Cuando De la Rúa convocó a Domingo Cavallo como Ministro de Economía y Producción, éste último pidió que se nombre a Bastos como Ministro de Infraestructura y Vivienda. De la Rúa accedió. Bastos fue el encargado de negociar con los senadores del peronismo la reforma de la Ley de Infraestructura, buscando favorecer la participación de las provincias en las licitaciones de obras públicas; eso era parte de los mencionados “Planes de Competitividad”, que buscaban reactivar las economías regionales. Y también, impulsó la privatización de la totalidad de las rutas nacionales, que serían financiadas por el sistema de peaje. Pero nada de esto llegó a llevarse a cabo, ya que la caída de De la Rúa dejó truncas todas sus gestiones. Años después, Bastos colaborará con el gobierno de Macri en la Ciudad de Buenos Aires, en calidad de asesor de planificación.
Una mención especial merece el caso de la presidencia del Banco Central de la República Argentina. Al momento de asumir De la Rúa, la autoridad monetaria estaba presidida por Pedro Pou, un ingeniero agrónomo, magíster en Finanzas y Doctor en Economía por la Universidad de Chicago.
Pou había sido uno de los fundadores, en 1978, del Centro de Estudios Macroeconómicos de la Argentina (CEMA), junto a Roque Fernández, y Carlos Rodríguez. Lo que tienen en común Pou, Fernández, y Rodríguez es que los tres hicieron sus doctorados en la Universidad de Chicago. El CEMA, que luego fue reconocida como Universidad, es una suerte de consulado de la escuela económica de Chicago emplazada en el centro de Buenos Aires.
Pou ya había pasado por la función pública: fue ministro de Economía de la Provincia de Buenos Aires durante la dictadura militar 1976-1983 y Vicepresidente del Banco Central de la República Argentina entre 1992 y 1996, período en que Roque Fernández era el titular de la entidad. Luego, cuando Menem rompe con Cavallo, le encomienda al CEMA la gestión económica: Roque Fernández asume la cartera económica (hasta el último día del mandato de Menem) y Pou la Presidencia de la entidad. Entre Cavallo y el grupo del CEMA surgiría un conflicto abierto entre think tanks. La Fundación Mediterránea que lideraba Cavallo y el CEMA serían enemigos irreconciliables.
En una entrevista breve que dio al diario La Nación el 2 de julio de 2001, el entonces ministro Cavallo expresó toda su furia contra el grupo de economistas del CEMA. Para él, habían sido los responsables de los problemas económicos que Menem heredó a De la Rúa, y de la mala imagen que tenía la economía argentina durante el gobierno de De la Rúa.
“Cuando el CEMA fue el equipo económico de la Argentina el gasto nacional creció en $ 7.000 millones, mientras que en 1995 y 1996 había declinado casi 2.000 millones. Cuando me fui de Economía comenzó un ¡viva la Pepa! Escandaloso”, sostuvo. “La responsabilidad de Roque Fernández (su sucesor), Corach (ministro del Interior) y Menem (presidente) en los desmanejos de 1998 en adelante es muy, muy grande y espero que pronto tengan que rendir cuentas, no digo ante la Justicia, sino ante los argentinos”, agregó. “Cuando Roque Fernández, Pedro Pou, la gente del CEMA y sus amigos critican lo que hizo Machinea y lo que estoy haciendo yo son intelectualmente deshonestos, políticamente demagogos y en general, profesionalmente irresponsables. Ellos son sin ninguna duda los que llevaron al país a la depresión que estamos viviendo (...) Roque Fernández, (Pedro) Pou, Jorge Ávila, Carlos Rodríguez, (Pablo) Guidotti y todos estos personajes que además de haberle causado tanto daño al país, se han dedicado desde que Machinea fue ministro a comunicarse con sus amigos en el exterior en organismos internacionales y bancos para hablar mal del gobierno del presidente De la Rúa. Yo creo que son traidores a la Patria”.
Pou seguiría al frente de la entidad bancaria durante la primera parte de la gestión de De la Rúa, sin mayores inconvenientes, hasta que llegó Cavallo. El nuevo ministro exigió su salida del BCRA, a lo que Pou se negó. Por esa razón, Fernando De la Rúa lo destituyó por un decreto presidencial “por mala conducta”. De la misma forma, a instancias de Cavallo, De la Rúa nombró a su sucesor, Roque Maccarone (ex presidente de Banco Rio-hoy Santanderrio), por decreto. Ambas decisiones, la remoción de Pou y el nombramiento de Maccarone, fueron motivo de controversias acerca de la legalidad de los ambos.
Como dijimos en el párrafo anterior, Maccarone, nacido en 1932, venía de una carrera en el sector privado. Se había desempeñado en el Banco Río de la Plata y presidió la Asociación de Bancos Argentinos (Adeba). En 1993 dejó su cargo en el Banco Río y, de la mano de Cavallo, iniciaría sus actividades en la gestión pública. Fue secretario de Finanzas, Bancos y Seguros durante la primera gestión de Domingo Cavallo en el Ministerio de Economía y, un tiempo después, Presidente del Banco Nación. Al irse Cavallo se fue con él y volvió al sector privado, y se desempeñó como asesor del Banco Galicia. Hasta que nuevamente Cavallo, ahora con De la Rúa, lo llamó para ocupar la Presidencia del Banco Central.
Su designación en el cargo por Decreto del Ejecutivo y, a pesar de las críticas de los parlamentarios de ese momento, y de la judicialización del caso, estuco a cargo el 1 de abril de 2001. No obstante, nunca tuvo la confirmación del Senado para el mandato de 6 años que correspondía al cargo (como recientemente Caputo), y se retiró en enero de 2002, una vez finalizado el ciclo de De la Rúa. Es así como la titularidad de la autoridad monetaria entró en fuerte inestabilidad como consecuencia de la “cavallización” del gabinete. La tecnocratización cualitativa se vio, sobre todo, en el último Gabinete. La mayoría de sus integrantes eran radicales (no alfonsinistas o delarruístas en general), pero los tecnócratas liderados por Cavallo formaron una especie de subgobierno de intervención. En esos tres ministerios (Economía y Producción, Infraestructura y Trabajo / Seguridad Social) se decidían y comunicaban las principales medidas del gobierno en relación con la crisis económica. Cavallo ponía ministros, sacaba presidentes del BCRA y se movía con autonomía. Y en el tramo final, la política desapareció en manos de los tecnócratas.
Como veíamos al principio de este artículo, la influencia indiscutible del Presidente en la conformación de sus equipos de gobierno permite entender la impronta de una gestión. Los ministros son, finalmente, los colaboradores del presidente, que “ad-ministran” las áreas permanentes del Poder Ejecutivo. Luego, los grados de democracia de cada sistema, los tipos de coalición, las ideologías, los partidos y el contexto internacional explican cómo las gestiones de los ministros se transforman en políticas públicas. Las reformas neoliberales de la década de 1990 estuvieron llevadas adelante por gabinetes altamente tecnocráticos, no partidistas. Y, la investigación politológica nos aporta ciertas regularidades para este tipo de gobiernos. Los gabinetes tecnocráticos aparecen menos preocupados por la impopularidad y más orientados al mercado que los gabinetes partidarios, que en principio deben responder a sus representados. Por esa razón, son vistos como más funcionales a la eficacia reformista. También, nos permiten explicar la heterogeneidad u homogeneidad de los mismos como una variable de importancia respecto a la negociación en el ámbito del Ejecutivo, y cómo de ella puede depender el alcance mismo de las reformas. Tal como sostienen Altman y Castiglioni (2009), a mayor porcentaje de ministros “independientes”, menor es el costo asociado a la negociación de reformas al interior del Ejecutivo.
La estructura del gabinete de Fernando De la Rúa fue un reflejo del perfil que pretendió darle a su gobierno en un contexto de serias dificultades. Y estuvo fuertemente influido por esta percepción de funcionalidad. En la primera etapa-con el primer gabinete-buscó contener a la coalición electoral que se había conformado, la Alianza, pero no lo hizo en forma equitativa. El Frepaso, que había salido segundo en las anteriores elecciones presidenciales (de 1995) y fue considerado como un gran aportante de votos, no había logrado una significativa presencia entre los ministros. La idea de que Chacho Álvarez no contaba con sus propios tecnócratas, en un gobierno regido por la lógica tecnocrática, era una señal de debilidad mayor a la que suponían sus bloques legislativos. La tecnocratización significó, también, un vaciamiento del lugar del Frepaso en el gobierno. Y la salida del Frepaso del gabinete, a su vez, implicó un aislamiento cada vez mayor de un gobierno ya en manos de los economistas devenidos en “políticos tecnócratas”. Continuará mañana.
Profesor de Posgrado UBA y Maestrías en universidades privadas. Máster en Política Económica Internacional, Doctor en Ciencia Política, autor de 6 libros. @PabloTigani
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