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El matrimonio real o presidencial resuelve mandar un salerito y un pimenterito -minúsculo- como regalo al príncipe de Asturias. Le avisan que es «poco»..., «magro». Que ya España es un país con mucho salero y sus mujeres tienen mucha pimienta. Insiste. Le aconsejan enviar dos caballos criollos y responde: «No, no y no».
Le sugirieron no invitar a Charly García a la Casa de Gobierno y menos a pulverizar el Himno con su propio himno. Se corría el riesgo de que se bajara los pantalones en el escenario o tomara droga. Lo sentó en el Sillón de Rivadavia y le prestó la lapicera con la cual él firmó 144 decretos de necesidad y urgencia... que baten los récords de Menem y Duhalde.
Charly no mostró su cola, pero rompió en pedazos la guitarra como una demostración bárbara de su amor por el instrumento musical para ejemplo de niños y adolescentes que aplaudían frenéticos.
Cuando HoracioVerbitsky o Miguel Bonasso le avisaron que había «una conspiración de locro» en el Regimiento Patricios, el señor K llamó al minúsculo ministro Pampuro y lo sacó de la cama para que junto con dos generales en actividad fueran a «espiar» la cena revolucionaria. Casi llega en calzoncillos; el ministro estaba en la cama. El Presidente se siente perseguido. Antes era «Campo de Mayo que sale», ahora es el «locro» que se come desde hace 8 años.
Miguel Bonasso y su mujer -directiva de «Canal 7» (su canal, Doña Rosa) resuelven levantar los programas culturales y en su sitio colocar una serie que se titula «Cultura cero». ¿Sería protagonizada por Torcuato Di Tella? No. A él también le bajaron el programa. Cuando se arma la bulla intelectual, desde arriba, le dan la orden de reponerlos.
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