18 de agosto 2023 - 08:43

Debate por la deuda pública: crónica de un default anunciado (Parte XCIX)

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El legado del Mandela argentino iba a ser terrible. Es una ironía de la comparación que hizo el periodista Luis Majul, refiriéndose a Mauricio Macri, comparándolo con el ilustre. El verdadero Mandela se empapó de los modelos de liderazgo de su infancia. Del rey que lo crio aprendió la importancia de escuchar y guiar más que gobernar por decreto. De los maestros ingleses de sus colegios aprendió la importancia del estudio, el honor y la disciplina (El legado de Mandela, Richard Stengel).

Alberto Fernández le volvió a dar una paliza a Mauricio Macri en las elecciones finales, en primera vuelta. Ganar en primera vuelta con casi 9 puntos de ventaja era un triunfo contundente, pero si se observaba a Kicillof en la provincia de Buenos Aires era un resultado estrafalario, le había sacado 14 puntos a María Eugenia Vidal.

Esta era la décima elección presidencial que el PJ ganaba en 74 años, el anti peronismo-que es el segundo pseudo partido de la argentina-, con presencia de la UCR ganó en solo cinco oportunidades. En la celebración del triunfo se cantaba la marcha peronista como hacía tiempo no se escuchaba, aunque el resultado electoral no había definido los liderazgos en el Frente de Todos. Cristina Kirchner pesaba, pero de Alberto Fernández aún no se sabía mucho. En el palco se mostraron Axel Kicillof y Máximo Kirchner. Dos días después, Alberto Fernández se mostró con gobernadores, intendentes y la CGT. Massa había entrado a la cancha con los dos Fernández.

En Juntos por el Cambio, nada estaba claro, solo el liderazgo de un Macri detonado, y un Rodríguez Larreta exultante por el triunfo. En la UCR se hablaba de una conducción colegiada, mientras María Eugenia Vidal (orgullosamente bonaerense) intentaba liderar Cambiemos en la provincia que la había eyectado ruidosamente.

La elección había confirmado el predomino político porteño, pues de los últimos cinco presidentes democráticamente elegidos, tres habían sido de CABA: De la Rúa, Macri y Fernández, y dos de Santa Cruz: Néstor y Cristina. Por primera vez en la historia, los dos primeros eran porteños: Fernández y Macri. Hasta 1996 el alcalde de la Ciudad de Buenos Aires era un funcionario designado por el Poder Ejecutivo. Lo lamentable, es que en 25 años se diera una extraordinaria concentración mediática en CABA que permitió des federalizar aún más el país.

La transición, se iniciaban con gestos positivos, pero no sería fácil, Macri buscaba usar los días que le quedaban para arreglar sus desprolijidades e intentar afianzarse como jefe de la oposición, Fernández, trataba de evitar el costo de cogobernar con Macri. Sorprendía que el equipo de transición de Alberto Fernández no tenía nada que ver con Cristina Kirchner. Ellos y ellas eran Gustavo Beliz, Vilma Ibarra, Santiago Cafiero y Wado de Pedro.

Fernández postergaba la definición del gabinete para evitar que los desgastarán antes de comenzar. El Frente de Todos quedaba con 18 gobernaciones, con 4 Cambiemos y 2 eran de partidos provinciales. De 257 Diputados, solo 120 eran del Frente de Todos.

Tras la elección, los piqueteros más duros retomaron la calle el 30 de octubre. Los moderados buscaban incorporarse a la CGT, participar en el pacto social y obtener cargos en el ministerio Desarrollo Social. La sociedad acumulaba 4 años de frustración. Los indicadores sociales se habían deteriorado en el período de gobierno de Macri y, ahora las dudas estaban en ver si los sectores de menores ingresos le darían tiempo a Alberto para recomponer la tragedia Macrista

TRAS LA ELECCIÓN

Se percibía un clima de colaboración, por fin la campaña había terminado y la transición comenzaba relativamente tranquila. Se observaba una generosa predisposición a ayudar de parte del presidente electo. Alberto Fernández anhelaba una transición ordenada, algo bastante ingenuo, luego de 12 años ininterrumpidos de discurso de odio y demonización del espacio ganador.

El nuevo Congreso quedaba con una conformación equilibrada, el terminante triunfo de Alberto Fernández de 48% vs 40%, es necesario comprenderlo como si fueran $ 48 pesos sobre $ 40 pesos, allí tendríamos un 20% más en el valor.

La conformación del Congreso permaneció equilibrada, no solo no sería una escribanía de las decisiones del nuevo presidente, sino que era previsible que constituiría la capacidad necesaria para “poner palos en las ruedas”.

Macri tomó medidas

Robusteció el cepo para preservar las reservas del BCRA. Decidió reducir el impuesto inflacionario que hasta ese momento venía siendo regalado al sector financiero. Conservó el mismo nivel de encajes para los depósitos a la vista, pero excluyó su porción remunerada. Desde entonces, si había que emitir para financiar al Tesoro el impuesto inflacionario lo recaudaría el Estado y no el sistema financiero, como se concedió por mucho tiempo. Esa medida demostraba las claras lo que Guido Sandleris había hecho durante su mandato en el BCRA. Además, el gobierno lanzó una ampliación presupuestaria vía DNU (Decreto de Necesidad y Urgencia), que descubrió la necesidad de financiamiento monetario para el Tesoro, y aumento de préstamos de bancos oficiales al gobierno para pago de haberes.

Mauricio Macri estaba desesperado, convocó al futuro presidente a un desayuno que tuvo lugar al día siguiente de las elecciones para empezar a trabajar en un traspaso ordenado. El nombramiento de un equipo de transición por parte Alberto Fernández, reflejaba una generosa cooperación con la intención de lograr una transición ordenada, extraña en la historia argentina. Esta buena actitud había contribuido para que las jornadas financieras después de la elección transcurrieran sin sobresaltos.

En la cámara de Diputados, la primera minoría sería de Juntos por el Cambio, mientras que el Frente de Todos quedaría por detrás. En el Senado, el Frente de Todos era primera minoría y quedaría muy cerca de conseguir mayoría propia. Con esta distribución parlamentaria, el Frente de Todos tendría una oposición significativa y acoplada, con capacidad para frenar todos los proyectos que quisieran.

El primer cepo Macrista que resultó ineficaz para frenar la compra de dólares de personas físicas y el aumento del atesoramiento previo a la elección, insistiendo la pérdida de reservas, llevo al gobierno a endurecer “el cepo Macrista”. Se pasó así de un cepo ineficaz a un cepo más eficaz. El objetivo era que el BCRA dejara de vender dólares pudiera llegar al 10 de diciembre con algún stock de reservas netas, aunque mas no fuera, de 8 o 9 mil millones de dólares.

En los meses previos a las elecciones el mercado de cambios exhibía un exceso de demanda de dólares y el BCRA continúo vendiendo impúdicamente. En septiembre vendió u$s 1.350 millones y en octubre u$s 4.000 millones.

Entre billetes y transferencias, tuvo una salida de capitales de u$s 3.450 millones. El primer cepo frenó la fuga de capitales de las empresas, pero no la de las personas físicas.

El cepo Macrista resultó inútil para reducir las compras de billetes de personas físicas. La cantidad de personas que compraron dólares billetes en septiembre aumentó un 30% respecto de agosto. Hubo 1.690.000 personas que compraron billetes por u$s 2.900 millones (+32%), mientras que las ventas de billetes cayeron a u$s 330 millones (-52%). Las compras netas de billetes de personas físicas se proyectaron 70% en septiembre a u$s 2.578 millones.

El recrudecimiento de la pérdida de reservas fue escandaloso. Por eso hubo que reforzar el segundo cepo Macrista. Se redujo así el límite de compra de dólares para las personas físicas de u$s 10.000 a u$s 200 por mes. Con el primer cepo, se estimaba para fin de año reservas brutas por u$s33mil millones y reservas disponibles por menos de u$s 5.000 millones. Luego, con el súper cepo Macrista, se proyectaba para fin de 2019, reservas brutas por u$s 38.000 millones y reservas disponibles por u$s 9.000 millones. Todo esto, habiendo superado los u$s 110.000 millones en los primeros dos años de gobierno. De igual manera, las reservas disponibles no alcanzarían para pagar los u$s 12.800 millones en dólares que vencían en los primeros cinco meses del año 2020. Que Alberto Fernández se las arreglara como pudiera.

Como se podía evaluar, no había mucho margen para es evitar caer en un default generalizado, era imprescindible avanzar con la renegociación de la totalidad de la deuda para lograr una reestructuración que la hiciera sustentable.

Lo urgente era volver defaultear selectivamente las Letes del Tesoro ya defaulteadas, que, si bien representaban 6% del total de la deuda pública, explicaban el 45% de los vencimientos de deuda en dólares que había que pagar entre enero y mayo. El 55% restante correspondía a u$s 2.900 millones de vencimientos de bonos con el sector privado y de deuda con organismos multilaterales de crédito.

Al presidente electo Alberto Fernández le esperaba una verdadera catástrofe. Una bomba de tiempo con una mecha de escasos milímetros iba a detonar en el mes de enero 2020.

Director de Fundación Esperanza. https://fundacionesperanza.com.ar/ Profesor de Posgrado UBA y Maestrías en universidades privadas. Máster en Política Económica Internacional, Doctor en Ciencia Política, autor de 6 libros

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