"El dólar alto no va a durar para siempre"

Opiniones

«Hincha» del tipo de cambio flotante, tal como él se define, Javier González Fraga advirtió que «la apreciación cambiaria no va a durar en estos niveles para siempre, por lo tanto hay que lograr competitividad a través del aumento de la productividad».

El economista -que se alinea políticamente junto a Roberto Lavagna-analizó, en diálogo con este diario, la política económica actual y se refirió a su pasado al mando del Banco Central, cargo que ocupó con la condición de continuar con el tipo de cambio flotante, política que hasta el propio Carlos Menem ( luego de transcurrida la convertibilidad) le reconoció como la indicada.

Sobre el futuro del actual modelo dijo que «la Argentina puede ser principal consumidor y exportador de carne como lo son Francia con el vino o España con el aceite de oliva».

Periodista: ¿Qué medidas utilizaría para frenar la inflación?

Javier González Fraga: No se ubicarían ni en el extremo de subir la tasa de interés como lo hizo Brasil ni en el de los controles de precio. Basaría las políticas en lo fiscal, más que en lo monetario, reasignando recursos a la producción en vez de aumentando la demanda para estar en una economía menos recalentada. No hablo de bajar al nivel de 3% de inflación como tiene Brasil, pero sin ninguna duda estamos hoy con un problema inflacionario mucho mayor que lo que tuvimos en los últimos años.

P.: ¿Cuándo se dio cuenta de la importancia de hacer hincapié en la política fiscal?

J.G.F.: Tomé posición cuando apareció la tablita de Martínez de Hoz. En ese momento, como quien se hace de Boca o de River, estuve a favor del tipo de cambio flotante y de la tasa de interés baja.

P.: Y terminó trabajando en el Banco Central...

J.G.F.: Lo hice porque había tipo de cambio flotante. Los convencí a Erman González y a Carlos Menem. Después vino (Domingo) Cavallo y lo convenció de lo contrario. En 2003 tuve la satisfacción de que Menem me reconociera, en una reunión privada, que tenía razón en la discusión. Fue un muy buen gesto. Cuando asumió el ex presidente basaba sus políticas en la experiencias comerciales que tenía. Estaba totalmente de acuerdo con el tipo de cambioflotante. Pero la magia de la convertibilidad le solucionó un problema político ya que le aseguraban que iba a generar una euforia y que le iría mejor en las elecciones del 91.

P.: ¿Qué políticas aplicaría si fuera ministro de Economía?

J.G.F.: Habría una alta dosis de continuidad en lo que se hizo desde 2002. Además, las políticas se centrarían en combatir la pobreza. En el grupo de Lavagna consideramos que sin viviendas no se puede dar ni educación ni salud. Otro punto es que es hora de la microeconomía ya que en lo macro estamos más o menos en equilibrio, aunque algunas cosas habría que modificar, como las casi extorsivas políticas de controles de precios.

  • Productividad

    P.: ¿De qué políticas micro habla?

    J.G.F.: La Argentina ya salió de la gran crisis macro y tenemos que mejorar la gestión. La apreciación cambiaria no va a durar en estos niveles para siempre, por lo tanto hay que lograr competitividad a través del aumento de la productividad. Este es el desafío de los próximos 10 años.

    P.: ¿Cómo se diferenciaría del gobierno actual en tanto el modelo seguiría siendo el mismo?

    J.G.F.: En lo macroeconómico va a ser difícil. Nos vamos a diferenciar en lo institucional. Lo del INDEC nunca hubiera ocurrido con Lavagna, me parece una aberración y se ha debilitado una lealtad interna. Además hay una demora en un área que no se hace prácticamente nada, que es la integración comercial con el resto del mundo. Seguimos dormidos en la esperanza del Mercosur mientras Brasil y la Argentina son los que más terreno han perdido en el concierto internacional de integración de país a país. Y no estoy hablando de Nueva Zelanda o Irlanda. Estamos perdiendo peso frente a Chile y a México, que son dos países que han avanzado en la integración comercial mucho más que nosotros.

    P.: Con los planes de vivienda y política fiscal, ¿sería keynesiano su modelo?

    J.G.F.: No me gustan las etiquetas. Keynes daría vueltas en su tumba si supiera cómo se utiliza su nombre. La consolidación fiscal pasa por preservar un importante superávit, por evitar políticas populistas, por evitar los subsidios que no tienen como destino combatir la pobreza. El gobierno hoy participa en empresas que no tiene por qué hacerlo como en Aguas y Aerolíneas.

    P.: ¿Aumentaría el gasto público?

    J.G.F.: Hay muchísimo por hacer cambiando la estructura del gasto, gastando mejor. Lo justifico cuando va orientado a políticas sociales.

    P.: ¿Continuarían con un superávit fiscal alto?

    J.G.F.: Sí, porque permite dos cosas: que el Banco Central pueda dedicar expansión monetaria a defender el tipo de cambio por un lado y no a tener que ayudar al Tesoro.Además implica que el Estado no tenga que estar pidiendo plata prestada a los bancos. Esto es milagroso y es el cambio por el que he peleado por muchas décadas en coincidencia casi sin hablarnos con Lavagna. Es más, me fui del gobierno por no estar de acuerdo con esas políticas mágicas como la tablita, la convertibilidad, el plan primavera.

    P.: ¿Cree que la previsibilidad de las intervenciones del Banco Central favorecen la especulación?

    J.G.F.: Si tuviera que hacer algunas modificaciones sutiles, establecería un poquito más de incertidumbre cambiaria aunque en general estoy muy de acuerdo con la política del Central. Después, haría esfuerzos para favorecer el crédito a la producción y no tanto al consumo.

    P.: ¿No teme que se agote el modelo macro actual?

    J.G.F.: No tiene por qué agotarse. En la medida en que se generen nuevos sectores que empiecen a invertir se va a ir expandiendo el mercado interno, que de ninguna manera creo que se oponga con el externo.

    Siempre pongo como ejemplo a Francia como principal consumidor y exportador de vinos o a España con el aceite de oliva. La Argentina puede ser principal consumidor y exportador de carne, como en otros sectores.

    P.: ¿Se podría dar un alza mayor de los precios?

    J.G.F.: No creo. La Argentina no tiene antecedentes de estallidos inflacionarios si algunas de las siguientes variables están presentes: apertura económica, un Banco Central lleno de reservas que impida el salto del tipo de cambio y superávit fiscal.

    P.: ¿Para qué utilizaría el superávit fiscal?

    J.G.F.: Primero hay que cumplir las obligaciones de la deuda para seguir creando confianza en los mercado internacionales. También es muy importante ayudar al sostenimiento del tipo de cambio. En tercer lugar, para cuando se terminen las épocas de las vacas gordas, Lavagna habló del fondo de estabilización anticíclico. Hay que entender que la consolidación fiscal elimina la volatilidad y esto alarga el horizonte de planeamiento microeconómico.

    Entrevista de María Iglesia
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