6 de marzo 2023 - 10:06

Debate por la deuda pública: crónica de un default anunciado (Parte VIII)

Dólares pesos

Nosotros éramos conscientes, pero nuestro mayor desafío consistía en vender la parte de la empresa productiva (participación) al legal & financial advisor de un importante Private Equity Fund. Claro que en 2016 la empresa representada estaba alojada en una Argentina rentística-financiera, conformada así, por decisión del gobierno. Pero llevábamos un año, el esfuerzo estaba hecho y el día había llegado.

Primera semana de diciembre 2016, tercer piso de 42nd.St. y Madison Ave. Con su proverbial cortesía el pelirrojo comenzó: “Estamos muy entusiasmados con el presidente Macri, pero parecería que aun no están dadas las condiciones para invertir en la Argentina”. Acto seguido nos empezó a consultar sobre política y economía. Lo hicimos como siempre… “primero la patria”. Todo lo contrario, a lo que hoy hacen los sobrevivientes del Titanic I y el Titanic II.

Después del baldazo de agua fría, la pregunta del pelirrojo fue: ¿Es popular el presidente Macri?¿Puede ganar las elecciones de medio termino? - ¿Qué puede pasar si pierde en octubre 2017? -. PhD., Senior Research Manager Legal, Economic & Regulatory Affairs, entre sus clientes incluía empresas e instituciones financieras de las Fortune 500.

Una cuadrilla de expertos argentinos veía mostrado un instinto económico perverso y había horadado la reputación del país por trece años. Ellos mismos habían quedado mezclados por sus propios relatos, es una mentalidad que persiste constreñida dentro de su propio adiestramiento dogmático. Claramente esa clase de economistas, aunque no se entera, siempre fue adiestrado para repetir. Adiestrar en el sentido de Enseñar a ejecutar determinados movimientos o habilidades siguiendo las órdenes de una persona.

Es diferente que estudiar o investigar, pensar en forma critica, reflexionar y buscar soluciones nuevas que aporten a una ciencia.

Rodrigazo, “tablita cambiaria de Martínez de Hoz, Sigautazo: “el que apuesta al dólar pierde”, dos hiperinflaciones de Alfonsín y Menem y, crisis de la Convertibilidad de De la Rua-Cavallo, en solo 25 años. Todas las crisis mencionadas tuvieron más o menos tipologías inestables coincidentes.

YA ERA INOCULTABLE PARA QUIENES LOS PROTEGÍAN

En nuestro intercambio podíamos ver como había consenso, aun entre economistas amigos del gobierno, estimando una caída de 2.5% del PBI, como sostuvimos nosotros desde que previnimos sobre los movimientos de Prat Gay y Sturzenegger en diciembre 2015, a días de asumir (Diario Registrado)

Transcurrido el primer año de mandato, se había retrocedido para convertir a la Argentina en un país peor, aun antes que se hubieran asestado las reformas estructurales que habrían de encararse luego de las elecciones de 2017.

Estos expertos en tragedias provocaron varios terremotos innecesarios tempranamente generando una llamarada inflacionaria y una caída del nivel de actividad.

Estábamos cerrando 2016 con una caída del PBI de 2.5%, una inflación de más de 40% y persistente salida de divisas en lugar de “lluvia de dólares”. La inflación se había comido la mejora de la competitividad sondeada con la violenta devaluación de 2015. El déficit primario terminaría aumentando muy por encima del que había dejado “el marxista de Kicillof” (así se preconizaba al ex ministro).

Parecería que Prat Gay no sabía más nada, independientemente de su inolvidable foto (salto de alegría cuando arregló con los fondos buitres), no calzaba muchos puntos, no dominaba la macroeconomía. La estrategia de Prat Gay consistía en generar un profundo déficit fiscal primario, financiado con endeudamiento externo a tasas de interés costosísimas. Súmesele la apreciación del peso-atraso del tipo de cambio real- y póngale “letra y música de Martínez de Hoz”- ¿qué podía salir mal con la trinidad imposible? - Conocida como el “trilema monetario” o la “trinidad irreconciliable” de la economía, es la situación en la cual resulta imposible conjugar al mismo tiempo, tres objetivos: libre movilidad de capital, tipo de cambio fijo y política monetaria autónoma.

Se encarecía el costo de financiamiento post Cristina Kirchner, habiéndole pagado a los fondos buitres y consumando todas las genuflexiones posibles. El BCRA tenía que emitir para financiar al Tesoro como en la “era Kicillof” (pero muchísimo más), y para comprar dólares como en la era Lavagna, aunque la demanda de dinero no coincidía con todos los pesos que el BCRA ofrecía.

Según la escuela de pensamiento que guiaba al gobierno, en teoría esto era “incuestionablemente” inflacionario, lo habíamos escuchado hasta el hartazgo. En ese entendimiento, el BCRA estaba obligado a absorber los pesos excedentes, y la esterilización de dinero había resultado muy costosa, generando un nuevo y inaudito déficit: “el cuasi fiscal”. Aquí empezó la locura de deber en pesos y pagar tasas extravagantes (LEBACS LELIQS).

La agenda económica de principios 2016 era reactivar la economía mediante la inversión y un fuerte aumento de las exportaciones, pero eso nunca sucedió.

En ese marco teórico-imaginario, sin reformas estructurales la inversión no llegaría y, eso disparaba otro dilema político-económico: “Recesión y conflicto social inmediato o reactivación e hiperinflación con posterior peligro nacional”. Ese enfoque doctrinario de los protagonistas del propio gobierno nos había dicho que sin inversión era difícil lograr reactivación, pero para obtener la inversión había que bajar drásticamente el gasto público… Lo dispararon a fines de 2017 el gasto publico seria el mas lato en 35 años.

Increíblemente con un gobierno “pro mercados” la Argentina invertía poco más de 15 puntos a PBI, la inversión pública representaba solo 4% a PBI, y la inversión privada equivalía a 11% del PBI; siendo la sumatoria muy inferior al promedio regional de 18.8%, y estando muy por debajo del 23/24% que con otra composición logró por muchos años el “pésimo gobierno K”-según decían-. Sin embargo, aquellos tres gobiernos acumulaban entre 60 y 80% de crecimiento del PBI, según quien lo midiera (antes o después de Todesca). Y eso sin financiamiento, con la crisis de Lehman Brothers en 2008 y 2009 en el medio.

La amalgama de política económica llevaba consigo a una sobrevaluación del peso, lo cual desalentaba la inversión que se deseaba obtener. No se había avanzado con medidas que ayudaran a retomar: “baje el piso y no nos estrellemos contra el techo” (alusión a la publicidad de Martínez de Hoz), tales como flexibilizar la legislación laboral (alusión a la Banelco) o desregular para eliminar los sobrecostos (bucle Menemista) que existían aun en muchas solicitudes de apertura como consecuencia de la protección arancelaria “a medio camino”. Eso sí, se había avanzado mucho en reducir la carga tributaria de la minería y el complejo sojero, generando un extraordinario desfinanciamiento del Estado.

Por un lado, la incertidumbre no menguaba (subía el riesgo país, por arriba de Kicillof al final del mandato de Cristina). No había señales de bajar el déficit fiscal con semejante nueva carga de intereses y; por otra parte, el desempleo, la pobreza y la caída del salario crecían.

La infraestructura en materia de autopistas, vías de trenes, puertos y otros espejismos, eran solo compromisos pendientes. “Cambiemos”, con el esquema discursivo y el regreso a la mala praxis, no podría traer ningún cambio. Esto era “menos de lo mismo” (Martínez de Hoz, Cavallo). Parafraseando a Saussure: “El agua se compone de hidrógeno y oxígeno, pero ninguno de estos elementos tiene las propiedades del agua”. Había una gran diferencia entre los signos lingüísticos del gobierno y lo que se veía desde la ciudad de New York.

Profesor de Posgrado UBA y Maestrías en universidades privadas. Máster en Política Económica Internacional, Doctor en Ciencia Política, autor de 6 libros.

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