"EE.UU. volverá a lanzar bonos a 30 años"
(El periodista dialoga con el especialista en mercados internacionales, que se escuda bajo el seudónimo de Gordon Gekko, el personaje que interpretó Michael Douglas en la película «Wall Street». Analiza la emisión de bonos por parte de los Estados Unidos a 30 años y asegura que si bien es un lanzamiento de poco volumen, habrá que prepararse para más operaciones de este plazo y mayores todavía. En este tipo de casos, intervendrán tanto gobiernos como empresas privadas.)
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Gordon Gekko: Un poco menos. La última subasta se había celebrado en agosto de 2001...
P.: Los mercados le prepararon una calurosa bienvenida. ¿Cómo interpretar una acogida tan entusiasta?
G.G.: No hay que esforzarse mucho. Ni intentar leer demasiado de los detalles de la subasta. Por empezar, una colocación de 14 mil millones de dólares es apenas una gota en el océano. No alcanza a representar 0,3% de la deuda pública en poder del público. Y, por otra parte, el grueso de los recursos que se captan en las licitaciones está destinado a renovar los vencimientos que se producen; no aumentan sensiblemente el endeudamiento...
P.: Las subastas siempre involucran una fracción muy pequeña de la deuda pública. Sin embargo, no siempre resultan exitosas...
G.G.: En este caso particular, se trata de una mercadería más escasa que de costumbre teniendo en cuenta que no hubo nuevas emisiones desde 2001. Es más, tanto en 2000 como en 2001 el Tesoro había recomprado bonos de 30 años y recortado los inventarios en forma neta...
P.: Se resiste a conceder que los altos precios pagados en la subasta y, por ende, sus bajos rendimientostengan mucho que ver con una visión favorable de la marcha de la inflación...
G.G.: Yo continuaría utilizando los rendimientos de los bonos de 10 años como termómetro de las expectativas de inflación a largo plazo. Creo que la tasa de 30 años se beneficia de un descuento por la escasez de oferta...
P.: ¿Cómo es eso?
G.G.: Es un problema crónico, estructural, que excede los vaivenes de la coyuntura. Dicho en forma simple: no hay suficientes instrumentos de inversión de largo plazo.
G.G.: Es fácil de observar. Los fondos de pensión norteamericanos, por ejemplo, administran obligaciones con una duración promedio de entre 12 y 16 años. Los activos que han acumulado para afrontar dichas obligaciones tienen una duración notoriamente inferior: aproximadamente 5 años.
P.: Ello los expone a un gran riesgo si cambian las tasas de interés...
G.G.: Enorme.
G.G.: No lo es. No es posible cerrar esa brecha para toda la industria en su conjunto, precisamente, porque no hay suficientes activos de larga duración...
G.G.: Las agencias patrocinadas por el gobierno norteamericano -Fannie Mae, Freddie Mac y otrashan sacado un partido creciente luego de 2001. Y el propio Tesoro norteamericano se suma ahora, aunque en forma muy tímida. Después de todo, la madurez promedio de la deuda pública es de sólo 4 años...
P.: ¿Nada más?
G.G.: Cuatro años y dos meses. Fíjese que 55% de la deuda pública vence en los próximos dos años. Y se trata de un problema presente en Gran Bretaña, en la Europa continental, en Japón... Habrá usted leído acerca de la colocación de bonos ultralargos por parte de las Tesorería de Francia y de Gran Bretaña...
P.: ¿Ultralargos?
G.G.: De 60 y 50 años, respectivamente. En Gran Bretaña también se ha ensayado con un bono indexado por inflación a 50 años. Estos bonos han encontrado una demanda muy robusta a tasas por debajo de lo que rinde el tramo largo convencional de 10 años.
P.: ¿No es una excelente oportunidad para que las empresas busquen financiarse en este segmento?
G.G.: Lo han hecho. Los bonos corporativos a 100 años no son hoy una extrañeza. Pero hay limitaciones; el problema número uno, la calidad crediticia. Si mis activos entran en default, es obvio que yo no estoy protegido, que no tendré los recursos necesarios para pagar una obligación futura...
P.: Cabe esperar entonces que la vuelta del bono de 30 años no sea un acontecimiento efímero. Ha regresado para quedarse...
G.G.: No lo dudo.




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