Cuatro razones de por qué baja la inflación y el monetarismo no puede explicarlo

Opiniones

A pesar de que el monetarismo indica que la inflación debería subir en el contexto actual, esto no ocurre. A continuación el porqué de esto.

La semana pasada el Indec publicó el dato de la inflación de agosto: marcó 2,7%. Con este número se sostiene la misma tendencia que viene operando en los últimos 9 meses, con un sostenido proceso de desaceleración inflacionaria, el cual señala que 2020 seguramente termine con una suba de precios en torno al 35%. Es decir, que si durante 2019 la suba total de precios fue de 53,8%, este año el nivel inflacionario implicará una categórica reducción de unos 20 puntos de descenso con respecto al año pasado.

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Los economistas defensores del monetarismo no logran explicar porqué la inflación no aumenta en el contexto actual.

Los economistas defensores del monetarismo no logran explicar porqué la inflación no aumenta en el contexto actual.

Sin embargo, a pesar de esta persistente caída de la tasa inflacionaria muchos economistas adscriptos al monetarismo, la ortodoxia económica y a la corriente libertaria no han hecho más que papelones al haber anunciado números catastróficos para la dinámica de precios actual que no se cumplieron. En realidad la situación fue peor: no sólo no advirtieron el proceso de desaceleración vigente, sino que –totalmente alejados de la realidad- incluso profetizaron el caos, una inflación descontrolada y hasta una hiper. Nada parecido a lo que de verdad sucedió.

Por ejemplo, el consultor Miguel Ángel Broda comentó al comenzar mayo: “Vamos a tasas de inflación como las que tuvimos en los 80” (Infobae 08/05/2020), haciendo alusión a que las pautas de suba de precios se descontrolarían y serían superiores al 300% anual. El economista Diego Giacomini diagnosticó algo similar al decir que “El BCRA nos está llevando hacia una nueva hiperinflación” (Urgente24 30/07/2020). Su colega, Javier Milei, avizoró una inflación del 500% si ganaba el kirchnerismo (Perfil 19/03/2019), aunque hace poco ratificó varias veces su diagnóstico sin temor de decir que para él “la hiper estaba cantada” (Cronista 06/07/2020). El ex vice ministro de Economía y fundador del CEMA, Carlos Rodríguez, alertó lo mismo al criticar la política monetaria del Banco Central, señalando “No le den bola a mis tweets pero después no lloren cuando Navidad la pasen con hiperinflación” (20/07/2020).

La lista de voceros y defensores de las formulas monetaristas y conservadoras que han errado groseramente sus pronósticos la podríamos extender mucho más. Pero con estos ejemplos es suficiente para notar que su capacidad de análisis ha distado mucho de la realidad. Que tantos economistas hayan estado tan lejos de lo sucedido no puede deberse entonces únicamente a falta de profesionalismo individual, sino a algo más profundo y generalizado todavía: los problemas de base y conceptuales que conlleva la teoría en la cual se apoyan, que no es otra cosa que su defensa fanática de los postulados monetaristas.

Por ello mismo, para entender por qué sistemáticamente fallan y por qué no existe validación empírica en sus afirmaciones, algo que debería ser prioritario en todo profesional del saber económico, consideremos cuatro puntos fundamentales.

1 – ¿La demanda de dinero explica todo?

Empecemos con un punto importante, para la concepción monetarista la explicación central en la suba, baja o estabilidad de precios solo la podemos ubicar en una etérea variable: la demanda de dinero. Así, si los precios aumentan, arguyen que se debe a que ha “caído la demanda de dinero”, mientras que si un gobierno expande drásticamente la emisión monetaria, como sucede actualmente en Europa o Estados Unidos, pero no se registran presiones inflacionarias allí, eso se debe a que “la demanda de dinero subió”.

Como vemos, esta misteriosa variable parece explicarlo todo. Por ello mismo, los monetaristas si son fieles a su doctrina, debería afirmar que el notorio proceso de desaceleración inflacionaria actual que vive nuestro país, se debe a que la demanda de dinero ha ganado fuerza aquí. Y esto deberían hacerlo admitiendo además cuatro cosas más.

Primero, que dicha desaceleración se debió mágicamente a un aumento de la confianza en la moneda doméstica aún antes del parate en la actividad económica que implicó la pandemia, puesto que el proceso de baja inflacionaria comenzó en diciembre pasado. Segundo, que el fortalecimiento en la moneda local ocurrió aún cuando el gobierno argentino expandió significativamente la emisión monetaria desde marzo. Tercero, además de una mayor oferta monetaria, las tasas de interés se mostraron negativas durante el período por lo que no habrían existido incentivos “racionales” para incrementar la preferencia por el dinero argentino. Cuarto, todo esto ocurrió incluso cuando la cantidad de bienes y servicios en la economía se redujo fuertemente (ya que la actividad económica se desmoronó con la pandemia).

Para ser sinceros, parece imposible que un monetarista admitiera todo esto: siempre dicen que la confianza en nuestra moneda está cayendo. Sin embargo, si quisieran explicar la dinámica de precios únicamente basándose en la premisa de la “demanda de dinero” no tendría otra alternativa. Vemos entonces que aquí se encuentran frente a un callejón sin salida e imposible de revolver según su propia concepción. De este modo, sus problemas de predicción y diagnóstico no es raro que fallen tanto.

2- ¿Hay inflación en un mercado de trueque?

El verdadero problema de fondo del monetarismo es su pobre capacidad analítica. Toda su teoría se basa en una sola premisa: según argumentan, como dicen que no hay inflación en un mercado de trueque, entonces deducen que la inflación es estrictamente un fenómeno monetario.

Aquí ya son fácilmente detectables los grandes problemas y la pobreza conceptual monetarista.

El primer punto a considerar es la circularidad del razonamiento y la incapacidad explicativa. Porque, efectivamente, la inflación es un proceso en el cual los precios suben. Como además, dicha suba existe solo en mercados donde hay un equivalente general supernumerario que expresa las relaciones de valor entre bienes. Dicho equivalente general no es otra cosa que el dinero.

Ahora bien, ¿esto es suficiente para explicar la inflación? Categóricamente no. Afirmar que la inflación ocurre solo en mercados donde existe el dinero no implica una relación de causalidad, sino tautología. Es casi como decir “el agua en su estado líquido es mojada”, o la “inflación es fenómeno económico y social”. Realmente no nos dice nada ni explica la naturaleza del fenómeno.

Pero además, la función predictiva realmente desaparece cuando se considera, en verdad, que en mercados monetizados existe tanto subas, como bajas e incluso estabilidad en el sistema de precios. Por lo cual, la presencia de una moneda en un mercado no es suficiente para explicar cómo fluctúan las relaciones del valor entre bienes.

Aquí vemos, entonces, que el vínculo entre causa y efecto del monetarismo ya se ha desvanecido, y por ende su capacidad predictiva también, perdiendo toda relación explicativa. Y de allí que luego se desprendan sus errores analíticos: porque si bien el dinero es una condición necesaria para lógicas inflacionarias no es suficiente para ello, confundiendo una cosa con la otra.

3- El dinero como termómetro de precios

El ejemplo del mercado de trueque es realmente un caso forzado para pensar la economía actual. Podríamos preguntarnos, tal como hacen los monetaristas, si existen celulares en un mercado de trueque, si uno puede comprar Acciones de una empresa en una economía sin dinero o incluso si podría existir internet, satélites espaciales o acaso aires acondicionados sin un equivalente general, como es el dinero, que facilite las prácticas económicas modernas.

El capitalismo moderno sin dinero no podría existir. Ahora bien, el dinero por sí mismo no explica ni al capitalismo actual ni a la inflación.

Volvamos al punto base: la moneda expresa la suba de precios, las relaciones de poder entre sectores económicos o mide las diferencias de valor de los bienes según la expresión que nos guste más, pero no explica estos fenómenos o sus variaciones. Forzando los ejemplos y las analogías tanto como lo hacen los monetaristas, podríamos afirmar que así como el dinero mide y pondera el valor de las mercancías entre sí, un termómetro, igualmente, mide las temperaturas. Ahora bien, todos sabemos que el termómetro no explica los cambios de magnitudes de lo que mide, ni por qué hace frío o calor. El monetarismo tampoco.

Ya lo vimos, apelar simplemente a la demanda de dinero, la confianza o a la emisión, ya ha demostrado que no les sirvió para explicar el fenómeno actual.

4- Unicidad explicativa versus pluricausalidad

El último punto a considerar se debe a la estrechez analítica del monetarismo. Al apelar únicamente a la variable mágica de la “demanda de dinero” quedan de lado el análisis del funcionamiento real de la economía y la complejidad que ello implica.

La raíz central del problema radica en la concepción neoclásica que postula una teoría subjetiva del valor, desprendida totalmente de pautas reales, como la conformación de costos o la cantidad de trabajo socialmente necesario implicado en la producción de un bien. Sobre esta base subjetivista han construido todo su edificio teórico, por lo cual después no sorprende que tengan tantos problemas conceptuales y empíricos.

Es que la economía y el sistema de precios no se mueven de manera monocausal como postulan, exclusivamente a través de fenómenos monetarios, sino que intervienen allí una amplia multiplicidad de causas.

Por ejemplo, en nuestro país una variable central para entender la dinámica de precios es el dólar, también las tarifas de servicios públicos (que las debe aprobar el gobierno), la nafta (que es un precio en parte político, en parte internacional, en parte regulado), las paritarias, la concentración de mercados, el ciclo económico (las recesiones ayudan a moderar los precios, mientras que las expansiones suelen acelerarlos), los problemas del sector externo, los precios internacionales de los productos que exporta el país, las expectativas, la estacionalidad, el nivel adquisitivo de la población, etc.

De esta manera, vemos que el mercado de dinero no resulta suficiente para pensar ni entender la dinámica de precios en Argentina la cuestión es más ardua. Por ello los análisis deben ser más amplios, complejos y sofisticados si quieren analizar bien lo que ocurre.

En conclusión, tal vez pronosticar apocalipsis, aumentos hiperinflacionarios y llevar miedo a la población pueda ser una buena estrategia mediática para ganar fama. El problema es que la validación empírica posterior es la mayor herramienta que tiene un economista profesional. Por ello mismo, y cómo vemos, adscribir a la teoría monetarista es un pasaje directo a cometer errores muy groseros. Así, si se quiere dejar de pasar papelones, es mejor abandonar tal teoría y ponerse a estudiar economía seriamente antes que diagnosticar sin saber de qué se está hablando.

*Economista. Doctor en Ciencias Sociales (UBA/UNDAV/Conicet). Autor del libro Las crisis económicas argentinas. De Mitre a Macri.

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