Carrió más profética
(Elisa Carrió tomó más distancia no ya del oficialismo, del cual está muy lejos, sino de todas las variantes de la oposición, incluyendo su propio partido. Cargó en diálogos con Luis Majul -«La Red»- y Nelson Castro -«Del Plata»- contra lo que cree son tendencias «fascistas» del gobierno Kirchner. Explicó que su abandono de la dirección del ARI no es una crisis, sino una oportunidad para que el partido que creó crezca sobre bases no personalistas. Acentúa en estas horas Carrió su tono profético y ve de nuevo turbulencias en el futuro que quedan registradas en esos diálogos.)
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Elisa Carrió
P.: ¿No es demasiado comparar a Kirchner con Mussolini o Hitler? ¿No dirán que es demasiado?
E.C.: Estoy hablando de características de base, no de lo que terminaron siendo. Tenemos que tener muy claro que en los primeros períodos siempre hubo crecimiento económico. Por ejemplo, Ceaucescu en Rumania tuvo un período de crecimiento económico. Después hubo grandes crisis. La gente sobre el espejo de la frustración pasada ve enemigos que exorcizan la culpa de una sociedad hacia fuera. Eso les da a los líderes mucha legitimidad hasta que la sociedad se identifica con el amo. Todo está bien hasta que un día lo percibe y ya es tarde. En ese período estamos entrando.
P.: ¿Qué piensa sobre la reglamentación de los decretos de necesidad y urgencia?
E.C.: Siempre pensamos que el no tratamiento del decreto lo hacía caer. Si no lo tratan, no hay convalidación tácita. El proyecto de la senadora Kirchner es un proyecto que no resuelve esto. Encima es exactamente opuesto al que ella firmó cuando estaba en Diputados. Ella afirmó que yo paré ese dictamen y no es así. Se manejaban tres posiciones en el año 2000: una decía que el decreto caía a los 10 días si no se lo aprobaba; otra que podía caer a los 60 días que era el que yo negociaba; y la posición de la Alianza que era que no caía. Ella firmó la que caía inmediatamente. La Alianza firmó la que no caía y ahora los términos se invirtieron, los radicales votaron como ella y ella votó como votaron los radicales.
P.: ¿Deja la jefatura del ARI?
E.C.: En realidad, yo no la tenía. Cuando yo fundé el partido sabía que primero no teníamos que repetir la historia de hegemonía ni de cómo se construyen los partidos en la Argentina. Peleé un año para no ser la secretaria general del partido. Armamos un órgano colegiado, yo me fui retirando, lo mismo ustedes lo pueden ver en la presidencia del bloque. No acepté ser presidente del bloque porque sabía perfectamente que un liderazgo, que además tiene todos los cargos, terminaba construyendo un partido personalista. A partir de febrero de este año, fui conversando esto con la secretaria general y con miembros de la mesa, diciendo que yo iba a dejar de ir a la mesa y que se tenían que ir preparando para un corrimiento mío simbólico que no es irme del partido.
P.: ¿Qué es entonces?
E.C.: Que el partido vaya asumiendo una madurez y una libertad después de 5 años y una responsabilidad que implica también que yo reasuma la libertad que de alguna manera uno pierde cuando tiene sobre sí toda la responsabilidad.
P.: ¿Cómo se siente haciendo esto?
E.C.: Estoy muy feliz de haberlo hecho, sé que crea zozobra en el mismo partido y alguna confusión fuera del partido. Pero no es una crisis, es una decisión tomada, conversada por mucho tiempo en el sentido de la tragedia de la Argentina. Ustedes lo pueden ver con otros líderes que todavía a los 80 años están queriendo manejar partidos; las personas creen que los partidos son de ellos. Yo siempre supe que yo lo tenía que fundar, pero que me tenía que separar. No ha sido fácil porque uno nunca quiere desprenderse de las cosas que ama, pero era necesario para que ellos adquieran mayor libertad, mayor responsabilidad y yo también.
P.: Las diferencias en torno al proyecto de legalización de la ligadura trompas ¿han contribuido a esta decisión?
E.C.: No. Yo aproveché esta oportunidad porque justamente había un debate profundo donde yo no forcé ninguna posición. Yo estaba de acuerdo en 80 por ciento de la ley, no en 20, pero me pareció que era el momento en que el bloque podía en el recinto decidir de manera diferente a mí. Para los que dicen que uno es autoritario yo no presioné nunca; al contrario, me pareció que era la oportunidad de la mayoría de edad.




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