El indigenismo, otro ausente en la cumbre
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Cabe señalar que uno de los temas más complejos propuestos por Morales a la constituyente boliviana y que ha generado más críticas es la de incluir en la legislación penal el llamado «derecho colectivo indígena» por el cual la comunidad reunida en asamblea y por mayoría de votos puede imponer castigos físicos a los delincuentes que violen los preceptos de la etnia aimara.
Podrá argumentarse que se trata de un fallo polémico que se da en una provincia del Norte, que justo tiene frontera con Bolivia y donde las minorías indígenas tienen cierta relevancia.
Pero en la Ciudad de Buenos Aires -el distrito con menor presencia indígena del país- semanas atrás, una función del Teatro Colón fue interrumpida al lanzarse panfletos desde los pisos superiores, reclamando que se quite al teatro más prestigioso de América latina el «nombre de un asesino»: Colón.
En este caso no se trató de minorías indígenas activas que reclaman por su pasado, sino de activistas de origen europeo, que desde una perspectiva más ideológica que cultural o étnica, reclaman contra la «occidentalización forzada» de la Argentina primitiva.
Tanto en EE.UU. como en Europa, el debate sobre el multiculturalismo y la convivencia entre las diferentes creencias y culturas se viene planteando desde hace décadas, y ello se ha incrementado en tiempos recientes por la amenaza que implica el terrorismo fundamentalista y el hecho de que tanto los atentados de Madrid como el de Londres fueron realizados por personas de origen musulmán que vivían permanentemente en estos países. Las protestas violentas de los jóvenes de origen musulmán de la periferia de París que se acaban de reanudar es otra de las situaciones que impulsa este debate, así como también la discusión sobre el uso del velo islámico y la reacción musulmana frente a las caricaturas de Dinamarca a las citas del Papa.
El sentimiento étnico e ideológico indigenista que se está gestando en América latina es fuertemente antinorteamericano en lo ideológico y antiespañol en lo histórico y cultural.
Uno de los temas que deberían tratar de ahora en más las cumbres de jefes de Estado de Iberoamérica, como la reunida en Montevideo el fin de semana que pasó, son los efectos que puede tener para las relaciones entre España y América latina el surgimiento de este sentimiento indigenista.
Ya la conmemoración de los quinientos años del descubrimiento de América por los españoles que se celebró en 1992 bajo el lema «Encuentro de culturas» mostró el cuestionamiento indigenista a la herencia europea, el que en mi opinión se ha incrementado en los catorce años siguientes hasta hoy.
Sin que el problema indígena latinoamericano tenga la misma dimensión y significado que el musulmán, debe ser interpretado en el marco de un fenómeno mundial que es la revitalización de creencias y sentimientos religiosos, étnicos y nacionales como reacción a la hiperglobalización de la economía y las comunicaciones.
Quizás la conmemoración del bicentenario de la independencia de los países hispanoamericanos (en 2010 cumplen doscientos años, entre otros, la Argentina, Chile, México y Colombia) pudiera ser una buena oportunidad para reflexionar acerca de las políticas y acciones tendientes a evitar que el surgimiento del indigenismo de inevitable cuño antiespañol se transforme en un obstáculo en las relaciones iberoamericanas.
El presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, promueve un «encuentro de civilizaciones» para mejorar las relaciones entre Europa y el islam, y quizás algo similar pueda plantearse para la cuestión indígena de América latina.



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