24 de febrero 2026 - 14:39

Desafío 2026: líderes que potencien, y no que resten

Los líderes que centralizan decisiones y micromanagean restan. Los que potencian confían, desafían y construyen entornos seguros donde las personas dan lo mejor.

Un líder potenciador entiende que su rol principal no es ser el primero, sino estar al servicio del otro. 

Un líder potenciador entiende que su rol principal no es ser el primero, sino estar al servicio del otro. 

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Frente al contexto actual, de alta incertidumbre, presión constante y transformación acelerada, las organizaciones enfrentan un desafío que va mucho más allá de lo económico, financiero o tecnológico y que es el tipo de liderazgo que están cultivando para lograr que las cosas sucedan.

Hoy, más que líderes brillantes o carismáticos, se necesitan líderes que potencien a otros y que construyan entornos seguros donde las personas puedan dar lo mejor de sí, sintiéndose incluidos, con las garantías de poder desafiar el status quo, con las ganas de aprender cosas nuevas, y con la libertad de enfrentar hábitos antiguos o proponer nuevas prácticas.

Hoy los líderes que solo se enfocan en controlar, microgestionar, y repetir solo fórmulas que funcionaron hasta aquí y no habilitar la posibilidad de nuevas alternativas, son líderes que restan.

Los líderes que restan suelen centralizar decisiones, mostrarse como los más inteligentes de la sala y generar dependencia. En cambio, los líderes potenciadores confían, desafían y desarrollan. Hacen mejores preguntas, crean espacios para que otros piensen y empujan a las personas a operar cerca de su máximo potencial.

Brené Brown, en su libro Dare to Lead, plantea que el liderazgo valiente no se basa en la dureza ni en la perfección, sino en la vulnerabilidad deliberada, la claridad y la responsabilidad. Evitar conversaciones difíciles no es amabilidad, es evasión. La falta de franqueza genera confusión, resentimiento y pérdida de confianza.

Los líderes que potencian son aquellos capaces de diseñar y habitar esas conversaciones honestas en donde el objetivo no es ganar, sino comprender, integrar miradas y avanzar. Son aquellos que cuidan y a la vez desafían a sus equipos. En estos entornos, la claridad se convierte en una forma de cuidado y la confianza en un activo estratégico. El resultado no es solo mayor desempeño, sino equipos más comprometidos y autónomos.

Las estadísticas lo demuestran: cuando los colaboradores sienten seguridad tanto a nivel emocional como psicológicamente, se activa la cooperación, la lealtad y el sentido de pertenencia. En contextos seguros, las personas se animan a innovar, a decir la verdad y a asumir riesgos responsables. En contextos dominados por el miedo, ocurre exactamente lo contrario.

Un líder potenciador entiende que su rol principal no es ser el primero, sino estar al servicio del otro. No se trata de ser blando, sino valiente. No se trata de perder autoridad, sino de ejercerla con impacto. No se trata de brillar solo, sino de hacer brillar a otros.

En un mundo que ya no necesita más control ni héroes solitarios, apostar por modelos de liderazgo más humano, consciente y estratégico que potencien a los equipos, y no que resten, es una decisión clave para la evolución estratégica, la innovación y el futuro del trabajo. Porque al final, las organizaciones no crecen por sus planes, sino por la calidad de las personas que las lideran y la forma en cómo eligen hacerlo.

Lic. Recursos Humanos, magister en dirección de empresas y coach ejecutiva.

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