27 de octubre 2005 - 00:00

El síndrome del día después

Se conoce como «síndrome del día después» la situación que se genera en un individuo cuando retoma el contacto con una realidad de la cual ha escapado temporariamente, o respecto de la cual ha actuado -también en forma ocasional- sin evaluar las posibles consecuencias de sus dichos y sus acciones, que luego lo enfrentan con los mismos.

Los estudiosos de la conducta humana relacionan este síndrome -por ejemplo- con las situaciones posvacacionales al retomar las actividades habituales, con el regreso cada lunes al trabajo luego de la distensión del fin de semana y hasta con actos practicados en relación con los cuales no se desean asumir consecuencias ni responsabilidades.

Los síntomas clásicos de este «síndrome del día después» son tristeza, desánimo, fuerte irritabilidad, cansancio y la realización de actos apresurados, no meditados y poco cuidados. En palabras de un prestigioso especialista «...además de la angustia, durante los primeros días, el individuo experimenta trastornos tales como falta de concentración o escasa motivación...».

• Agravios

¿Qué ocurrirá a partir de ahora, pasada la elección? Esta última elección ha llevado a toda la dirigencia política argentina, y a todos nuestros gobernantes, sin excepción, a desconectarse de sus funciones propias de gobierno y del trabajo diario, a punto tal de clausurar el Congreso nacional, las legislaturas provinciales y desmembrar los gabinetes. Hoy, cuando se conoce a ciencia cierta el resultado de la elección, los dirigentes deberán regresar a sus despachos para continuar con su labor, una vez finalizada esta feroz campaña electoral en la cual sólo se han podido apreciar agravios y acusaciones -hasta el último minuto-, casi sin ninguna propuesta concreta.

A partir de esta semana los nuevos elegidos deberán preparar su futuro período, los que cesan deberán permanecer en sus cargos hasta que se produzca el reemplazo, los que cambian de funciones tendrán que preparar la transición, y los que continúan con sus tareas habitualesdeberán regresar a su rutina. ¿Cómo absorberán todos ellos el «síndrome del día después»? Esto es una incógnita.

Han pasado ya todas las viejas especulaciones, y comenzarán las nuevas. Ya no hay más lugar para la fantasía de un escenario « posible». Los actores vuelven al escenario «real», que los estuvo aguardando en silencio e inmutable, más allá de toda imaginación.

• Negociaciones

No importa la interpretación política que se haga de la elección, por más que ésta llene los titulares de los diarios y ocupe enorme cantidad de horas de radio y televisión; pues más allá de quienes se consideran ganadores o perdedores, lo cierto es que ello no tiene ninguna importancia práctica ya que, cualquiera sea la conclusión a la que se arribe, ninguno puede gobernar sin el otro, y hasta los que puedan sentirse nítidos ganadores -si es que los hay- no podrán tomar decisión alguna por sí solos. Y comenzará la nueva ronda de negociaciones; pero -esta vez- luego de haber probado fuerzas.

Salvo que se tome verdadera conciencia de la realidad, el país continuará, desde hoy, con la misma incertidumbre que antes de la elección; sin un proyecto claro; sin un programa económico de mediano y largo plazo; sin definiciones en aspectos clave de la economía y de la realidad social; sin una dirigencia comprometida en actuar desinteresadamente a favor del país resignando apetencias personales, y sin haber resuelto ninguno de los problemas pendientes en la agenda.

Esperan ansiosos por los elegidos, y por los que se reintegran a sus tareas, el FMI; el Banco Mundial; las tarifas públicas no renegociadas; la búsqueda de soluciones a los conflictos con las empresas de servicios públicos privatizadas; los juicios ante el CIADI; la tasa de inflación creciente que supera los niveles estimados y tolerables; la puja salvaje entre precios y salarios; la presión de las organizaciones sindicales en su lucha de poder; los conflictos sociales; la intervención díscola del Banco Central en el mercado para definir cuál es el nivel de tipo de cambio que desea mantener a través de la denominada «flotación sucia»; la inseguridad, en la calle y en las cárceles, que cobra víctimas por igual; la reforma del sistema judicial argentino; la Corte Suprema, para determinar cuántos miembros la integrarán; la corrupción enquistada en todos los órdenes de la vida nacional; la impunidad; los vencimientos de la deuda externa por 5.000 millones de dólares que debemos pagar el año que viene; el desempleo; la búsqueda de transparencia en la canalización de los planes sociales y los subsidios; la política asistencial; la reforma del sistema fiscal para evitar los impuestos distorsivos; soluciones para una industria en recuperación que saturó su capacidad instalada; las retenciones al agro; la bajísima relación entre «cash» y crédito en el mercado; el alineamiento internacional; los peligrosos intentos de reestatizar emprendimientos privados; el petróleo; el gas; las inversiones extranjeras; el plan económico y el plan de gobierno, entre tantos otros. ¿Resultarán estos temas tan agobiantes que, en lugar de ocuparse de ellos, los afectados por el «síndrome del día después» -cansados y con falta de concentración- se dedicarán -además de comentar los resultados e intentar interpretarlos creando complejas teorías al respecto- a mitigar su angustia imaginando nuevas negociaciones, intercambio de favores y promesas, candidaturas, alianzas y aspiraciones personales para el año 2007?

Si esto llegara a ocurrir, los argentinos volveremos a sentir la misma sensación que sentimos hace algún tiempo, donde fuimos pobres «sparrings» de una lucha entre púgiles que midieron sus fuerzas -casi como un mero entrenamiento- solamente para determinar quién era el verdadero dueño del cuadrilátero, para intentar conservarlo en una historia llena de reproches, traiciones, padrinos, ahijados, herederos y reencarnados. Lo lamentable es que el cuadrilátero es el país.

Que, luego de la elección, renazca un tiempo de esperanza y de realidad en lugar de un tiempo de meras especulaciones sectoriales.

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