Memoria activa 2001 (sexta parte)

Opiniones

Desde la implementación del corralito, se produjeron modificaciones en la conducta de los ahorristas. Los medios de pago y los activos financieros son utilizados para la vida cotidiana, en los ahorristas tienen un rol como reserva de valor los depósitos a plazo fijo. El principal instrumento de ahorro pasó a ser el dólar billete.

La apremiante crisis social estalló en la Argentina el miércoles 19 de diciembre y desembocó en la renuncia del presidente Fernando de la Rúa -posterior a la de Domingo Cavallo- se caracterizó por: los saqueos a supermercados en varias provincias, tras la restricción establecida al uso de efectivo (corralito); el “cacerolazo” protagonizado espontáneamente por la clase media afectada por el corralito en que se habían apropiado de los depósitos bancarios. La ciudadanía y el pueblo estaban cansados de los espejismos de Cavallo.

Desde la implementación del corralito, se produjeron modificaciones en la conducta de los ahorristas. Los medios de pago y los activos financieros son utilizados para la vida cotidiana, en los ahorristas tienen un rol como reserva de valor los depósitos a plazo fijo. El principal instrumento de ahorro pasó a ser el dólar billete.

La posibilidad de incrementar el ahorro se canalizó entonces a través del retiro de fondos de cuentas corrientes o cajas de ahorro mediante un resquicio que quedó agrietado. Entre el 30 de noviembre y el 18 de diciembre, los depósitos de caja de ahorro y cuentas corrientes crecieron u$s 6.370 millones, mientras que los depósitos a plazo fijo cayeron u$s 6.800 millones.

La caída de éstos últimos también respondió a otros temores de los agentes económicos de que se trastornaran otra vez sus derechos de propiedad, como cuando en el año 1989 se canjearon depósitos a plazo fijo por Bonex 89; la imposibilidad de las AFJP de renovar sus plazos fijos, ya que estos fondos estaban siendo utilizados para el financiamiento compulsivo del gobierno.

Estos temores de los ahorristas hacían muy difícil el levantamiento del “cepo a los depósitos”, la restricción de depósitos el día 91, como se había prometido no figuraba en ninguna disposición, dada la alta probabilidad de un retiro masivo de depósitos.

Hubo un proceso de dolarización inducidoen el sistema financiero debido a que se igualaron las tasas de interés de los depósitos en pesos y en dólares, quitando el mayor incentivo para mantener depósitos en pesos, se eliminó la posibilidad de otorgar préstamos en dólares; y se mantuvo la paridad del tipo de cambio de 1 a 1 dentro del corralito. Si bien los dólares ficticios dentro de un sistema financiero desquiciado tenían un favor inferior al dólar billete, fueron preferidos a los pesos.

En dos semanas la participación de los depósitos en dólares en el total de depósitos se incrementó de 73% el 30 de noviembre a 75%, el 18 de diciembre. Las medidas no lograron frenar la transferencia de depósitos de los bancos percibidos como débiles a los vistos como sólidos. Este proceso profundizó los problemas de liquidez de algunas entidades, obligando al BCRA a asistirlas. Así, la expansión del crédito desde el 30 de noviembre hasta el 18 de diciembre ascendió a $ 1.800 millones.

LA PRESUNCIÓN DEL TECHNOPOL

Una conceptualización alternativa a la del artículo de ayer de O’Donnell, es la que encontramos en el trabajo de Jorge Domínguez (1997). Realizado años después, democratización regional mediante y ya en plena década de reformas económicas neoliberales. Aunque no tan influyente como el trabajo señero de O’Donnell sobre el estado burocrático autoritario, lo de Domínguez es representativo de una camada de investigadores de la ciencia política latinoamericanista que asumió el reto de pensar el rol de tecnócratas y élites económicas en el contexto de un régimen democrático competitivo. Domínguez, académico de la Universidad de Harvard, define a un tipo de economistas, a los que llama technopols, que han cumplido un rol importante en la vida política y en la liberalización política y económica de varios países.

Los technopols asumen un papel de especialistas, técnicos o científicos capaces de generar y persuadir, a partir de sus ideas, sobre políticas deseables, disminuir consecuencias negativas de aquellas políticas necesarias y, en circunstancias favorables, hacerlo de manera eficaz. Son políticos-economistas agentes de cambio, si son capaces de entender la política nacional y si se les permite ser abiertamente “pols”, sin llegar a ser “marionetas”. Son tecnócratas, que se presentan como imparciales y desideologizados, pero también son líderes políticos, que postulan políticas racionales. Y que pueden operar a través de diferentes enfoques y aportar sus ideas a la vida nacional, sin distinción del régimen político que acontezca.

Estos “seres atemporales” con alto entrenamiento técnico, dice Domínguez, han estado allí siempre, y han participado en una diversidad de culturas y sistemas políticos, combinando y logrando sortear la tensión entre sus conocimientos expertos, las habilidades políticas, la administración, e incluso sus pasiones, en una proporción necesaria para el contexto en el que se lo requiera. La presencia de los technopols en las democracias de América Latina durante los años noventa es una suerte de reconocimiento a sus habilidades y a su capacidad para generar opciones en un escenario de mercado abierto, bloqueando la arbitrariedad del pasado, sorteando la realidad con estándares profesionales.

Este particular decision maker, mezcla de técnico y político, está vinculado a la implementación de las reformas neoliberales en América Latina. Estas figuras públicas supieron “hacer de la economía algo político” y también hacer alianzas políticas para gobernar más efectivamente. Domínguez tiene en mente, entre otros, a Domingo Cavallo; los technopols han hecho las políticas económicas aceptables para el público en general, tanto en contextos democráticos como autoritarios.

Pero según Dávila Avendaño, para Domínguez no hay relación entre los technopols y el régimen político, pues ellos ofrecen una metodología para comprender los problemas sociales y ella descansa en la habilidad para llegar a una solución óptima para cualquier problema, puesto que sus criterios claves para la acción son el realismo y la eficiencia; los technopols son una variante de los tecnócratas, que también son líderes políticos” (Dávila Avendaño, 2010, pág. 204).

Simultáneamente a este redescubrimiento del rol de los tecnócratas en el proceso de reformas neoliberales latinoamericanas, Stiglitz también va a abordar el fenómenos político de los economistas. En Malestar de la Globalización (2002) el autor explica en primera persona, a partir de su experiencia, que las transformaciones en el enfoque de los organismos internacionales como la Organización Mundial de Comercio, el Banco Mundial y especialmente el Fondo Monetario Internacional fueron llevadas a cabo por economistas connotados. Stiglitz nos cuenta el modo en que éstos organismos tomaron las decisiones y establecieron (y siguen estableciendo) las políticas que ellos consideraban necesarias y correctas.

Su crítica no se dirige a la globalización económica en sí, sino a su gestión -o mala gestión- durante las décadas de 1980 y 1990. En su análisis combina una lectura sobre el significado de la información económica en un mundo globalizado, y de la falta de ésta, con la necedad ideológica de algunos de estos tecnócratas de los organismos internacionales, lo que resultó en consecuencias más que desfavorables para el mundo en desarrollo.

Stiglitz defiende la necesidad del debate democrático, de la expresión libre de ideas, de la transparencia como esenciales para profundizar sobre las medidas que deben tomarse sobre algunas partes del mundo por parte de los que tienen en sus manos tales resoluciones, y que por otro lado deben ser conocidas por aquellos que son afectados por ellas. El objeto de su crítica más acérrima termina siendo el FMI, al que describe como falto de valores y abundante en hipocresía, por la carga ideológica con la que trató políticas y recomendaciones de política, obteniendo pésimos resultados y generando más que externalidades negativas. Sus agentes decisores, los economistas que impulsaban o implementaban sus recetas, defendían determinados intereses.

Continuará mañana.

(*) Profesor de Posgrado UBA y Maestrías en universidades privadas. Máster en Política Económica Internacional, Doctor en Ciencia Política, autor de 6 libros. @PabloTigani

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