobernabilidad es rehén del «acuerdismo»; el acuerdismo es rehén de los de siempre, que son también siempre los mismos, pero desde otros lugares, y son quienes han tomado de rehén a la sociedad entera. Los únicos que no pueden tomar rehenes y sumarse a la cadena de rehenes son los ciudadanos comunes, simples hombres de trabajo en todos los rincones de la patria que sufren las consecuencias de la pérdida de su libertad y de su esperanza y que representan más de 90% de la población. ¿Cuándo finalizará en la Argentina esta cadena de rehenes que tanto daño le ha hecho y le hace al país?




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