Homeschooling: pros y contras de la educación a distancia

Opiniones

Los padres han tomado una participación más activa dentro del aprendizaje y la educación de sus hijos. ¿Qué se puede rescartar?

Cuando hablamos de educación estamos seguros que el 2020 es un año que dejará huellas imborrables, imposibles de desandar. Casi un mes de colegio y todos a sus casas de un día para el otro. ¿Quién podría pensar que, de repente, las condiciones en las que vivíamos cambiarían abruptamente? Y mucho menos, que luego de varias semanas de esa nueva realidad, algunos estaríamos encariñándonos con las nuevas formas de vida. O por lo menos eso parece cuando se pregunta al “chat de mamis” opiniones sobre pros y contras de la educación en tiempos de pandemia.

Las respuestas son tan variadas como cantidad de madres, y como cantidad de hijos tengan. La mayoría de los contras gira en torno a dos temáticas: lo social y la dificultad de aunar los tiempos de los padres con las necesidades académicas de los hijos.

Con respecto a la primera, la ausencia del contacto social elimina la posibilidad de iniciar y mantener relaciones significativas con otros, tanto adultos, docentes y autoridades escolares, como amigos y otros pares. En esta situación de convivencia exclusiva con la familia, los chicos han perdido algo de su intimidad y de su espacio personal. Es indiscutible que los niños necesitan de otros para mantener la salud mental y el bienestar emocional.

Por otro lado, se está perdiendo el aprendizaje que se da dentro de un grupo social, el basado en la imitación y en la observación de sus pares. Esto motiva, refuerza y enseña mucho más allá que lo que se pretende transmitir con los contenidos pedagógicos: escuchar varias opiniones, respetar al otro, esperar turnos, flexibilizar el pensamiento para incluir otros puntos de vista, empatizar, tolerar la diferencia y muchos etcéteras más.

Otra de las adversidades con las que nos enfrentamos se relaciona con la disponibilidad de los padres para cumplir con las tareas de sus hijos, ya sea por trabajo, por cantidad de hijos, por atender a la casa, entre otros. Y acá empieza a jugar también la motivación de los padres para ayudar a los chicos, su capacidad de enseñar, su manejo de los contenidos, el valor que los padres le dan a determinados aprendizajes, el estilo de crianza, el clima familiar y lo que hace a la casa cómo ámbito favorable para el aprendizaje. Hay familias más o menos numerosas, con niños en edades más o menos autónomas, con un manejo mayor o menor de los recursos tecnológicos, o casas que carecen de dispositivos electrónicos suficientes para todos los hijos. No menor es pensar que los padres también son adultos que están atravesando preocupaciones y malestares económicos o personales y son ellos quienes deben velar por el clima emocional de los hijos en esta situación tan atípica, brindarles seguridad y generar espacios propicios de aprendizaje.

¿Qué se puede rescatar de la educación en pandemia?

Pero no todo es difícil en lo que respecta a la educación en pandemia. Hay muchas cosas que se rescatan de esto. En primer lugar, pongo la solidaridad, la flexibilidad y la tolerancia que brotó al estar todos en el mismo barco.

Desde que se cerraron los colegios, han ocurrido muchísimos ensayos de cómo enseñar, cómo aprender, qué recursos, plataformas o medios usar para comunicarse entre familias y colegios. Con muchísimo esfuerzo de ambos lados, se dio tiempo para interiorizarse en el uso adecuado de cada recurso, de valorar sus beneficios, modificarlos o de perfeccionarse en su uso. En estos intentos, los docentes y las familias han hecho maravillas con la tecnología, han aprendido y la han incluido en la educación de un minuto a otro, con una velocidad increíble.

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Los niños, como hijos de la era tecnológica, han demostrado la comodidad con ella y la han podido adoptar, no solo para aprender sino también para mantener en contacto con amigos o familiares.

Los niños, como hijos de la era tecnológica, han demostrado la comodidad con ella y la han podido adoptar, no solo para aprender sino también para mantener en contacto con amigos o familiares.

Por otro lado, los padres han tomado una participación más activa dentro del aprendizaje de sus hijos. El saber qué están aprendiendo los ayuda a trasformar cada momento del día en un aprendizaje, permitiendo así contextualizar los contenidos y generalizarlos, tarea que resulta difícil cuando los temas se dan de manera descontextualizada, realidad que suele ocurrir cuando la enseñanza se imparte puramente de manera expositiva y pasiva. Los padres conocen lo que su hijo sabe, sus anécdotas, sus intereses y motivaciones. Esto es un gran aliado de la enseñanza significativa, ya que partir de los conocimientos previos y asociarnos con los nuevos genera aprendizajes duraderos y más estables.

La educación se ha convertido en un proceso más personalizado, en donde los padres pueden elegir cuál es el momento más adecuado para que sus hijos aprendan, qué es lo que no ha llegado a comprender, cuáles son los errores que más repiten y cómo distribuir los tiempos para sacar lo mejor de cada uno. Observar cómo sus hijos aprenden les permite adaptar su enseñanza y conocer cuáles son los apoyos que necesitan para aprovechar sus capacidades.

Los docentes han tenido que reinventarse y adaptarse a nuevas realidades, aun siendo ellos padres/madres y personas con sus propias problemáticas y desafíos personales. El sistema ha tenido que repensar qué contenidos priorizar y cómo valorarlos a partir de los procesos del alumno y no en función de cuánto estudió o se preparó para la prueba. Han ocurrido cambios profundos y significativos.

Ojalá podamos aprovechar lo bueno de esto, entender que las transformaciones cuestan, pero valen la pena si queremos replantear una nueva escuela que eduque niños competentes, capaces de resolver las adversidades del futuro.

(*) Psicopedagoga, jefa del área de Neuropsicología Infantojuvenil de INECO.

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