Constitución reformada dio al jefe de fiscales nueva función
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Esteban Righi
Tal concepción está en crisis. Hay un Estado reactivo, como estructura de auxilio a la autodeterminación de la sociedad. Los significantes del sistema jurídico se asignan a más partes en un contexto creciente de dispersión del poder y con redes de funciones que operan incluso fuera del mismo Estado.
No sólo el procurador general lidera la función de control, caracterizada por impedir o prevenir,sino que aduna (unifica) el rol activo tendiente a procurar un ambiente institucional sano, en que prevalezcan los valores éticos afirmados por una magistratura honrada en la eterna lucha contra la corrupción de la Justicia. Esa, que como estampara el Aquinatense, nace de la astucia del sapiente y de la prepotencia del poderoso. Tiene entonces a su cargo el combate sin desmayo contra esa enfermedad nacional que es la impunidad, tanto frente al delito cuanto ante la represión.
• Estándar
Así lo preceptúa lapidariamente el texto constitucional defensa de la legalidad y de los intereses generales de la sociedad. Ese estándar deberá desplegarse, sin estrépitos ni antagonismos, en pro de un Estado -al cabo, de todos-que actúe en resguardo de la vida, el trabajo y la dignidad de la comunidad.
Para cumplir esta tarea, Esteban P.J. Righi deja la comodidad de su próspero bufete, quizá la serenidad de su cátedra y la tranquilidad del espectador. Tal vez persuadido de que «sólo Dios y los ángeles pueden serlo en este teatro de la vida». Lo hace consecuente con su trayectoriapública y su conducta política,con el respaldo del aval de la votación unánime del Senado a su postulación. Como dijo otro grande, pasa a ser abogado de otra causa, la gran causa del país, ésa a que se refiere Matienzo en el acápite de esta nota. No precisa del panegírico. Tampoco se pretende hacerlo aquí. No por falsa conciencia de inhabilidad por amistad, esa causal de excusación que se basa en la sospecha de complicidad, que llega al punto de considerar que es una virtud no ser amigo. Han sido muchos los infiernos y escasos los paraísos compartidos; en tiempo de globalización, de un Estado arrinconado por quienes pretenden que sólo sea guardián de intereses privados y ante un egoísmo mezquino, la camaradería, la comunicación y la simpatía están en eclipse. Y así como necesitamos que quienes son un fin y no un mero medio nos visiten en momentos de prueba, nos digan lealmente nuestros defectos, debemos tener el coraje de compartir el júbilo por el justo reconocimiento. Porque «los malvados tienen cómplices; los comerciantes, socios; los poderosos, cortesanos. Sólo los hombres virtuosos tienen amigos» (Voltaire).



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