11 de septiembre 2007 - 00:00

"El límite que nos separa de una recesión se estrechó más"

El periodista dialoga con el experto en mercados internacionales que se escuda bajo el seudónimo de Gordon Gekko -como el protagonista de la película «Wall Street»-, quien analiza la destrucción de empleos que registró la economía en agosto, sin que se haya contabilizado aún la provocada por la crisis inmobiliaria. «El límite que nos separa de una recesión -dijo- se estrechó más.» Cree que el escenario dominante para la reunión de la Fed la próxima semana es el de la suba de un cuarto de punto en la tasa.

Gordon Gekko
Gordon Gekko
PERIODISTA: La economía de EE.UU. destruyó empleos en agosto. Nadie lo esperaba. ¿Error de predicción -hubo quien vaticinó la creación de más de 100 mil puestos cuando se perdieron 4 mil- o error de medición?

Gordon Gekko: Son números volátiles, sujetos a revisión. No son cifras definitivas. Los datos de junio y julio, por ejemplo, fueron corregidos a la baja y se mocharon otros 71 mil empleos con respecto a lo anunciado originalmente.

P.: Todo apunta a una debilidad en aumento...

G.G.: Los últimos tres meses la creación de empleo promedió 44 mil nuevos puestos netos. De marzo a mayo, ese renglón sumaba 161 mil...

P.: Es un gran frenazo. Y quizás, según el dato de agosto, el comienzo de una reducción lisa y llana. Aunque una variación de 4 mil en una población de 138 millones de ocupados no constituye una señal categórica...

G.G.: Piense que el margen de error de la encuesta -a un nivel de confianza de 90%- es de más/menos 430 mil. Una única observación dice poco, aunque sugiera muchísimo. Pero se puede hurgar en fuentes complementarias. El informe de empleo, en rigor, está conformado por dos relevamientos en paralelo. El segundo -una encuesta no de firmas, sino de hogares- arroja una caída de empleos de 314 mil en agosto. Y en julio ya había detectado una destrucción previa de 30 mil puestos netos...

P.: Sin embargo, la tasa de desempleo se mantuvo firme en 4,6%. ¿Cómo se concilia tanta fragilidad sin un paralelo incremento del paro?

G.G.:
Cayó la tasa de participación. De manera abrupta. Pasó de 66,1% a 65,8%.

P.: Se retrajo la oferta de trabajo...

G.G.: En 340 mil personas.

P.: ¿Cuántos empleos destruyó la tempestad en el propio mercado de capitales?

G.G.:
Muchos. Pero no los registra la medición de agosto. Allí, el nivel en las actividadesfinancieras permanece estable. Es de esperar que la merma irrumpa en las cuentas de setiembre...

P.: ¿Habrá comenzado la recesión y la Fed no se dio cuenta?

G.G.: Es difícil saberlo. La última recesión se inició en marzo 2001 y recién se la consagró en noviembre. Cuando, por otra parte, ya había terminado...

P.: ¿Usted qué piensa?

G.G.:
La Fed, relea los comunicados, apostaba por un repunte de la actividad en la segunda mitad del año. En línea con las proyecciones presentadas ante el Congreso (aun las últimas que fueron corregidas a la baja). A decir verdad, la posición contraria luce verosímil: la economía, tras desacelerarse fuerte en los últimos cinco trimestres, ha descendido otro escalón. Si la productividad no hubiese retrocedido tanto, yo diría que entramos en la antesala de una recesión. Pero puede tratarse de una respuesta tardía del empleo a los menores volúmenes de producción de los últimos tiempos. No necesariamente el reflejo de un shock adicional. Mire la construcción: el empleo, en el último año, sólo se contrajo 1,2%. Es evidente que hay retención de personal calificado. El grueso del ajuste todavía pasa por contratistas independientes. Con todo, el límite que nos separa de una recesión ya era delgado y ahora se estrechó aún más.

P.: ¿Cómo piensa que responderá la Fed? Ben Bernanke dijo bien claro que sus acciones iban a estar dictadas por la información sensible tal como fuera surgiendo en tiempo real.

G.G.: No se toman decisiones al arbitrio de una única pieza de información. La Fed, por ejemplo, cruzará los datos laborales con el Beige Book que no fue para nada lapidario. En realidad, no hay muchas razones para pensar diferente de lo que conversamos la última vez. Una reducción de un cuarto de punto en la reunión del 18 de setiembre es el escenario dominante. Aunque Charles Plosser de la Fed de Pensilvania haya dicho, después del informe de empleo, que tampoco la baja está garantizada.

P.: Lockhart y Yellen, dos titulares de bancos distritales, en cambio, tomaron debida nota de la merma en el empleo...

G.G.: Creo que esa posición prevalecerá en la reunión de la semana próxima. La sospecha de un declive en el empleo debería ser más que suficiente para habilitar un recorte...

P.: Los bancos centrales ¿no están jugando con fuego?

G.G.: Con un fuego que piensan controlado. Sí.

P.: Pero que se les puede ir de las manos...

G.G.: No son infalibles. Desde ya.

P.: ¿No se están tomando demasiados riesgos al pretender administrar la crisis y no cortarla de cuajo?

G.G.: Pienso que sí. Pero advierta que se hace ex profeso. Todos los bancos centrales -hasta el más reticente, el Banco de Inglaterra, que recién dio su brazo a torcer el jueves- han intervenido con medidas tendientes a restablecer la liquidez, a facilitar el funcionamiento de los mercados secundarios, a proporcionar fondeo de emergencia. Iniciativas micro. No han querido volcar la política monetaria a la generación de efectos macroeconómicos. No hay un viraje. No porque no se pueda imprimir. O se carezca de herramientas. Sino porque así lo han decidido...

P.: Se apartaron de las recetas probadas de la era Greenspan. ¿Hasta dónde?

G.G.: Un error de cálculo resultaría muchísimo más costoso que bajo el régimen de lubricación a destajo de Greenspan. Créame que Bernanke conoce bien el paño -fue gobernador de la Fed en aquellos tiempos y escribió el vademécum para operar con tasas en 0% (que, por fortuna, no hubo que usar)-. Que se sepa, Bernanke no abjuró de lo actuado; si no despliega una receta más generosa, debe ser porque no lo juzga necesario. En definitiva, la renuencia de los bancos centrales a intervenir debe verse como una muestra de su confianza en la solidez de las economías. O, alternativamente, como un tremendo error de percepción. En cuyo caso, la política la dictarán los acontecimientos; se terminará imitando a Greenspan pero en un mar aún más revuelto y sin la certeza de poder replicar sus buenos resultados.

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