Hasta la elección del 23 de octubre, la política exterior de la administración Kirchner tuvo tres ejes definidos.
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Con los EE.UU. se criticó su política exterior unilateral, el enfoque impuesto a la lucha contra el terrorismo y la persistencia en seguir insistiendo con el llamado «consenso de Washington», que incluye el apoyo al ALCA. Pero paralelamente, en los temas de seguridad internacional, la Argentina evitó cualquier conflicto. Se entregó el uranio enriquecido de las plantas argentinas que el gobierno norteamericano temía cayera en manos del terrorismo. No se reclamó por la presencia militar de EE.UU. en Paraguay, como sí lo hizo Brasil. Se permitió que entraran tropas norteamericanas al país con motivo de la Cumbre de Mar del Plata, sin solicitar la autorización al Congreso.
Estos gestos hicieron que el Pentágono decidiera mantener la asistencia militar a la Argentina aunque el país no diera la «inmunidad» requerida para las tropas de los EE.UU., resolviendo que los «aliados extra-OTAN» -condición que la Argentina mantiene desde el segundo gobierno de Menem- justificara la excepción.
En lo económico, se mantuvo un discurso de confrontación con el FMI, al cual se adjudicó responsabilidad central en la crisis argentina, postergando la posibilidad de acuerdo y rechazando aceptar sus condiciones. Pero simultáneamente se pagaron todos los vencimientos con puntualidad durante dos años y medio, siendo la Argentina el país del mundo que más dinero remitió al organismo. Esta política contó con el aval de Washington, principal accionista del organismo.
En la región, se cuidó mantener un punto intermedio entre Brasil y Venezuela. Kirchner no compartió con Lula su ortodoxia económica, su buena relación con el FMI y actitudes como la participación en el Foro de Davos, al que concurren los empresarios más importantes del mundo. Pero tampoco acompañó a Chávez en sus provocaciones contra EE.UU. y en su alianza política con Fidel Castro. Fueron tres ejes coherentes y sistemáticos, en función de los cuales el Presidente argentino pareció aplicar en política exterior la frase de Perón que decía «cuando usted tiene que doblar a la derecha ponga el guiño a la izquierda».
• Indicios
Pero después de ganar claramente las elecciones del 23 de octubre, la actitud del Presidente argentino en la IV Cumbre de las Américas, donde enfrentó abiertamente a Bush y terminó elogiado por Chávez, Castro y Evo Morales y la visita que realizó a Venezuela pocos días después, indicaron que la política exterior estaba cambiando al iniciarse la segunda parte del mandato.
La relación energética con Venezuela adquirió más importancia que el vínculo con Brasil. Washington percibe que Kirchner en la cumbre rompió el equilibrio entre discurso y actitudes pragmáticas, alejándose de EE.UU. En la relación con el FMI, la eventual compra de bonos por parte de Venezuela, pareciera ser la nueva alternativa para mantener la independencia, al no contar ya con el apoyo de la administración Bush dentro del organismo internacional.
Hasta acá, cabía la duda de si estábamos frente un cambio táctico o un cambio de política. Pero ahora, la designación como nuevo canciller del funcionario argentino que coordinó la Cumbre de Mar del Plata (Taiana) y la de ministra de Defensa de quien ocupaba la embajada argentina en Caracas, confirman que nos encontramos frente a un verdadero cambio de política en las relaciones exteriores de la Argentina.
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