23 de diciembre 2005 - 00:00

FMI: ni tanto ni tan poco

Imaginemos por un momento que alguien nos debe dinero, que es una persona a la cual es difícil cobrarle y que amenaza permanentemente con no pagarnos por considerar que somos detestables, los causantes de todos sus males. Que influimos en su vida negativamente, que lo perseguimos, y habla mal de nosotros frente a todo aquel que lo quiera escuchar.

Imaginemos también que ese deudor nuestro se ha empecinado en proclamar a los cuatro vientos que no sólo intentará evitar por todos los medios pagarnos la deuda, sino que además procurará convencer a otros deudores que imiten su ejemplo para que tampoco nos paguen, llegando a calificar la deuda como "ilegítima".

Ello nos colocaría en una incomodísima situación, pues a la incertidumbre de la difícil recuperación del préstamo otorgado y asumir la pérdida, se agregaría el hecho de que nos veríamos obligados a tomar alguna firme posición para evitar que otros deudores se vieran tentados a hacer lo mismo.

De repente, y de un modo insospechado ese deudor sorpresivamente no sólo proclama que ha variado de posición y que pagará nuestra deuda, sino que anuncia públicamente que la pagará anticipadamente cancelándola antes de su plazo de vencimiento. El alivio para nosotros sería inmenso, y significaría una alegría indescriptible. Nuestros dos problemas, el individual -cobro de lo debido- y el institucional -posible efecto "contagio"- estarían absolutamente resueltos.

• Cambio brusco

Cuando cualquier deudor crónico, díscolo, poco confiable e impredecible decide pagar anticipadamente alguna deuda, el éxito y la celebración corresponden exclusivamente al acreedor, que ha podido neutralizar favorablemente el altísimo riesgo al que estaba expuesto. Para el deudor, por el contrario, el hecho más bien parece ser una suerte de cambio brusco de posición, el cual, si no tiene explicación razonable alguna, no puede justificarse.

Desde ya que pagar cualquier deuda para un deudor es una forma de liberación de parte de su carga, y eso es bueno. Sin embargo, cuando ese deudor tiene una deuda de más de 127.000 millones de dólares y decide utilizar capital propio para pagar sólo 9.800 millones de dólares a un solo acreedor ( quedándose con una deuda remanente de no menos de 118.000 millones de dólares con los demás acreedores) perdiendo más de 30% de las reservas del país para afrontar sólo el pago de 8% de la deuda externa, la decisión debería seriamente fundarse en bases sólidas con claras y precisas explicaciones.

El pago adelantado al FMI sólo puede justificarse si lo que el gobierno ha hecho es ejercitar una opción favorable para el financiamiento del crecimiento y las reformas estructurales que el país necesita, enmarcado ello en un plan de gobierno de mediano y largo plazo. Y ello no parece haber ocurrido en este caso.

En primer lugar el FMI es, entre los acreedores, el más privilegiado, pues su deuda-a diferencia de lo que ha ocurrido con los acreedores particulares-no ha sufrido quita ni disminución alguna, como tampoco se le ha diferido el pago en los plazos abusivos con que se los ha postergado a los demás perjudicados por el default argentino irresponsablemente declarado a comienzos de 2002.

En segundo lugar, si bien no es cierto que el FMI es el culpable de todos nuestros males y de nuestra debacle, no es menos cierto que tampoco es alguien ajeno al mal uso que hicieron los gobiernos anteriores de los fondos recibidos, pues sus controles fueron ineficientes y negligentes, cuando no políticamente cómplices, de donde alguna porción de pérdida en su crédito debería razonablemente asumir. Para ello basta ver las iniciativas de Anne Krueger sobre reorganización de deudas de países en crisis, y las propuestas de declaraciones de "deudas odiosas" -"odious debt"- para países sobreendeudados, con que muchas propuestas mundiales promueven la revisión de las " deudas soberanas". Y ello podía haberse dado en forma directa (quita) o indirecta ( manejo de tasa y plazo) en negociaciones individuales o colectivas.

En tercer lugar, el financiamiento otorgado por el FMI, que constituye la deuda que se mantiene con el organismo es, en términos internacionales, una de las líneas de crédito más baratas a las que ha podido acceder la Argentina. Por lo cual tanto el financiamiento al que se deba recurrir para compensar la disminución de reservas, realizar ciertas inversiones indispensables en obras de infraestructura o afrontar algunos aspectos del gasto público -Lebac, BODEN, ventas de bonos al exterior, líneas de préstamos externos u otros- serán más costosas que los créditos cancelados con el FMI.

• Tapar problemas

En cuarto lugar, siendo que la Argentina mantiene aún deuda con otros organismos internacionales -por ejemplo el Banco Mundial en relación con los cuales el FMI continúa siendo una suerte de "auditor de cuentas" por revisiones periódicas Tampoco se produce el declamado efecto " liberador" de las inspecciones o de las opiniones que el denostado organismo internacional pudiera hacer públicamente respecto de la situación económica y financiera de la Argentina, así como del cumplimiento de la ley o la seguridad jurídica. Y este reporte será tomado en cuenta por los inversores privados al momento de decidir sus inversiones.

Como puede verse, este "histórico" acontecimiento, al cual algunos funcionarios cercanos al Presidente y el primer mandatario mismo intentan hacer pasar como de una gran trascendencia calificándolo hasta del " hecho del siglo", no deja de ser una mera decisión declarativa de carácter "político" que intenta tapar los problemas reales y estructurales de la Argentina que aún no tienen solución, tales como la inflación, la pobreza, el manejo del crecimiento y la ausencia de un plan estructurado de gobierno para el mediano y largo plazo.

El hecho de que la mayor parte de la dirigencia política y las encuestas ciudadanas apoyen masivamente la decisión presidencial no cambia esta situación.

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