22 de junio 2006 - 00:00

"Empresas no se van del país por el alto costo de salida"

El principal motivo de la presencia de Néstor Kirchner en Españaesta semana es convencer a empresas y gobierno de esepaís de que terminó la crisis y es bueno invertir. El experto enAmérica latina Carlos Malamud dice que aún hay malestarempresarial por las demoras en concretar compromisos (arriba). Cristina Fernández saluda a la reina Sofía de España bajola mirada de Néstor Kirchner, el príncipe Felipe de Asturiasy de su esposa Letizia Ortiz.(abajo)
El principal motivo de la presencia de Néstor Kirchner en España esta semana es convencer a empresas y gobierno de ese país de que terminó la crisis y es bueno invertir. El experto en América latina Carlos Malamud dice que aún hay malestar empresarial por las demoras en concretar compromisos (arriba). Cristina Fernández saluda a la reina Sofía de España bajo la mirada de Néstor Kirchner, el príncipe Felipe de Asturias y de su esposa Letizia Ortiz.(abajo)
Madrid (enviado especial) -Carlos Malamud es acaso uno de los estudiosos más calificados de las relaciones entre España y América latina que se puedan encontrar en Madrid. Argentino, se desempeña desde hace años en el Real Instituto Elcano, un centro de investigaciones sobre la vida internacional en su relación con los intereses españoles que preside, a título honorífico, el Príncipe de Asturias y en el que confluyen el Estado y las principales empresas. Con Malamud dialogamos sobre la situación actual del vínculo entre España y América latina, especialmente con la Argentina. Los que siguen son los principales pasajes de esa charla.

Periodista: ¿Cómo se perciben hoy desde España los cambios de signo político y de gestión que se verificaron en América latina durante los últimos años?

Carlos Malamud: Depende de quién sea el testigo. A la opinión pública en general le puede resultar simpático cierto giro a la izquierda. Pero también es cierto que, cuando realizamos una encuesta, en la evaluación de los liderazgos políticos hubo una condena a Fidel Castro y una caída estrepitosa en el prestigio de Hugo Chávez. Quienes siguen la situación regional más de cerca, tienden a alinear a los gobiernos en dos grupos, con todas las deficiencias que tienen esas clasificaciones. Se advierte un grupo de gobiernos socialdemócratas, como los de Chile, Uruguay o Brasil, y otro populista, que integran el de Bolivia y el de Venezuela. Claro, siempre está la dificultad de dónde ubicar a Kirchner. Si es por su política de derechos humanos, tiende a vérselo como de izquierda. Pero su administración, su relación con las reglas de juego, con los inversores extranjeros y con el mercado en general lo vinculan más al populismo. En la región hay un ciclo electoral abierto, donde los dos casos más intrigantes son Ecuador y Nicaragua.

P.: Hubo quienes pensaron, en un primer momento, que el regreso del socialismo al poder en España y de un socialismo enemistado con los Estados Unidos por la retirada de Irak, tendería un puente de afinidad ideológica que cambiaría los vínculos entre España y los gobiernos de América latina. ¿Fue un espejismo o hubo un fracaso de ese ensayo?

C.M.: Las posiciones del gobierno de Zapatero están ligadas a cuestiones internas más que al vínculo con América latina. Hasta se llegó a pensar que se cambió a presidentes de empresas importantes porque se quería quedar bien con Kirchner. Es una visión muy distorsionada. Es cierto que en un primer momento hubo gestos del gobierno socialista tendientes a demostrar una ruptura con el gobierno de Aznar. Tanto en la relación con Estados Unidos, como en el primer acercamiento a Chávez o en tratar de modificar la política de la Unión Europea en relación con Cuba. Pero creo que hoy la política que podría llevar un gobierno del Partido Popular sería casi la misma que sigue Zapatero. Aun en el caso de Cuba. Eso no niega que haya una mayor sintonía con algunos dirigentes políticos, como con Lagos, por ejemplo. Pero la relación entre el gobierno de España y el de Colombia o el de México es muy buena. El factor ideológico es muy secundario para el estado de las relaciones. España ayudó a la Argentina con Duhalde y la hubiera seguido ayudando si Menem era presidente. Por otra parte, la política económica española, igual que la del anterior gobierno, que es la que apoyan las empresas, es muy cercana al Consenso de Washington que tantas críticas merece en América latina. Los socialistas españoles no se ponen contentos por las actitudes estatistas que pueda tener el gobierno argentino.

  • Hechos claves

    P.: El reacercamiento de España a Estados Unidos, tal como se verificó en la reunión de Moratinos con Condoleezza Rice y los conflictos con Chávez, Morales y Kirchner por el tratamiento a las inversiones españolas, ¿podría hacer pensar en posiciones más severas del gobierno de Zapatero frente a la región?

    C.M.: El problema es que mucha severidad no puede haber porque la gravitación española es suave en materia política. Más que posturas más rígidas es posible que tome conductas menos amigables. Hubo 10 días claves: desde la salida de Chávez de la Comunidad Andina de Naciones hasta la nacionalización de Bolivia, pasando por la reunión de La Habana, se movió todo el tablero latinoamericano. Chávez cometió un error estratégico poniendo a Brasil y a España en una posición defensiva, entre otras cosas porque los casos de Petrobras y de Repsol tienen alguna similitud. Esto aproximó a España y a Brasil en la negociación con Bolivia. Esto llevó también al PSOE a apoyar a Alan García de manera más abierta en contra de Humala. En este contexto debe verse la negativa de Zapatero de encontrarse con Chávez en Viena. Se vio a regañadientes con Morales. Esto reajustó todas las relaciones internacionales.

    P.: Seguimos sin poder clasificar a la Argentina.

    C.M.: Sí, en parte por el estilo presidencial, que en Viena intentó convencer a Zapatero de que la crisis terminó y que hay que invertir más en la Argentina. Pero sin observar que esas empresas dependen más del ánimo de sus accionistas que de lo que les diga el gobierno a la hora de tomar una decisión.

    P.: Cuando el gobierno español llama a una empresa para pedirle que se retire del CIADI, ¿no alimenta ese malentendido? Da la impresión de que España, sus empresas como sector y el gobierno en relación con las empresas todavía no encontraron un modelo de funcionamiento para esta etapa de internacionalización de sus compañías. ¿Será así?

    C.M.: Es cierto. No lo hay. La experiencia internacional de la empresa española es muy reciente. El gran desembarco tiene una década de antigüedad. Ahora se está intentando en La Moncloa establecer un mecanismo, que es el Observatorio Latinoamericano, que preside Miguel de Sebastián, donde se coordinan las relaciones entre las empresas y las oficinas del gobierno que tienen vínculos con la región. Pero se está lejos del modelo francés o del de los Estados Unidos.

    P.: ¿Cómo ve las relaciones entre las empresas españolas de servicios públicos y el gobierno argentino?

    C.M.: Mal. Están en la Argentina porque el costo de salida sería más grande. Lo que intentan es minimizar las pérdidas. Todo el proceso de negociación donde nunca se cumple lo que se promete pone muy nerviosos a los empresarios. Hay malestar.

    P.:
    ¿Cómo hay que imaginar la reacción oficial del gobierno de Zapatero ante ese malestar?

    C.M.: Creo que el argumento es éste: «Si la Argentina creció durante casi 4 años a 9%, si se le pagó al Fondo la deuda por adelantado y la sucesión está garantizada, pues terminemos con las leyes de emergencia y con el régimen de excepcionalidad en el tratamiento de las inversiones extranjeras».

    P.: ¿El desajuste entre empresas españolas y gobiernos podría introducirse en el debate político español?

    C.M.: Eso ya sucede con el PP que le dice a Zapatero: «Estos que nos perjudican son sus amigos, sus aliados». Pero esto es en alguna medida ficticio porque es probable que Aznar hubiera seguido la misma política que hoy sigue el socialismo ante crisis como las de Bolivia. Esto no quiere decir que la diferencia retórica llegue a la campaña.

    P.: El distanciamiento con Chávez y las dificultades con la Argentina, ¿terminarán inclinando definitivamente la balanza de España a favor de Brasil?

    C.M.: Es lo que está ocurriendo, aun cuando para España nunca fue la mejor opción. Pero hay que mirar el flujo de inversiones de los últimos años y el movimiento de compañías como el Santander o Telefónica. Brasil podría convertirse para España en la puerta de América latina, en detrimento de la Argentina.
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