EE.UU., con economía (y moneda) aún frágil
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Ben Bernanke
Estas dos últimas experiencias se verificaron a caballo de sendas recesiones (las dos únicas registradas, vale recordar, en los pasados 25 años). Como aconteciera en aquellas ocasiones, ¿podría afirmarse, a estas alturas, que el desequilibrio de cuenta corriente ha alcanzado ya una cúspide duradera, una colina que no será rebasada en el ciclo? Después de todo, el déficit del cuarto trimestre no sólo fue inferior al de un año atrás; también constituyó el registro más bajo de todo 2006. Quien responda en forma afirmativa, difícilmente aliente una visión optimista sobre el curso inmediato de la economía de los EE.UU. En otras palabras, para quien hurga en los indicadores de la coyuntura en la búsqueda de signos anticipados de una recesión, las cuentas externas han trazado en la piedra la misma muesca distintiva que en los recesos de 1990-1991 y 2001. Más aún, dado que la balanza de intereses netos ha arrojado, por primera vez en su historia, un saldo desfavorable para los EE.UU. (que han debido girar al exterior más intereses y dividendos que los que perciben fronteras afuera) bien podría suceder que la cuenta corriente vuelva a deteriorarse por su culpa, sin que la economía escape de la trampa recesiva.
Si, en cambio, se considera que la evidencia disponible no está madura para dictaminar una recesión, tampoco permitiría consagrar la tesis de que la cuenta corriente ha arribado a su cima. No luce apresurado, sin embargo, incorporar en el tablero de análisis un objetivo más modesto.
Esto es, un horizonte de estabilización de las cuentas internacionales como escenario altamente probable. Susceptible de verificarse aun si la economía tiene éxito en procurarse un aterrizaje suave.
Quien repase las cuentas nacionales, verá que en el cuarto trimestre, la economía, en efecto, se las arregló para crecer combinando el aporte favorable del sector externo con un avance moderado de la demanda interna a pesar del desaire de una inversión en retroceso en todos sus frentes.
Esas mismas cuentas nacionales dejan a la vista un proceso de fuerte ajuste de inventarios que ha pegado de lleno en el volumen de las importaciones y sólo parcialmente en la marcha de la producción doméstica. Si la economía repuntase en la segunda mitad del año -como lo ha sugerido el propio Bernanke- las importaciones podrían, a su vez, responder con un aumento proporcionalmente mayor que revertiría, al menos, en parte, el progreso apuntado en las cuentas externas.
Más allá de esas vicisitudes, la capacidad del mundo por mantener su ritmo de expansión sin contagiarse de la debilidad de la demanda de los EE.UU. es la gran carta en juego. La globalización en auge le ha conferido al resto del mundo espaldas más anchas que en el pasado para tomar el toro por las astas si la economía de los EE.UU. se debilita. No está nada claro, sin embargo, la voluntad de poner el hombro. Acentuar el protagonismo de la demanda interna en el resto del mundo será clave para compensar la menor absorción proveniente de los EE.UU. y facilitar un ajuste sin mella en el crecimiento global. La reticencia de Asia a permitir que sus monedas se aprecien dice mucho sobre el particular: el asunto está lejos de ser un tópico consensuado.
¿Qué repercusión, por último, acarreará la dinámica citada sobre el dólar? Una economía frágil rara vez es vehículo propicio para alentar el entusiasmo por su propia moneda. El dólar no será una excepción a la regla. Es así que todavía el dólar débil tiene recorrido. Pero en un mediano plazo, mostrar que las cuentas externas no están condenadas a un espiral sin límites e inviable, removería el elemento de pesimismo más pertinaz como para devolverle al dólar su viejo lustre. Un dólar más valioso en el mediano plazo -en línea con sus niveles promedio desde que las divisas abandonaron las paridades fijas de Bretton Woods en 1973 y no arrumbado en el piso de la serie histórica- requiere de un andamiaje sostenible de las cuentas externas. Puede afirmarse que esas son las bases que están despuntando hoy, que lentamente están empezando a construirse.




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