Madrid - No todo lo que reluce es oro -como dice el refrán-, como tampoco la realidad es de la forma en que muchas veces parecen presentarla algunos acontecimientos; ello en la medida en que la fuerza del deseo suele burlar la objetividad en el análisis.
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La súbita aparición de la reina del Carnaval de Gualeguaychú en el escenario vienés en el que posaban para la foto de rigor los protagonistas de la Cumbre de Presidentes, portando un cartel en el cual protestaba por la instalación de las dos papeleras en la costa uruguaya frente a la provincia de Entre Ríos, no ha contribuido en nada para adelantar en el conflicto diplomático que mantienen los gobiernos de la Argentina y Uruguay en torno a esta cuestión.
Si de algo ha servido la súbita aparición de esta bella mujer entrerriana ataviada con la ropa de desfile de comparsa, vulnerando los controles de seguridad de la Cumbre, es para popularizar su figura, distraer amablemente a algunos presidentes con ojos sensibles ante la belleza femenina, generar alguna anécdota simpática que ha dado color a la aburrida y tradicional foto de conjunto de los jefes de Estado y demostrar dos cosas: la primera, que es más efectiva -para violar la seguridad- una cara bonita que la inteligencia y la planificación de los mejores y más sofisticados criminales -y si no que lo diga Mata Hari-; la segunda, que una cola de mujer joven atrae con más fuerza los flashes de los fotógrafos y la atención de los comentaristas que los representantes de la suma del poder mundial.
Lo cierto es que la foto de esta belleza autóctona ha ocupado la primera página de los principales diarios austríacos, y se ha repetido en las páginas internas de casi todos los periódicos del planeta, a la vez que el episodio era emitido, una y otra vez, por los noticieros del mundo entero. Pero ello no dio más centimetraje a la cuestión de fondo ni el retrato de la escena fue acompañado de comentarios o explicaciones respecto del conflicto existente entre la Argentina y Uruguay, y los alcances del mismo en relación con el futuro del Mercosur; apenas los epígrafes mencionaban la protesta por el tema de las «papeleras».
Quizá el impacto más fuertede lo ocurrido se sienta en Montevideo y en Buenos Aires, atento a las sospechas existentes -por parte de la afición «celeste»- en relación con la conexidad que pudiera tener este episodio atribuido a los militantes del ecologismo con los métodos utilizados para el manejo del diferendo por parte del gobierno argentino. En efecto; la popularidad de Tabaré Vázquez -y la de su canciller- ha disminuido fuertemente en su país por esta cuestión, y existe alguna sensación en Uruguay de que la foto de Viena ha sido una nueva sorpresa recibida -al igual que los cortes de ruta durante meses- únicamente posible atento a la falta de energía por parte del gobierno uruguayo en responder diplomáticamente a tiempo ante las vías de hecho y de fuerza tomadas desde la Argentina en esta cuestión.
Sin embargo, más allá de las especulaciones, lo cierto es que en lo que hace al manejo del conflicto, los dos gobiernos han fallado en el uso de los medios diplomáticos; y ninguno de los dos presidentes ha podido llegar a tiempo ni comprender la gravedad de la cuestión. Tomando los hechos objetivamente, no caben dudas de que Uruguay ha violado un tratado internacional al no haber consultado a la Argentina en relación con la instalación de las plantas que afectarán -en una medida aún no determinada- al río Uruguay, sus costas y el medio ambiente; y que ello importa un derecho de nuestro país al reclamo diplomático con todas las consecuencias que ello acarrea y la debilidad del país vecino para poder afrontar tal reclamo. Por otra parte, el presidente Tabaré Vázquez tenía la enorme ventaja política de que la decisión era «heredada» del gobierno del presidente Batlle, con lo que gozaba de un mayor margen de flexibilidad para buscar un acuerdo bilateral con el país afectado; más aún cuando todavía no puede contarse con un informe serio y acabado de cuál será el eventual impacto ambiental que producirá la operación de las plantas de celulosa. Y no utilizó esa herramienta.
Estrategias mediáticas
Del lado argentino, habiendo contado con un elemento tan fuerte y contundente como la violación de un tratado internacional por parte de Uruguay, el gobierno del presidente Kirchner no advirtió a tiempo la gravedad del problema y, en lugar de tomar el toro por las astas, y hacer valer diplomáticamente el reclamo no bien conocida la violación del tratado, dejó que el conflicto creciera de la mano de un gobernador presionado por vecinos y asambleístas que dispusieronun corte unilateral de frontera bloqueando el acceso de bienes, servicios y personas a Uruguay -durante meses- afectando, además, rutas estratégicas del Mercosur. A los hechos ocurridos siguieron las estrategias mediáticas de la escalada verbal originada en la Argentina a la que se sumó, en respuesta, la otra orilla.
Esto último no fue positivo para la posición argentina pues brinda argumentos al gobierno uruguayo -impulsado por la gente y los medios- para promover denuncias contra nuestro país por daños económicos en un intento de balancear o contrarrestar su desfavorable situación.
Ambas partes han tenido fallas diplomáticas serias en el desarrollo de este conflicto, el cual había transitado -hasta ahora- en un marco absolutamente inapropiado y ajeno a su propia naturaleza. Sin embargo, algunas rectificaciones se advierten como positivas. El presidente Kirchner admitió su error -aunque no en forma expresa-, y ordenó la inmediata promoción de una acción por ante la Corte de La Haya, doblegó al gobernador Busti para que mudara de posición, y consiguió penetrar la base política de los asambleístas entrerrianos para obtener la mayoría a efectos de que la asamblea levantara el bloqueo terrestre; al mismo tiempo comenzó un discurso ambientalista y el reclamo político en los foros internacionales por medio de un decir moderado pero firme, encolumnando detrás de su persona a casi todos los gobernadores del país, nacionalizando el conflicto.
El presidente Tabaré Vázquez, por su parte, también está tomando las acciones para la defensa internacional del diferendo en La Haya, y medita en cuanto a la conveniencia de poder acercar alguna suerte de solución intermedia para descomprimir la situación actual.
Los ecos que resuenan aquí en España respecto de las supuestas promesas que habría efectuado el jefe de gobierno Rodríguez Zapatero para ocuparse personalmente de que se le den las satisfacciones del caso en materia de impacto ambiental por parte de los inversores españoles, se advierten bastante menos comprometidas de lo que las hacen aparecer algunos voceros del gobierno argentino. De hecho ayer se han desmentido.
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