7 de abril 2022 - 21:01

Cayó Cositorto: un repaso histórico de otros estafadores apresados

Muchos se preguntan qué sucederá con la situación procesal del líder mundial de Generación Zoe. Para proyectar el futuro, hay que entender el presente.

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Tras la detención de Leonardo Cositorto en República Dominicana, muchos se preguntan qué sucederá con la situación procesal del líder mundial de Generación Zoe. Para proyectar el futuro, hay que entender el presente. Y una buena forma de entenderlo, es mirando qué es lo que sucedió en el pasado. Por eso, vamos a repasar lo sucedido con otros organizadores de estafas piramidales a lo largo de la historia.

El más conocido

Carlo Pietro Giovanni Guglielmo Tebaldo Ponzi nació en Lugo (Italia) hace 140 años. La estafa piramidal que organizó no fue la primera de este tipo, pero sí la más conocida. De hecho, su apellido cobró tal nivel de notoriedad pública que a partir de ahí todas las estafas de este tipo fueron rebautizadas como “Ponzi”.

En 1919, el italiano arrancó con su estafa. Captaba fondos de inversionistas y ofrecía un retorno del 50% en 90 días. Nada mal, ¿no? Rápidamente, se empezó a correr la voz y cada vez más inversores fueron a tocar la puerta de la empresa de Ponzi para colocar sus ahorros. El tano subió la apuesta y comenzó a ofrecer un 50% del retorno en 45 días, con el fin de captar cada vez más dinero.

De hecho, el Boston Post sacó una nota en primera plana en donde decía “DOBLÁ TU DINERO EN TRES MESES”, alentando a la gente a poner sus ahorros ahí. Como era de esperarse, su nombre llamó la atención de las autoridades, que comenzaron a investigarlo. Más allá del carisma del italiano y de sus varios intentos por calmar las aguas, la auditoría a la que se sometió dio luz sobre el asunto: Carlito era insolvente.

Ponzi fue llevado a juicio y condenado a 5 años de cárcel, pero tras cumplir 3 años y medio fue puesto en libertad. En 1925, fue nuevamente enjuiciado por el estado de Massachusetts, por fraude. Lo condenaron, apeló y le dieron la libertad condicional. Aprovechó para irse a Florida, en donde se le dio por vender tierras pantanosas. ¿El resultado? Condenado por fraude. Usted no aprende, ¿verdad?

Estados Unidos tiene muchos estados y Ponzi ya estaba condenado en dos. Su solución fue irse a Texas, en donde se enroló en un barco italiano. Sin embargo, lo detuvieron en New Orleans y lo mandaron a Massachusetts otra vez, para cumplir su condena en la cárcel de Charlestown.

Llegó 1934 y Ponzi fue finalmente liberado. Quedándose pelado y con 20 kilos de más, al italiano lo esperaban con una orden de deportación. Nunca se había hecho ciudadano estadounidense y lógicamente su prontuario no lo ayudaba a quedarse. Tuvo que marcharse a Italia.

A partir de allí, hay dos versiones sobre lo que le sucedió: una marca que llegó a ministro de alto rango para el gobierno de Mussolini, hasta que se dieron cuenta que de finanzas mucho no sabía. Otra versión marca que un familiar lo puso a trabajar en una línea aérea italiana para hacer negocios entre Brasil e Italia, puesto que ocupó hasta que Estados Unidos se unió a la Segunda Guerra Mundial.

Sea como fuere, ambos caminos lo condujeron a emigrar a Brasil. Allí, desvencijado y con un destino condenado al ostracismo, trabajó enseñando inglés y francés para después recalar en una firma italiana, en donde se empleó como intérprete.

En 1948, una hemorragia cerebral lo dejó con parálisis en la mitad del cuerpo. Ya para ese momento, estaba comenzando a mostrar síntomas de ceguera. El 18 de enero de 1949, en un humilde hospital de Río de Janeiro, falleció. Dejó una deuda de 75 dólares para pagar su entierro. Tenía 66 años.

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El pionero

Ponzi fue el más conocido, pero no fue el primero. En 1899, William F. Miller tenía apenas 25 años. Para ese entonces, el joven oriundo de Brooklyn había montado el Franklin Syndicate, convenciendo a tres amigos de darle dinero para invertirlo en la Bolsa de Valores.

El buen Bill se ganó el apodo de “520%”, ya que ofrecía el 10% semanal (SE MA NAL) de ganancia a quienes invertían con él, aduciendo que contaba con inside information sobre lo que sucedería con las empresas que cotizaban en bolsa. Se expandió y gastó u$s 32.000 (hoy serían casi 1 millón) para promocionarse en alrededor de 800 periódicos.

Llegó a tener 13.000 inversores y lo peculiar es que sólo invirtió una vez en la Bolsa: transformó u$s 1.000 en u$s 5,60 en pocos días (un -99,44%, parece que no leyó al doctor en “traiding”).

La cuestión es que a veces los estafadores son estafados, y ese es el caso de “Honest Bill”, tal como se lo conoció durante sus tiempos en cárcel. A Bill lo contactó Robert Ammon, un abogado que se dio cuenta que lo de “520%” no era legal. Cuando Miller se vio acorralado por la policía, Ammon lo convenció de guardar el dinero recaudado en sus propias cuentas bancarias y le ofreció un salvoconducto a Montreal, Canadá. Miller aceptó y le dio un total de u$s 250.000.

Dejó a su esposa e hija en NYC y escapó. Sin embargo, la Policía neoyorquina lo encontró y lo trajo de vuelta. Juicio y 10 años de condena. ¿Y Ammon? Compró el silencio de Miller por USD 5 semanales que le daba a su esposa e hija. Sin la cooperación de él, el abogado nunca iría preso.

Finalmente, Miller testificó y Ammon fue condenado, aunque sólo por cuatro años. Salió y nunca se supo más de él. Por el lado de Miller, fue liberado tras seis años pero con un estado de salud deteriorado por una tuberculosis que en aquel momento fue terminal.

El de mayor envergadura

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Si vas a poner una empresa de asesoría financiera, seguramente no te convenga ponerle el nombre Madoff. Es que durante dos décadas de mentiras, Bernard Madoff se encargó de ensuciar para siempre su apellido y el de su familia.

Nacido en NYC en 1938, llegó a ser ¡coordinador en jefe del NASDAQ! pero finalmente terminó estafando a sus inversionistas por alrededor de u$s 20.000 millones (siempre se dijo que fueron u$s 65.000, pero en realidad la diferencia fue la ganancia inventada por Bernie). Su historia es más que conocida y de hecho Robert de Niro llegó a personificarlo en The Wizard of Lies, una biopic sobre su vida.

Finalmente, en 2008 fue detenido y tres meses después se declaró culpable. ¿Cuánto le dieron? 150 años. Sus estafas no sólo lo dejaron encarcelado de por vida sino que motivaron el suicidio de su hijo Mark, exactamente dos años después de la detención de su padre.

Madoff nunca se recuperó de ese hecho y declaró que se despertaba muy temprano por las mañanas por la culpa que sentía tras la muerte de su hijo. En 2020, con 82 años, pidió ser liberado por tener un cáncer terminal. Su solicitud fue denegada y en 2021 falleció en la prisión.

El antecedente latinoamericano

José Javier Cabrera Román trabajaba como notario y ganaba u$s 492 por mes. En 2005, fue encontrado muerto en un hotel 5 estrellas de Quito, Ecuador. Llegó a manejar u$s 800 millones, siendo el segundo “banco” más grande del país detrás del Banco de Pichincha. Si bien los registros marcan que tenía 30.000 clientes, extraoficialmente se dice que fueron 200.000 afectados durante los 13 años en los que llevó adelante sus operaciones. Ofrecía entre un 7 y un 12% mensual de intereses.

La causa de la muerte indicó infarto, producto de un cóctel de cocaína y whisky. Tenía 71 años. Lo complicado empezó cuando se supo de su muerte en Machala, la ciudad que era su centro de operaciones.

Es que el bueno de José Javier tenía a muchos militares y policías entre sus clientes, además de jueces y políticos. Ante esta situación, los militares asaltaron las oficinas de Cabrera y robaron alrededor de u$s 40 millones. Claro está, la situación no le cayó muy bien al resto de la población que también quería recuperar su dinero.

Dos aviones de la Fuerza Aérea e incluso el avión presidencial fueron enviados para rescatar a los militares que habían irrumpido en las oficinas del estafador. La población no aguantó más y una horda de locales fue al cementerio a profanar la tumba de Cabrera. Finalmente, se exhumó el cadáver en dos ocasiones y se constató que el cuerpo era del notario. Tras conocerse lo sucedido, sus hijos debieron dejar el país luego de anunciar que continuarían con el negocio y reconocerían el dinero a los damnificados. Todavía no sucedió.

El que aún vive

Allen Standford

De todos los estafadores, hay uno que todavía vive: Allen Stanford. Nacido en Texas hace 72 años, estafó a más de 30.000 clientes en todo el mundo con un esquema de certificados de depósitos emitidos por el Stanford International Bank, radicado en la isla de Antigua y Barbuda.

La SEC comenzó a investigarlo por las altas tasas de interés que ofrecía y terminó encontrando un entramado entre autoridades de la isla caribeña y Stanford. Para ello, James Davis (jefe financiero del Stanford Bank) fue clave en su testimonio, tanto en lo previo como en el juicio.

Stanford pasó de un año para otro de integrar la lista Forbes de millonarios con u$s 2.200 millones a estar preso. La acusación fue por u$s 7.000 millones y la condena fue tajante: 110 años de prisión. En su alegato, el estafador explicó que el gobierno estadounidense había arruinado su negocio y que Stanford era un imperio financiero global y real. El delirio es total.

Está preso en la cárcel Coleman II de Florida y sería liberado el 13/03/2103. Para ese momento, tendría 149 años de edad.

Como vemos, las condenas por estos delitos han cobrado mayor envergadura y duración con el paso de los años. Si bien es cierto que los cargos que enfrentaría Cositorto no hacen pensar que estará 100 años en cárcel, es una buena oportunidad para la justicia de dar una condena ejemplar. La única certeza es que el dinero fácil no existe y que rendimientos altos conllevan un altísimo riesgo.

Un dato de color, para tener en cuenta. Parece ser que el primer cuatrimestre del año y los estafadores guardan una correlación. Ponzi nació en marzo y falleció en enero. Madoff nació en abril y falleció en abril. Stanford nació en marzo. Y Cositorto, nació en abril. Respecto a ellos, hay que creer o reventar. Y hay algo que seguro no hay que hacer: invertir.

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