Después de las PASO, el BCRA vendió u$s 3.061 millones de reservas en el mercado cambiario, con el doble objetivo de seguir ayudando a que salgan los amigos y, para evitar la suba del dólar que provocaría la aglomeración de demandantes de divisas. Además, le vendió al Tesoro u$s 2.900 millones para pagar deuda contraída durante su mandato y pagarles a los bancos amigos de Caputo.
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La notable fuga de capitales de agosto (antes y después que se supieran perdidos) sumó una fuga de alrededor de u$s 6.000 millones. La dolarización, más el desarme de inversiones financieras por parte de no residentes, pulverizaron la meta de reservas internacionales netas acordada con el FMI para septiembre 2019. La meta ajustada era de u$s 18.700 millones y las reservas netas observadas a fin de septiembre del orden de u$s 12.800 millones, registrándose un desvío de alrededor de u$s 6.000 millones. Tras incumplir la meta monetaria bimestral de julio-agosto, el BCRA decidió convalidar una expansión de la base de 2.5% mensual tanto en septiembre como en octubre, dejando atrás la regla de emisión cero acordadas con el FMI.
Lo preocupante era que el Tesoro necesitaba $ 420.000 millones para atender sus obligaciones en pesos. Habría que emitir para pagar el faltante remanente el equivalente a 25% de la base monetaria, cifra que podía resultar menor si aumentaban los libramientos impagos y se optaba por defaultear selectivamente la deuda ya defaulteada o “reperfilada”. La emisión estimularía la demanda de dólares para atesoramiento, las brechas cambiarias y la inflación. Tampoco se cumpliría con la meta de déficit fiscal primario cero, hablaban de un déficit primario del orden de 1% del PBI, alrededor de $ 225 mil millones.
LA DEBACLE MACRISTA
“Me siento honrada de haber sido nominado para la presidencia del Banco Central Europeo. A la luz de esto, y en consulta con el Comité de ética del directorio ejecutivo del FMI, he decidido renunciar temporalmente a mis responsabilidades como directora Gerente del FMI durante el período de nominación” (Lagarde, Twitter, 2 de julio, 2019). El programa con el FMI explotó, pero aún sin amigas en el FMI, el gobierno trataría de manejar la transición hasta el 10 de diciembre, extremando la contracción monetaria y el déficit fiscal primario, aunque para el final del mandato las variables se ubicarían muy lejos de las metas originalmente acordadas con el FMI.
La transición seria sin desembolsos del FMI, en un contexto de extrema vulnerabilidad financiera, con una economía que aceleraba su ritmo de caída, y seguía perdiendo reservas y depósitos.
Una economía “atada con alambre” (Ignacio Copani), tenía que llegar al 10 de diciembre sin una “crisis helicopteril”. El daño estaba hecho, en medio de una super recesión, todos los indicadores del nivel de actividad mostraban caídas significativas.
Las derivaciones finales del gobierno se quitaban la máscara: devaluación, desplome de los precios de bonos y acciones, perdida de reservas, aumento del riesgo país, suba de la tasa de interés y caída del nivel de actividad. A septiembre el BCRA había perdido u$s 18.000 millones de reservas internacionales, alrededor de 27%. Salieron de los bancos u$s 11.100 millones, el 34.1% de los depósitos privados en dólares del sistema. El Merval en dólares cayo 46.8%, el Bonar 2024 se desplomo 45.6%, mientras el riesgo país subió 147% y el CDS (Credit Default Swap) remontó 591%. Asimismo, el dólar trepo 25.5%, el dólar bolsa 38.5% y el contado con liquidación 43%. En tanto la tasa Leliq subió 14 puntos y los depósitos a plazo fijo en pesos cayeron 7%.
Mientras tanto el retiro de depósitos continuaba, una vez instalado el cepo Macri-Lacunza, el BCRA seguía perdiendo reservas porque nadie imaginaba la magnitud de lo que podía ocurrir cuando se destapara la olla en el próximo gobierno.
La transición llegaría con drenaje de reservas y depósitos, sin saber si se reforzaría el control de cambios y en qué magnitud y, si se volvería a realizar otro default selectivo con la deuda corta ya defaulteada o “reperfilada compulsivamente”.
Antes de las PASO la mayoría de los indicadores se venía derrumbando, desde 2018, no se podía tapar el sol con las manos de los medios hegemónicos y los acólitos ecolobistas, consensuadamente se comenzaron a blanquear las proyecciones de nuevas caídas para el tercer trimestre (-1% trimestral), (-3.5% interanual) y para el último trimestre (-1.2% trimestral),(-2.6% interanual). La economía mostraría en 2019 una caída promedio del orden de (-2.7%), tras caer (-2.5%) en 2018. Pronóstico que dejaría, además, un arrastre negativo para 2020 de por lo menos 2 puntos.
La huida récord de capitales por el blanqueo de la situación y sus probables consecuencias (u$s 6.000 millones) y la pérdida de reservas (u$s13.800 millones) llevaron al ortodoxo equipo económico a establecer control de cambios y default selectivo de la deuda de corto plazo.
Se eligió aumentar la oferta de dólares acortando el plazo de la liquidación de exportaciones, y reducir la demanda de divisas, imponiendo restricciones a la compra de dólares. Sacudieron hacia adelante las Letes en dólares y las Lecaps en pesos. Pero quedaba la duda de con qué se pagaría lo que aún se debía. La opción era una fuerte emisión en diciembre. No obstante, no había trazas de con que pagar los voluminosos vencimientos de deuda en pesos y dólares de los primeros 6 meses en 2020. El ritmo de pérdida de reservas del BCRA decidiría más controles cambiarios y también si se volvía a defaultear la deuda corta ya reperfilada compulsivamente.
La pesada herencia
El próximo gobierno heredaría: bajísimo stock de reservas internacionales netas, el dilema de emitir una suma significativa después del 10 diciembre 2019 (asumía Fernández) y abultados vencimientos de bienvenida en el primer semestre 2020 de una deuda defaulteada selectivamente, y reperfilada de manera improvisada.
En agosto el superávit comercial fue de igual magnitud que el de julio, solo pudo financiar 30% de la fuga de capitales. De esa demanda de dólares, hubo 1.300.000 personas humanas (target Cambiemos) que compraron u$s 2.200 millones en billetes, cifra igual a la de julio, pero en agosto fueron mucho mayores las compras de personas que adquirieron más de 10 mil dólares en el mes: 40% de este monto, cuando en julio ya había sido más de 30%. No fue el miedo a Fernández, fue la realidad del desastre que dejaba Macri. Esa fue la razón por la cual, a partir de septiembre, con el control de cambios, se les prohibió a las personas humanas la compra de billetes por más de 10 mil dólares por mes.
A su vez, las personas jurídicas compraron u$s 905 millones en billetes en agosto (compromisos de Macri), arriba de los 1.000 millones que compraron desde enero, a pesar de la extraordinaria bicicleta financiera montada para ganar enormes sumas en dólares. Estaban realizando ganancias y pasándose a dólares-sabían que hasta las PASO el gobierno garantizaba la bicicleta financiera-, esa fue la razón por la cual desde septiembre las personas jurídicas ya no pudieron comprar dólares billetes sin autorización previa del BCRA.
El grueso de la fuga de capitales se debió a las transferencias de dólares al exterior, fundamentalmente de personas jurídicas, que, en agosto, fecha en que se terminaba la última bicicleta financiera ascendieron a u$s 3.500 millones. Esto llevo a partir de septiembre a prohibir que las personas jurídicas atesoraran en dólares y transfirieran a sus cuentas del exterior o explotaba el pais. Especularon y fugaron hasta el límite. Esas extraordinarias transferencias de divisas fueron mayormente fondeadas con el retiro de depósitos en dólares del sistema bancario local por u$s 3.100 millones.
Director de Fundación Esperanza. https://fundacionesperanza.com.ar/ Profesor de Posgrado UBA y Maestrías en universidades privadas. Máster en Política Económica Internacional, Doctor en Ciencia Política, autor de 6 libros
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