El país y el PJ, víctimas del cinismo
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Elisa Carrió
Con una oposición muy distante de la posibilidad de acceder al poder, el justicialismo puede darse el lujo de seguir gozando de un poder cultivado a expensas del país: mientras a la Argentina le fue mal, el peronismo pasó de 37% de votos en 1983 a 47% en 1989, a 51% en 1995, nuevamente a 37% en 1999 para saltar al mencionado 67% en 2003.
Sin Estado, sin partidos políticos y sin autocrítica nos acercamos a marcha forzada a una nueva frustración igual o peor que las pasadas.
Sin duda, estamos a tiempo de frenar la debacle aprovechando el viento de cola, la actitud mayoritaria de apoyo al Presidente y la enorme voluntad social de superar la crisis.
• Oportunidad
Difícilmente encontraremos un momento histórico tan propicio para revertir el retroceso que hemos padecido.
Claro que para eso los ciudadanos tenemos que actuar. No sólo aquellos de a pie que marchamoscon velas y/o paraguas con destino a la Plaza de los Dos Congresos o a la Plaza de Mayo.
Tampoco sirven las desesperadas y violentas marchas de los excluidos y los desesperanzados.
Son los ciudadanos miembros del gabinete los que deben exigir que ese organismo se reúna y funcione; los ciudadanos líderes parlamentarios para que se deje de gobernar por decreto; los ciudadanos gobernadores para que funcione el federalismo; y los ciudadanos jefes partidarios para que lo hagan los partidos políticos; sin duda que los ciudadanos empresarios y los ciudadanos trabajadores deben ser voces escuchadas con propuestas concretas en sus respectivas áreas.
El problema es que esto no está pasando. Por eso aparecen los fantasmas de la anarquía o del autoritarismo.
Nada más parecido al cinismo que la complacencia pasiva, el oportunismo tiempista, el frío seguimiento de las encuestas para medir el devenir lógico de los acontecimientos.
Es bueno que sigamos con atención la conducta de quienes esperan ser «salvadores» después de la próxima tragedia, escuchemos sus voces y sus silencios, sus encendidos aplausos y sus humillantes agachadas.
Desde el poder es muy fácil intimidar con el cuco de la desestabilización o la conspiración. Más difícil pero mucho más redituable es convocar al consenso, estimular la organización y el debate colectivo y fomentar el funcionamiento y el respeto a las instituciones republicanas.
Así el cinismo de los oportunistas será superado por el compromiso de los patriotas, y una nueva sociedad aflorará de las cenizas de la anterior para concretar la construcción de una «gran Nación de naciones» con nuestros socios y vecinos.
El mañana mejor es posible. Tenemos que saber construirlo hoy.
(*) Ex embajador de la Argentina en los EE.UU.




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