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22 de marzo 2021 - 00:00

Bailando en la cubierta del virus

La probabilidad de que tengamos una fortísima multiplicación de casos está a la vuelta de la esquina. Nos hemos dejado estar y pareciera que el coronavirus se ha transformado en una cuestión lejana y molesta.

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De manera un tanto alarmante los argentinos hemos recomenzado a vivir de una manera muy similar a lo considerado “normal”. Para muchos la única gran diferencia entre la vida que hacen hoy y la de todos los días anteriores a la pandemia es el uso de barbijos. Y a veces ni siquiera eso, lamentablemente. Si se duda acerca de esto se puede ver cómo miles de argentinos están veraneando en este marzo despreocupadamente en Brasil mientras en nuestro vecino los casos de infectados se multiplican al calor de nuevas cepas no sólo más contagiosas sino también más letales del coronavirus. Sin embargo, muchos argentinos de todas maneras priorizan ir a la playa sobre el riesgo incluso de contagiar a sus propios familiares. Asombroso. Tan asombroso como la gran presión que hubo en todas partes del país para que se abran los colegios poniendo como ejemplo los casos de los países europeos sin tener ni siquiera en cuenta que si los niños volvieron a clase en Europa en buena medida es porque en esos países mucho más ricos, las aulas son mucho más espaciosas, ventiladas, calefaccionadas y pulcras pero por sobre todo, menos concurridas en cantidad de alumnos por cada una que las nuestras en general.

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En materia económica parece estar pasando algo por el estilo. Se habla de la cuarentena como si fuera un abominable fantasma del pasado. Los cálculos de trabajo en el Estado y en las empresas no toman en cuenta una segunda ola. Se cree que la economía no se va a volver a cerrar. Por eso, nada mejor que estudiar lo ocurrido en los países que los argentinos solemos poner como ejemplo y que ya han pasado dos inviernos enteros conviviendo con el coronavirus para poder sacar alguna conclusión válida acerca de dónde estamos y hacia dónde -en poco tiempo más- iremos. No sea cosa que todos estemos calculando mal y debamos poner las barbas en remojo. Veamos entonces las experiencias de Italia, la prolija y eficiente Alemania y Estados Unidos, sólo por poner tres casos. Podríamos poner muchísimos más.

Italia: los primeros recuerdos que captaron la atención de todos por la gravedad de la pandemia provienen del caso italiano. Tras la bomba epidemiológica que resultó el partido de fútbol entre el Atalanta y el Valencia, los contagios empezaron a trepar de manera impresionante en Italia hasta alcanzar los 5.600 casos diarios en abril de 2020. La cifra parecía imbatible y la TV transmitía siniestras imágenes acerca de la pandemia. Con una durísima y muy prolongada cuarentena la cifra de contagios se redujo a menos de 200 en julio pasado. Parecía que la pesadilla terminaba. Los italianos empezaron a descuidarse. Resulta que en menos de lo que canta un gallo, sólo entre julio y noviembre los casos se multiplican por... 200... De 200 casos diarios los italianos pasaron a 40.000. De nuevo durísimas cuarentenas. Poco a poco se empezó a abrir de nuevo todo, pero los casos nunca bajan de 12.000 y de allí en adelante vuelven incluso a trepar a una inquietante posible tercera ola, ahora abortada por una nueva cuarentena “Fase 1 “. Nótese que de un primer pico de 5.600 casos se pasa a un segundo pico de 40.000. Y de un primer piso de 200 casos diarios se pasa a un segundo piso de... 12.000.

Alemania: muchos quizás crean que a Italia le fue así porque es Italia, un bello país que convive con buena dosis de desorden y una permanente invasión de turistas. Y tienden a pensar que en países más ordenados, como por ejemplo Alemania, las cosas han ido mucho mejor. Veamos:

En abril pasado Alemania no era la excepción a la pandemia. Los casos treparon rápidamente hasta los 5.500 a inicios de ese mes. La cuarentena y el calor primaveral lograron bajar los casos a menos de 400 al día a mediados de septiembre. Nótese que la cifra es menos de la duodécima parte de lo que Argentina logró bajar los casos este verano. Pero claro, al igual que todo el mundo los alemanes se relajaron un poco. Eso hizo que con la rapidez del rayo -en sólo 3 meses- el coronavirus haya pasado de contagiar 400 alemanes al día a 32.000 al día antes de Nochebuena. O sea, los casos se multiplicaron por... 80. Y eso nada menos que en la ordenadísima y previsora Alemania. Luego se logró bajar los contagios merced a otra durísima cuarentena “Fase 1”. Pero ni por asomo se volvió a las cifras de antes. No han podido bajar de 7.200 casos diarios y están de nuevo en 10.600 contagios detectados ahora. De vuelta, tomemos nota que de un primer pico de 5.500 casos se pasó a un segundo pico de 32.000. Y de un primer piso de menos de 400 casos diarios se pasó a un segundo piso de 7.200 para volver a subir desde allí. Casi un calco de Italia. Finalmente veamos lo ocurrido en Estados Unidos.

Estados Unidos: se suele malinterpretar la experiencia norteamericana. Se tiende a pensar que allí no hubo cuarentena, o que hubo un híbrido de cuarentena y gran libertad. En realidad lo que hubo allí fue una gran variedad de duras cuarentenas estaduales -que no suelen llegar a los medios de comunicación de otros países-y una recomendación de parte de la presidencia de la nación de salir lo menos posible de las casas. Tomemos en cuenta que el norteamericano promedio es una persona que respeta las normas. Las leyes se cumplen en Estados Unidos. Y las cuarentenas también. Hay mucha gente que incluso da más importancia a lo que disponen los gobiernos estaduales que a las palabras del presidente de la nación. ¿Qué pasó en Estados Unidos? Pues bien, los casos empezaron a trepar en marzo y abril del 2020 hasta llegar a una cifra que parecía imbatible: nada menos que 33.000 casos diarios. El calor primaveral hizo que los norteamericanos se relajaran. Fue así que si bien hubo una importante baja de casos, los mismos nunca pudieran bajar de 23.000 al día. Un muy alto piso. Eso hizo que cuando llegó el invierno llevara de la mano el segundo pico al país. Y el mismo fue de 308.000 casos diarios. Nada menos que... 10 veces el primero, y 14 veces la cifra de un par de meses antes. En Italia el segundo pico fue 7 veces más alto que el primero. En Alemania 6 veces y en Estados Unidos 10 veces. ¿Y en otros países?...Pues bien, en España 3 veces, en el Reino Unido 13 veces y en Francia nada menos que 21 veces el primer pico.

Como se ve en todos lados -podríamos dar muchos más ejemplos- el segundo pico suele ser un múltiplo -en nuestros ejemplos ese múltiplo va de 3 a 21 - del primero.

En Argentina no hemos tenido en cuenta nada de todo esto. Todavía muchísimos creen que sus hijos tendrán clase presencial todo el año, que en breve se retornará al trabajo presencial, que en julio ya se podrá viajar. Y hasta hay muchos que presionan para abrir las canchas de fútbol a los espectadores... La verdad es que el verano termina y no hemos conseguido bajar los casos diarios de los 6.000 al día. Un nivel altísimo, lo que marca que el potencial de casos del segundo pico, en la segunda ola omnipresente puede ser, lamentablemente, altísimo. Pensando en cuestiones banales y escapistas no percibimos que la probabilidad de que tengamos una fortísima multiplicación de casos está a la vuelta de la esquina. Nos hemos dejado estar y pareciera que el coronavirus se ha transformado en una cuestión lejana y molesta. Eso puede hacer que el choque con la realidad esta vez pueda ser un acontecimiento verdaderamente traumático.

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Walter Graziano y Asociados

macroeconomía - finanzas -
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