Indudablemente, los argentinos tenemos por delante el desafío de desarrollar nuestro país, de lograr mejores condiciones de vida y lograr tener una nación desarrollada y pujante. La salida y la superación argentina es con inversión y es con ahorro.
El crédito hipotecario, motor del desarrollo argentino
Los bancos argentinos serán los protagonistas y la locomotora de este cambio. Lo van a hacer porque mirar el mercado local y prestarle a los argentinos será un negocio conveniente y rentable y, analizando alternativas, seguramente el mejor negocio.
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Las tasas han caído desde más del 100% a menos del 50, y en no más de un semestre esas tasas podrían estar en el orden del 25% anual, y por lo tanto muestran un horizonte de mejores posibilidades de acceso al crédito.
Ahora bien: muchos se preguntarán: ¿de dónde saldrá el dinero o cómo se generará esa riqueza que nos permitirá crecer?
Y aquí la respuesta del millón: los bancos argentinos serán los protagonistas y la locomotora de este cambio. Lo van a hacer porque mirar el mercado local y prestarle a los argentinos será un negocio conveniente y rentable y, analizando alternativas, seguramente el mejor negocio. Asumen así un nuevo rol, convirtiéndose en una pieza clave del desarrollo argentino.
Por situaciones traumáticas de nuestra historia, lamentablemente las entidades financieras debieron actuar como agente financiero anexo a las necesidades de financiamiento del Tesoro, del Estado y del gobierno de turno. Vamos a lo concreto: en las últimas décadas, el Banco Central de la República Argentina, en vez de ser la caja de conversión de los dólares que entran al país por las ventas de los exportadores argentinos, se convirtió en el nexo del Tesoro para lo que se conoció como festival de leliqs y otra clase de obligaciones de corto plazo que emitía el Estado para lograr financiamiento.
Vamos a decirlo en palabras simples. Debido a que el Estado gastaba mucho más de lo que recaudaba, cuando llegaba el fin de mes, y había que afrontar el pago de salarios, lo que se hacía era emitir deuda de cortísimo plazo: 30, 45 y 60 días, con tasas anuales que podían llegar al 200% anual. De esa manera, el Estado se metía en un pozo cada vez más profundo: el endeudamiento interno era como una bola de nieve, cada vez más grande e imparable.
Afortunadamente, en los últimos tiempos el Estado está gastando menos de lo que recauda, por lo tanto esa necesidad de conseguir dinero fresco a través de la emisión de títulos y de deuda a corto plazo, que se conocía como festival de leliqs, ha desaparecido . Ya el Estado no es un cliente mayorista de los bancos o el único cliente que en realidad aglutinaba todas las operaciones y toda la atención de estos.
Caducada y finalizada la necesidad de ser instrumento financiero de las necesidades del Estado, los bancos locales, en la alternativa de colocar sus excedentes en las plazas internacionales, que tienen alta volatilidad, mucho riesgo y, con suerte, una tasa de ganancia bajísima, o prestarle a los argentinos, que les traería una tasa de retorno mucho más alta ,indudablemente, han optado por esta última opción; se está viendo día a día la caída de las tasas de interés, la ampliación de los préstamos hipotecarios y la extensión y multiplicación de los préstamos personales.
Las tasas han caído desde más del 100% a menos del 50, y en no más de un semestre esas tasas podrían estar en el orden del 25% anual, y por lo tanto muestran un horizonte de mejores posibilidades de acceso al crédito. Recordemos que importantes motores del desarrollo de la Europa moderna y de los Estados Unidos de Norteamérica han sido el préstamo, el ahorro y la inversión, fomentando el crédito hipotecario a un nivel en que los bancos otorgan préstamos no sólo para la adquisición de un bien inmueble, sino también para la compra de los muebles, y hasta el dinero para pagar la mudanza y la compra de un vehículo. Es decir, los bancos cumplen con su ro de “prestar dinero” y en ese rol está la función de fomentar el consumo y favorecer el desarrollo del país. Además, con cada peso que un particular toma de un banco, gasta e invierte, se llega al lógico y obligatorio pago de impuestos que fortalece las arcas públicas.
De esa manera la ecuación es la de un círculo virtuoso de inversión, ahorro, capitalización y tributación.
Nada mejor para quien busca superarse, que saber cual es su situación y tener en claro hacia dónde se quiere ir. Los argentinos podemos y merecemos mucho más.
CEO Sabatini Negocios Inmobiliarios y Real State
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