3 de mayo 2005 - 00:00

¿Constitución Europea ante otro Mayo francés?

I- La Constitución Europea, salvo para los especialistas, no había sido tema de mucho interés en la Argentina. Su texto oficial se conoce -y, desde luego, con obligatorio énfasis para los profesionales y adscriptos de nuestra Cancillería- desde la solemne firma en la ceremonia romana cumplida el 29 de octubre de 2004. Pero recién ahora ha ganado espacio mediático privilegiado entre nosotros: acaba de descubrirse que nuestras Malvinas y aledaños figuran como territorios de ultramar de la Comunidad.

Las vicisitudes del proceso constitucional europeo ya nos ha ocupado antes. El compromiso de junio de 2004 con los auspicios de la incorporación de nuevos miembros a la Unión Europea, pero bajo los traumas de Manhattan y Atocha, logró finalmente concretarse, a costa de concesiones, indefiniciones y postergaciones.

• Ratificación

La Constitución debe ser ratificada por la totalidad de los Estados miembro, ya mediante referéndum, ya por los parlamentos. Si no se logra consenso unánime, nada hay previsto. No habrá vacío institucional -recobrará plena vigencia el Tratado de Niza-, pero la nueva ley suprema entrará en el limbo. El calendario previsto para la ratificación se extiende desde el 09/11/2004, en que tuvo lugar la aprobación de Lituania, hasta el otoño boreal de 2006, cuando será sometida al electorado británico. Con excepción de Luxemburgo (se votará el 10/07/2005) y Holanda (el 06/01/ 2005) no parece sencillo vaticinar los resultados. En Polonia, cuya Constitución reclama una mayoría de 2/3 en cada cámara, se optó por la consulta simultáneamente con la primera vuelta de las elecciones presidenciales (25/ 09/2005). Bélgica y Suecia han resuelto prescindir del referéndum: en la primera, que debe previamente reformar su Constitución, se registró un rechazo «combativo», tanto por la derecha populista como por la izquierda institucionalizada. Y en Suecia, el gobierno socialdemócrata sufrió en setiembre de 2003 un descalabro en la votación sobre el ingreso a la zona del euro, a pesar del apoyo de casi todos los partidos.

II - Para conocer y prever las actitudes de los votantes se realizan sondeos en el marco del «Eurobarómetro», un instrumento que plantea las mismas preguntas en todos los países de la Unión. Mientras Italia, Hungría y Grecia aprobaron la Constitución por vía parlamentaria, España recurrió a las urnas el 20/02/2005.

El 58% de los españoles se abstuvo, pero la mayoría aprobatoria de los que votaron llegó a 77%. El No cosechó los mayores índices en el País Vasco, Navarra, Cataluña y Madrid, a pesar de que en el primero un «Bus de la Constitución» recorrió 47 ciudades y el gobierno destinó 96.650 millones de euros a vallas publicitarias, «pins» y pegatinas. Por eso la derecha calificó la consulta como un fracaso del oficialismo: alegó que el No y los votos en blanco sumaron 23%.

III - La polémica tiene alto voltaje en Francia. Los últimos sondeos dan 58% para el No, aunque pareciera estabilizarse en 55%. A diferencia de España, donde se consignó que 3 de cada 4 ciudadanos no habían leído la Constitución, ésta ha sido analizada artículo por artículo y la esencia económica del texto -la recepción del neoliberalismo-, sometida a debates públicos. Los europtimistas (Verdes, Unión para la Democracia y Unión para Movimiento Popular) sostienen que se garantizan los derechos sociales y los servicios públicos. Los euroescépticos expresan que se menciona más de 80 veces la palabra «mercado» y se retacean las obligaciones sociales en beneficio de las privatizaciones, incluso de la salud pública. Critican que la política de defensa coloca como centro a la OTAN y obligará a un aumento del presupuesto militar y a la guerra preventiva contra el terrorismo.
El canciller francés previene que el rechazo podría costar a París su influencia internacional y aun provocar una ruptura política en Europa. Aunque Dinamarca y otros países aseguran que celebrarán la consulta con independencia de los resultados en Francia, el gobierno británico ha advertido que si hay rechazo, no convocará a un referéndum sobre una Constitución cancelada. La pregunta es: ¿habrá otro Mayo francés el próximo 29?.

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